Conversaciones de subida

-¡Qué gran invento los ascensores!
-Pues la verdad es que sí.
-…
-Claro, que si no hubiera ascensores estaríamos más en forma porque subiríamos las escaleras andando.
-Tampoco te creas, porque los edificios no serían tan altos.
-Esto también es verdad.
-Bueno, hasta luego.
-Hasta mañana.

Vivo en un 8º de un bloque de catorce pisos y a pesar de utilizar el ascensor con frecuencia todavía estoy muy lejos de dominar el arte de la conversación ascensoril. Me resulta muy difícil iniciar una conversación y ya se ve, por el ejemplo, que tampoco soy un genio continuándolas. Sin embargo, agradezco a los vecinos el esfuerzo que hacen por sacar cualquier tema, que siempre es mejor que estar medio minuto callados mirando cada uno hacia sus zapatos y jugueteando con las llaves para acabar con una efusiva y previsible despedida.

PS: Hoy, aunque sea con la anciana de 89 años del 5º, saco la conversación del partido del Madrid.

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El vigésimo segundo

O hace demasiado tiempo que no actualizo el blog o tengo muchos sobrinos últimamente… O quizá las dos cosas juntas. El caso es que el pasado 8 de abril, con 1350 gramos de peso apareció por aquí Pablo, el tercer hijo de mi hermana pequeña. Y ya se sabe que en los nacimientos hace tiempo que desapareció la incógnita de si sería niño o niña. Lo que no es tan fácil de saber es en qué día va a nacer y cuánto va a pesar. Por eso, en mi familia hacemos una “porra”: uno apunta con antelación la fecha de nacimiento y el peso que tendrá la nueva criatura y, si acierta, tiene premio: un jamón.

Lo del jamón es más o menos decorativo, porque después de una larga experiencia en “porras” de este tipo ya estábamos bastante desanimados, hasta el punto de que mi padre, principal organizador, se ha sentido magnánimo y ha concedido que el peso pueda tener un error de 50 gramos arriba o abajo. Lo que no quita para que siguiésemos pensando que era más fácil ganar la primitiva.

Sin embargo, con Pablo ha habido pleno… Lo que pasa es que quien ha acertado ha sido su propia madre y eso da paso a algunas suspicacias: ¿no se habrá estado controlando para que el chaval coja ese peso y justo cuando ya lo tenía lo ha nacido? O quizá haya falsificado la ficha con los datos. O, más probable todavía, a lo mejor ha acertado sin más ni más (ni siquiera con gramo arriba o abajo). A disfrutar del jamón toca… y del infante, claro.