Carta a Lucía

No sé por qué, el otro día me acordé de la teoría de los seis grados, que viene a decir, si no la entiendo mal, que a través de conocidos puedo llegar a cualquier persona del planeta con menos de cinco intermediarios. Y he pensado que entre Lucía Figar y yo no debe de haber más de uno o dos intermediarios. Es decir, que seguro que conozco a alguien que conoce a alguien que conoce a Lucía personalmente. Y hace tiempo que me gustaría hablar con ella y decirle lo que está pasando, porque quiero pensar que todo este conflicto que se ha montado en la educación se podría desmontar con un poco de sentido común (ingenuo que es uno).
De todos modos, como entiendo que la agenda de Lucía estará bastante completita y como la mía tampoco anda escasa, creo que le escribiré una carta.
El primer problema está en el encabezado: ¿”Querida Lucía”? En este momento, me temo que no puedo escribir algo así. ¿”Estimada Lucía”? Quizá tampoco refleje bien mi sentimiento actual, pero es más aceptable, entra dentro del formalismo habitual y no quiero que en mi carta esté ausente la cortesía. Si le escribo no es para lanzar insultos, descalificaciones o amenazas, sino porque considero que, por las razones que sea, hay puntos importantes que no ha tenido en cuenta.
Sí, creo que me voy a inclinar por lo de “Estimada Lucía”.
El siguiente problema es el tratamiento: ¿de tú o de usted? Como no la conozco y tiene un cargo de responsabilidad pública quizá lo más adecuado sea el usted, pero como el usted es más distante y como me gustaría que mi carta fuese en realidad la de alguien que la conoce bien y se atreve a decirle con confianza lo que de verdad piensa, creo que me voy a inclinar por el tú.
Al empezar la carta, trataría de ponerme en su lugar, porque no creo que toda esta marea verde sea plato de buen gusto…

Estimada Lucía:
Me imagino que durante los últimos meses te estás enfrentando a uno de los momentos más difíciles de tu carrera política. Nunca es agradable tomar medidas impopulares y convertirse en el centro de la indignación de tanta gente. Y será inevitable que te preguntes si realmente estás haciendo lo correcto. O tal vez te cueste entender a qué viene tanta algarabía cuando otras personas han tomado otras medidas más desagradables, como la de bajar el sueldo a los funcionarios, y esa medida no ha tenido mayores consecuencias. ¿Se tratará tal vez de una fiera animadversión hacia tu persona y hacia el partido político que representas? Sin duda en muchos casos será así, pero, también sin duda, en otros muchos casos no.

No sé si es un buen comienzo. Antes hablaba de su apretada agenda y ahora me ando con tanto circunloquio que me temo que no llegue a leer la cuarta línea, quizá tengo que ir al grano, explicarle cómo me afectan a mí, a mis compañeros, a mis alumnos y a mi instituto las famosas instrucciones de principio de curso…

Creo que no logras entender por qué los profesores se ponen en pie de guerra cuando en realidad lo que se les está pidiendo está dentro de la ley. En la ley se dice de forma muy clara que los profesores pueden dar entre 18 y 21 horas lectivas y habéis decidido que todos demos 20, de forma que se consiga un ahorro de 80 millones de euros según vuestros cálculos… Así visto, de primeras, a mí también me parece una idea fantástica. Y es que el papel lo aguanta todo. El problema es cuando luego tratas de aplicar eso en un instituto concreto. Si, pongamos por ejemplo, en el departamento de Lengua había el curso pasado 10 profesores que daban 180 horas (18 cada uno), este año hay 9 profesores que dan 180 horas (20 cada uno). Hasta aquí todo sigue siendo fantástico. El problema es que el único departamento que suele llegar a los 10 profesores es el de Lengua. En los demás departamentos comienzan los desajustes: si en el de Inglés había seis profesores y ahora hay cinco, han pasado de 108 horas a 100; es decir, han perdido 8 horas. ¿Y cómo solucionamos esas 8 horas que hay que seguir dando? Pues caben dos posibilidades: una es eliminar algo (desdobles o refuerzos o prácticas de laboratorio o recuperación de pendientes, según sea el caso) y la otra es buscar otro profesor de otro departamento que se encargue de impartir las horas que faltan. Aquí aparecen las famosas afines. Porque los departamentos con pocos profesores, no pueden perder plazas. Si el departamento de Educación Plástica y Visual mantiene los tres profesores del curso anterior, en lugar de dar 54 horas dará 60 y el problema es encontrar a qué puede dedicar las seis horas que les sobran.
Sin embargo, no es este el único problema. Según la ley, los profesores deben permanecer en el centro 27 horas, de 18 a 20 lectivas y el resto complementarias, pero por cada hora lectiva que pase de las 18 horas los profesores tienen lo que se llama dos horas de compensación lectivas (CHL). Por tanto, en lugar de tener 7 horas para actividades complementarias (reuniones de departamento o de tutores, guardias, preparación de prácticas de laboratorio, representación en el Consejo Escolar, programas educativos propios del centro, etc.), tienen 3 y resulta que no quedan profesores suficientes para hacer las guardias o para atender la biblioteca… Para solucionarlo, se han dado instrucciones de que en lugar de dos CHL, solo haya una por cada hora de más, y una serie de cambalaches que tampoco vienen muy a cuento porque me imagino que los conocerás bien.

