Fahrenheit 451

Es un libro que leí hace bastante tiempo y que recuerdo que me encantó… Al comienzo de este trimestre, al decir a mis queridos alumnos los libros previstos para el segundo trimestre, me llevé la sorpresa (en parte grata) de que los que tenía previstos –La isla del tesoro y Los viajes de Ulises, este último de R. Suttcliff (no sé si me sobra una “f” o una “t”)- ya se los habían leído unos cuantos, así que tuve que revisar las lecturas recomendadas y se me encendió la bombilla de Fahrenheit 451, la historia futurista del bombero que no se dedica a apagar fuegos, sino a provocarlos, para quemar todos los libros, culpables de que todavía haya gente capaz de pensar de forma distinta.
Sin pensarlo mucho les mandé el libro… y cuando dos o tres me vinieron diciéndome que era un libro muy raro, decidí releerlo y me di cuenta de que me había pasado dos o tres pueblos: el libro es impresionante, qué duda cabe, pero por su estilo es bastante inasequible a alumnos de 2º de la ESO.
Lo digo aquí para evitar que alguno más caiga en el error (no sé de dónde saqué la idea de que era un libro para estas edades). También me he hecho el propósito de no volver a mandar un libro sin habérmelo releído previamente, aunque tengo un serio problema para encontrar libros buenos para chicos y chicas de trece o catorce años (para los de dieciséis tengo una lista de unos 170). Por favor, si alguien ha encontrado algún buen libro para estas edades que lo diga, que me estoy repensando los libros del tercer trimestre.

Anuncios

“Me apunto a repetir”

Ayer, por fin, fuimos de visita al Centro de Esclerosis múltiple que hay en el barrio (y creo que es el único de esas características no sólo del barrio, sino de España).
Me habían dicho en el centro, en un principio, que no fuésemos más de cinco o seis, pero yo les dije que también iríamos algunos profesores y que quizá podríamos ser más, como unos diez. Al final, mediante la política de hechos consumados, nos presentamos quince alumnos de mi tutoría y cuatro profesores… y muchos más se habrían apuntado, pero les tuve que decir que habría otras ocasiones. La verdad es que da gusto, porque de los que fueron la inmensa mayoría estaban dispuestos a ir a pesar de que al día siguiente había examen de física: en cuanto vi que estaban a punto de echárseme atrás les recordé que no se trataba de dedicar parte del tiempo que nos “sobraba”, sino de renunciar a nuestro “valioso” tiempo y que el examen de física era un problema muchísimo menor que el que padece cualquiera de los enfermos de esclerosis. Y estuvieron de acuerdo y demostraron que son solidarios de verdad, no de ratos libres… Afortunadamente, el profesor de física también fue solidario y les cambió el examen para el martes (he de reconocer que yo nunca habría llegado a tanta solidaridad).
Nos presentamos en el centro a las cinco de la tarde y nos recibieron tres de los animadores socioculturales. Uno de ellos, antes de que entrásemos en contacto directo con los enfermos, nos explicó en qué consistía la esclerosis y nos aclaró que teníamos que tratar a los enfermos como personas normales… porque son personas normales.
Salieron unos diez enfermos, la mayoría en silla de ruedas, salvo dos que todavía andan por su propio pie. La capa de hielo del principio era demasiado gruesa y nadie se decidía a empezar a empujar alguna silla. Hicimos grupos de dos o tres alumnos con cada enfermo y nos dirigimos al parque que hay cerca del centro.
A los cinco minutos, del hielo no quedaba ni el vapor y empezaron a animarse las conversaciones. El tiempo pasó volando. Se veía que los enfermos disfrutaban y se veía que nosotros disfrutábamos más todavía. Es una de las curiosas paradojas del ser humano: el que da siempre acaba recibiendo mucho más. Una vez más uno comprueba lo cierta que es aquello de que “el hombre es un ser para el otro”.
Cuando volvimos del paseo, nos costó despedirnos no de los enfermos, sino de Lucas, de Fran, de Marisol, de Ángeles, de Antonio, de Charo, de Rocío, de Paco… Hemos quedado en que haremos la actividad cada quince días y hemos prometido que seremos menos (ya veremos).
Quizá el mejor resumen sean los comentarios que me han dejado en la página del Instituto algunos de los alumnos que participaron en el paseo (respeto las grafías de los originales):

