FINAL DE CURSO

Lo sé, lamentable. He vuelto a mis peores registros de casi veinte días sin escribir y esta vez creo que ni siquera es excusa la intensidad del final de curso. Aunque para intensidad lo que se me viene encima: dentro de cuatro horas (es decir, a las tres de la madrugada) pondré rumbo a San Martín de la Vega para poner rumbo a Roma con 49 alumnos y dos profes más.

Prometo noticias a la vuelta… si es que vuelvo.

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La vigésimo tercera

Mis sobrinos siguen naciendo con mayor frecuencia que las entradas en este blog. Hace ya una semana que llegó Marta, que es la vigésimo tercera y que si la sumo a padres, hermanos, hermanas, cuñados, cuñadas sobrinas y sobrinos es la cuadragésima… Así que juntarnos todos empieza a ser un pelín complicado. Sin ir más lejos, este fin de semana solo pudimos reunirnos treinta y dos… Y estoy convencido de que tanto primo y tanta prima tienen que ayudar a desarrollar la memoria y cuando se tengan que aprender la lista de los reyes godos (bueno, creo que eso era antes, yo, por lo menos, nunca la estudié) o cualquier otro asunto, se lo aprenderán sin problemas. De momento, A., a punto de sus dos años, es capaz de decirte el nombre de casi todos si vas enseñándole las fotos.

Lo que no hubo esta vez, por unos cuantos gramos, fue jamón, a pesar de que el padre de la criatura intentó convencer a la matrona de que medio kilo arriba o abajo no iba a ninguna parte y que, a lo mejor, ella podría disfrutar también de parte del premio.

El día en que me ponga a retomar la vieja costumbre de escribir una poesía por nacimiento, tendré un poemario completo… De momento, la cosa se tranquiliza y la vigésimo cuarta no llega hasta dentro de tres meses.