No sé, tal vez estoy cayendo en lo obvio, seguro que a Lucía ya le ha hecho ver esto algún colaborador cercano. Incluso me consta que conoce el caso de primera mano: una vez que había empezado el curso y que teníamos el departamento completo siguiendo las nuevas instrucciones, llegó N., una compañera nueva, y nos llenó de alegría: menos mal, parece que empiezan a entrar en razón, así podremos desdoblar el primero de Bachillerato que tiene 40 alumnos y desdoblar algún otro curso, aunque como los horarios ya estaban hechos no ha sido posible desdoblar los cursos que más lo necesitaban, sino los que podían cuadrar… Pero se me vino el mundo encima cuando me enteré de que N. había acabado en mi instituto no para subsanar carencias, sino como represalia: a pesar de sus protestas, había empezado el curso en un instituto de Alcalá de Henares dando Lengua… y Francés, idioma del que no tiene ni idea. Intentó renunciar a la plaza, pedir una permuta, pero le dijeron que eso era imposible… Contó su caso al periódico 20 minutos y al día siguiente la directora la llamó a su despacho para que firmase una carta en la que reconociera que había aceptado voluntariamente dar Francés. No la firmó y la llamó a su despacho el subdirector del Área Territorial… A los dos días la habían trasladado a mi centro. Y como resulta que nosotros estábamos completos, la única explicación que se me ocurre para justificar que haya acabado en mi instituto y no en otro es que en algún sitio consideran a mi instituto como centro de castigo…
Pero todo esto no se lo mencionaré a Lucía en la carta, no quiero que pierda el tono conciliador. Claro que a lo mejor sí le tendría que hablar de T., que llegó esta semana para sustituir a una compañera que está de baja. Resulta que T. sacó la plaza en las últimas oposiciones y en lugar de adjudicarle un destino está de sustitución en sustitución.

Otro problema más es que la justificación que nos dio tu compañera Esperanza Aguirre por carta…

(lo de las faltas ni lo menciono, que no es este el momento)

…es que de esta forma se podrían ahorrar 80 millones de euros que se podrían utilizar para mantener otros programas. Y creo que todos nos preguntamos si esos 80 millones de euros no se podrían haber quitado de otro lado. Además, como a la vez se dio a conocer lo de la desgravación por gastos en educación por la que, según algunos cálculos, la Comunidad de Madrid dejará de ingresar cerca de 80 millones, pues resulta que da la sensación de que el problema no es exactamente el dinero. Yo he de decir que a mí me parece estupendo que la gente se pueda desgravar por los gastos que supone la educación de sus hijos y que me parece fantástico que los padres puedan decidir dónde envían a sus hijos a estudiar. Yo estudié en un colegio concertado, después he dado clases durante diez años en un privado y ahora llevo seis en la pública… Y puedo decir que no me parecen tan distintos y que es falsa la idea de que los que van a un colegio privado es porque se les cae el dinero por las orejas: conocí a muchas familias que hacían verdaderos sacrificios por llevar a sus hijos al colegio que consideraban mejor. Porque esas familias tenían muy claro que el gasto en educación es, ante todo, la mejor inversión que pueden hacer.
Lo que ya entiendo menos es que no se apueste decididamente por una escuela pública de calidad, pues la escuela pública es la que garantiza la igualdad de oportunidades para todos. Y más allá de planteamientos ideológicos o pedagógicos, lo que no entiendo de ninguna de las maneras es que dos meses después de que haya empezado el curso no te hayas sentado a hablar con los representantes de los profesores para saber de qué nos quejamos. He vuelto a oír a Esperanza que nos oponemos al aumento de nuestro horario lectivo… Y eso no es cierto. Ningún profesor se ha quejado de que tenga que dar dos horas más, aunque a ninguno nos hace gracia, porque dos horas más no consisten en que al mismo grupo de alumnos les amplío el horario que dedico a una misma materia, sino que supone que tengo que impartir una materia nueva en un grupo nuevo, con unos 25 alumnos nuevos y sus correspondientes problemas, exámenes, correcciones, preparación de clases, etc. Pero si hay que asumir eso, se asume.