“La visita al Centro ha sido genial me apunto a repetir. Al principio daba un poco de palo, pero al final he llegado a casa dando saltitos”.
“¡¡Que guay la visita!! ¡YO REPITO!”
“SIII!!!!!!!HA ESTADO MUY BIEN!!!!los que no han ido deben de estar arrepintiéndose porque ha sido muy bonito”

YO TAMBIÉN REPITO.
(A ver si les pido permiso y cuelgo aquí alguna foto)

El milagro de la lectura

Todo el que se dedique a la enseñanza sabe que el viernes es un día difícil y alborotador y también sabe que hay unos grupos más difíciles que otros. Uno de esos grupos lo tengo el viernes, casi a última hora, pero como me gustan las emociones fuertes, decidí experimentar.
Se trata de un grupo de 2º de la ESO un tanto especial, lleno de gente maja, pero con ciertas dificultades de aprendizaje y, curiosamente, de concentración. Así que, desde hace un par de semanas hemos empezado a dedicar los viernes a lectura silenciosa: cada uno del libro que haya elegido.
El primer viernes llegué a clase con toda mi ilusión… y me llevé un chasco porque tan sólo la mitad se habían traído un libro. Les dejé en clase bajo amenaza de terremoto si volvía y me los encontraba agitados, fui hasta el departamento y tomé siete u ocho libros.
Volví a clase y comprobé que la amenaza había surtido efecto: aunque habían cerrado la puerta que yo había dejado abierta, cada uno estaba en su sitio.
Repartí los libros y tardé cerca de diez minutos en conseguir que cada uno se centrase en el suyo y no dijese la primera parida que le viniese a la boca (porque ése es uno de los grandes problemas, dicen lo primero que se les viene a la boca sin pasarlo antes por el cerebro). Pero, por fin, cada uno se puso a leer su libro… y entonces se produjo el milagro: cerca de media hora de clase de silencio sepulcral. Bueno, no, mentira, no era un silencio sepulcral, sino un silencio muy vivo, porque cada uno estaba metido hasta el fondo en el libro que tenía delante. Claro que los milagros son milagros por lo excepcional y lo poco frecuente, así que no sé cuánto durará el milagro de la lectura.

Ya está aquí el decimo tercero

El pasado día 13 nació Ignacio que hace el número 13 de mis sobrinillos (todavía en diminutivo porque recuerdo que el mayor de todos sólo tiene cinco años). Y es una alegría tenerle por aquí, una alegría que no ha estado exenta de dolor y si no que se lo pregunten a la pobre madre, a la que se le juntó el parto con un cólico nefrítico.
Estuvo a punto de llamarse Eduardo, pero al final se han inclinado por Ignacio y no me importa porque casi prefiero seguir siendo el único Eduardo de la familia (la oveja negra), aunque Eduardo es un nombre mucho más bonito, qué duda cabe.
Creo que ya he dicho en otro lugar que cuando nació el primero de mis sobrinos le escribí una poesía, cuando nació el segundo le escribí otra y otra para el tercero y para el cuarto y para el quinto y para el sexto y para el séptimo… pero cuando llegó Juan, hace año y medio, me pilló en el mal momento de las oposiciones y desde entonces se me han ido acumulando unas cuantas poesías pendientes (seis con ésta si no me equivoco) y voy a tener que llamar a “telemusa” para solucionar el problema, porque además todos se piensan que escribo poesías como churros y si bien es cierto que son bastante churros de poesía, me cuestan un montón porque la de la poesía es una de las muchas gracias que el cielo decidió no darme…
Ahora que lo recuerdo, todo esto sí que lo había escrito ya antes, porque alguien me pidió en un comentario que pusiese alguna de esas poesías: fui a revisarlas, dispuesto a poner aquí una yal final no puse ninguna porque me entró una vergüenza terrible al releerlas: eran poesías muy de andar por casa, sólo inteligibles para quien saba de qué va la fiesta y un tanto “cursis”. Bueno, pues si eso ya me pongo un día y a ver si salen.