Puff, creo que la carta se me empieza a hacer demasiado larga y se me empieza a ir de las manos y eso que ni siquiera he mencionado el problema de los profesores con plaza que todavía no tenían destino después de un mes de haber empezado el curso, como la mujer de un compañero, a la que al final le ofrecieron una media jornada, igual que a todos los que habían llamado para ese día, y como ninguno quiso aceptar la media jornada, pues eso supone la mitad de sueldo y se trata de puestos voluntarios, al final “reconvirtieron” esas medias jornadas a jornadas completas. Ni he hablado del caso de J., el profesor de griego, que después de más de veinte años se ha visto desplazado de su centro, y ha acabado más bien lejos de su casa… O el de G., que todos los días se hace 100 km para llegar al Instituto porque en su zona no había ninguna posibilidad de que tuviera plaza y después han dado un par de vacantes al lado de su casa… Pero creo que tengo que ir acabando. Voy a intentar explicarle por qué sí he hecho huelga, aunque había dejado de hacer las últimas.

No sé, Lucía, ¿no te has llegado a preguntar por qué los profesores han hecho más de ocho días de huelga a pesar de que pierden cerca de cien euros por día y a pesar de que perjudican a sus alumnos y a sus familias? Y, además, ¡no piden un aumento de sueldo!

Qué ganas me dan de incluir aquí lo ruin que me pareció, el enviar la nómina del mes pasado con una semana de antelación con respecto a lo que se hace todos los meses y que en la nómina se incluyesen los descuentos de las huelgas y no se incluyesen los honorarios que ahora conlleva la labor de tutor o de jefe de departamento.

Pues los profesores hacen huelga porque quieren que les escuches. Y, aunque te cueste creerlo, te aseguro que conozco a unos cuantos profesores que votan a tu partido y que están haciendo huelga. ¿Por qué no abres la mesa de negociación para saber lo que de verdad queremos? ¿En serio crees que nuestro problema es dar dos horas más de clase?
Te propongo una solución al conflicto: mantén las 20 horas lectivas por profesor, pero mantén también los cupos de cada instituto de acuerdo a los criterios del curso pasado. Es decir, cada profesor tendrá que hacer menos horas complementarias (la mayoría preferimos dar clase de nuestra materia a hacer guardias) y se podrán hacer mayor número de desdobles, refuerzos y otro tipo de actividades que vayan directamente encaminados a la mejora de la enseñanza pública. Si haces esto y los profesores se siguen quejando demostrarás, efectivamente, que los problemas eran las dos horas más y no los 1.700 profesores menos.
Me resisto a creer que no creáis en la escuela pública, que no queráis luchar por su dignificación y su mejora, que os empeñéis en manteneros en vuestro enrocamiento y que no busquéis una solución. Se me escapa qué ganáis con todo ello y sí que veo todo lo que perdéis y todo lo que pierde la sociedad.

¿Me estoy poniendo un tanto melodramático? Me temo que es lo que tiene el escribir dejándose llevar por el corazón sin releer apenas lo escrito. Para no dramatizar más, no le diré que yo no soy ni representante de la ceja, ni he pertenecido en mi vida a un sindicato, ni estuve agrediendo a peregrinos durante la JMJ, ni tantas otras cosas. Soy un profesor que, como tantos otros, ve que el ambiente se ha enrarecido, que da igual que secunde o no la huelga, porque los alumnos no van a clase esos días, que la gente ha perdido ilusión por involucrarse en la mejora de los centros, que el pesimismo y la desesperación son muy contagiosos y que me gustaría que todo esto se acabase ya, que se avisase de que se va a dar marcha atrás en el curso que viene y que de todo esto saliese algo positivo: de hecho, nunca he visto a los profesores tan unidos y tan dispuestos a luchar juntos. Ojalá tanta marea verde se convierta en una auténtica marea de esperanza. Creo que le he dicho solo la mitad de las cosas que pensaba decirle, pero si tiene alguna duda estaré encantado en resolvérsela.

En fin, Lucía, en cuanto encuentre al conocido que conozca a quien te conoce, te envío esta carta. Recibe un cordial saludo y gracias por haber leído hasta aquí,

Eduardo Ares
Profesor de Lengua Castellana y Literatura
IES Anselmo Lorenzo

El vigésimo quinto

Lo  sé, tengo el blog muy abandonado, pero hace dos días escribí una entrada y hoy cuando he ido a escribir otra he comprobado con horror que la anterior no se había publicado y cuando he ido angustiado a “borradores” he comprobado con estupor que lo único que quedaba era el título… Y es una lástima, porque era una de las mejores entradas que había escrito nunca y ahora me siento incapaz de rehacerla… Vale, quizá no era tan buena, pero eso ya solo podré saberlo yo. Aquí va de nuevo (y tal vez tendría que hacer caso de una vez a quien me recomendó que escribiese primero las entradas en un procesador de textos).

El domingo pasado, con un día de antelación y doscientos gramos más de los previstos (esta vez he sido el que ha estado más cerca de ganar la porra) llegó al mundo Guille II, el vigésimo quinto de mis sobrinos, y como empecé el blog hace más de cinco años ya debo de llevar diecitantas entradas parecidas a esta y me da miedo releerlas porque mucho me temo que redescubriré que no soy muy original, aunque tampoco me importa no serlo, lo que me importa es seguir disfrutando de tanto sobrino.

Con frecuencia, cuando comento que tengo veinticinco sobrinos quien me escucha se suele quedar ojiplático y algo escandalizado… ¿Pero cuántos hermanos tienes? Siete, y la mayoría de ellos ya ha entrado de lleno en la familia numerosa. Claro que también hay reacciones como la de V.: “¡Qué bien, alguien más a quien querer!”.

Y la verdad es que este año ha sido fecundo: han llegado cinco sobrinos y otro se quedó en camino. Pero después del nacimiento de Guille se ha acabado la continua espera del siguiente… Aunque la calma ha durado poco: a los dos días recibí un mensaje de C.: “¿Serán 11 o 16?”. Cada vez que me llega un mensaje críptico de alguno de mis hermanos ya sé por dónde van los tiros y eso facilita la interpretación, a pesar de que a algunos les sigue costando enterarse. Como de los 25 sobrinos 10 son chicas y 15 chicos… Esta vez estoy convencido de que serán 11.

También es inevitable que alguien me recuerde que debo unas cuantas poesías, porque cuando nació el primero tuve la feliz idea de escribirle unos versos e hice lo mismo con el segundo, el tercero… Creo que llegué hasta el sexto o séptimo, pero el nacimiento de uno me pilló en plena oposición y retrasé la poesía… hasta ahora. Cualquier día me pongo y con un poco de suerte acabo publicando un libro: Poesías para sobrinos. Si este propósito es tan eficaz como el de actualizar el blog con frecuencia, lo llevamos claro.

Aquí seguimos

Aunque no lo parezca, aquí seguimos, innmersos en una de esas múltiples crisis en las que el blog desaparece. Y aquí llego, por lo menos para dejar constancia de que estoy vivo y para hacer un nuevo propósito de enmienda y empeñarme en actualizar un poco más a menudo, más que nada porque, a pesar de todo, sigue habiendo gente que se empeña un día y otro en ver si he actualizado.

Claro que no sé si es mejor mantener el mutismo o actualizar con una entrada tan patética. Mañana (que espero que no sea el mes que viene), más.