Errare umanum hest (III)

img {border: 0;}img.imgizqda {float: left; margin: 0 14px 6px 0;}img.imgdcha {float: right; margin: 6px 6px 6px 11px;}img.imgcen {margin: 0 50px 0px 50px;}object {display: block; width: 425px; height: 350px; background: #ffc; border: 1px dotted #ccc; margin: 0 auto;}p {margin:2px 0; padding:0;}xfalsÉsÉsta es una sección del blog que tenía algo abandonada, no tanto por falta de material como por olvido. Pero un comentario reciente de Cristian (efectivamente, el “herror” en el título no era casual), me ha hecho recordarla.
Después de llorar desconsoladamente ante las afirmaciones del informe PISA les pregunté a mis alumnos si a ellos alguien les había hecho alguna encuesta o algo parecido para tal informe y como me respondieron que no, me quedé más tranquilo. Sin embargo, tengo que reconocer que entre mis alumnos hay algunos auténticos genios, capaces de decir la mayor burrada con la mayor tranquilidad. A lo mejor mi escándalo es farisaico y en realidad son equivocaciones la mar de comprensibles… No sé. Juzgad vosotros mismos (entre paréntesis y en cursiva mis comentarios, aunque mordaces llenos de cariño):

-Tronco: parte marron recta del árbol por la que pasa el agua a las hojas (o sea, que cuando se ven gotas de agua en las hojas no es que haya llovido, es que el tronco ya está a reventar de agua).
-El pícaro va cambiando de amo y de lugar o de ambas cosas (o quizá lo que haga es cambiar de lugar y de amo y de ambas cosas o de las dos cosas).
-Sustantivos: palabra que sirve para sustantivar al nombre (como su propio sustantivo indica).
-Que: pronombre irracional (ya me parecía a mí que el “que” no andaba muy bien de la azotea).
-El sujeto es donde no está el verbo en una frase. El sujeto tiene que estar concordando con el verbo en número y estado (masculino, femenino) (pues sí que es fácil encontrar el sujeto: basta con no poner el verbo y lo demás será el sujeto. Lo que ya no parece tan fácil es concordar el verbo con el sujeto en estado masculino o estado femenino, quizá sería más fácil concordarlo en soltero o casado).

A la pregunta sobre la historia del catalán se pueden encontrar estas peregrinas respuestas:
– En los años que estaba Franco como rey de España, estaba prohibido hablar y escribir en catalán (ya se sabe que Franco I de España y V de Alemania siempre tuvo mucha tirria a los catalanes).
-El catalán es una lengua muy antigua es derivada del latín lo que pasa es que en España solo se habla en algunas regiones: Cataluña, País Vasco (efectivamente, es una pena que una lengua tan antigua sólo la hablen los vascos y los catalanes).
-La historia del catalán es: es una lengua procedente del latín se habla en Cataluña. Surgio en el año (Esto es brevedad y lo demás tonterías: a buen, pocas).
-En el año 1758 se creó una constitución que aprobo las leyes de hablar catalan en Cataluña (da la impresión de que se hizo toda una constitución para que se pudiese hablar catalán. Por lo menos en el año de la constitución ha obtenido el reintegro).

Otro terreno abonado para las meteduras de pata es el de las tildes diacríticas. La pregunta consistía en poner las tildes diacríticas necesarias en las siguientes frases y explicar por qué se pone o no la tilde:
“No se como decirte lo que pienso”.
-Sé: de negación. (¿Vas a venir?: ¿sí o sé?)
-Como: no lleva porque es de cantidad. (¿Cuánto me quieres? Te quiero como).
“No da mas de si”.
-Sí: lleva tilde porque es del verbo ser (¿yo soy, tú eres, él sí? ¡Sí tú mismo!).
-Sí: lleva tilde porque es pronombre afirmativo (que sustituye a una persona muy optimista, pero que después del examen, quizá está de bajón y por eso no da más de sí).

Las prisas también hacen cometer “haveces” errores inesperados, como poner “ardervio” por “adverbio”, pero tampoco vamos a exagerar ni a dramatizar, porque un herror lo tiene cualquiera.

Página 731

Alzadas las velas, Ahab largó la cuerda destinada a izarlo
hasta el mastelerillo del palo mayor, y poco después subía en el aire.
Apenas había hecho dos tercios del camino cuando, mirando a través de
la abertura horizontal que existe entre la gavia y el juanete, lanzó un
grito como de gaviota:
-¡Allá está! ¡El chorro! ¡Una giba como una montaña de nieve! ¡Es Moby
Dick!
Enardecidos por el grito, que los tres vigías parecieron corear casi al
instante, los hombres de cubierta corrieron al cordaje para ver a la
famosa ballena perseguida durante tanto tiempo.

Así que aquí os dejo que me voy a leer.
Es curioso cómo, a pesar de lo desagradable que es Ahab, uno no puede dejar de sentir cierta simpatía por él, quizá compasión (en el fondo, si nos ponemos filológicos, simpatía y compasión vienen a ser lo mismo): es consciente de que está atrapado por un terrible destino y lo afronta aunque ello suponga poner en peligro a toda su tripulación o dejar de ayudar a algún barco que le suplica ayuda. Antes de el avistamiento de la ballena ha habido un par de capítulos realmente conmovedores.
Lo dicho, me voy a leer, antes de que Moby Dick vuelva a perderse de vista.

Ya estamos aquí otra vez

¡Qué ganas de ponerme a escribir y llenar todo de tópicos sin necesidad de pensar mucho!: ya han empezado otra vez las clases y parece que fue ayer cuando nos dieron las vacaciones, aquí otra vez, qué cortas se me han hecho (y uno piensa, estremecido, en todos los que apenas han disfrutado de un par de días o menos), qué bien se te ve, cuánto tiempo, ánimo que este trimestre es cortito, felizañoigualmente, por dónde has andado, pues poca cosa, la verdad,… Pero los efectos de unas reparadoras vacaciones sí que se notan, más sonrisas, las alegrías de los reencuentros, las ganas de cambiar y de hacer las cosas como hay que hacerlas… Quizá tendríamos que empezar con el mismo empeño todos los lunes: qué tal, cuánto tiempo, feliz semana…

ps: página 703 y de Moby Dick todavía no hay el menor rastro, pero la locura de Ahab va en aumento.

Moby Dick: una pesada ballena

Poco a poco, uno se siente en la obligación de ir leyendo los grandes clásicos de la literatura que le faltan y entre esos libros pendientes estaba Moby Dick, de Herman Melville, así que me embarqué hace ya más de un mes en la aventura y ahí sigo. Y como en toda larga travesía (tiene sus buenas 767 páginas) hay momentos de calma, momentos de angustia y momentos de zozobra.
Vaya por delante que el libro me está gustando y me está descubriendo el apasionante mundo de las ballenas y de la caza de ballenas, pero voy por la página 599 y de Moby Dick ha salido poco más que el nombre. Eso sí, estoy muy puesto en los distintos tipos de ballenas que existen (desde la de Groenlandia hasta el cachalote, pasando por la yubarta, la jorobada, la orca, el narval y muchas ballenas más), en sus características anatómicas y morfológicas, en el mecanismo de caza, en el proceso de descuartización y aprovechamiento de cada parte de la ballena… Es sorprendente la capacidad de Mellville para las descripciones, tanto de cetáceos como de humanos y cómo es capaz de llegar desde lo exterior a lo más profundo (de unos y otros, claro), así que sigo embarcado, esperando que llegue de un momento a otro la lucha terrible entre dos inteligencias tan misteriosas como transtornadas: la del capitán Ahab y la de Moby Dick.

Feliz entrada y salida de año

Aunque con un poco de retraso, porque a estas alturas quien más quien menos, ya habrá salido del 2007 y habrá entrado en el 2008, os deseo a cuantos pasáis por aquí (aunque sólo sea por casualidad o buscando Cometas en el cielo que es la búsqueda que más visitas me proporciona) un feliz 2008, lleno de alegrías e ilusiones… y también con su tantito de dificultades, porque me parece que desear un año sin problemas es como desear un año lleno de días de sol y sin una gota de lluvia y a pesar de que la lluvia a menudo resulte molesta es del todo necesaria para la vida, como las dificultades, porque el problema no es que haya dificultades, sino que las dificultades nos ahoguen… Mierda, ya se ve que últimamente me da por ponerme demasiado filosófico y además con filosofía barata, si yo sólo me había metido aquí para desear un feliz año a todo el mundo…