¡FELIZ NOCHE!

Lo sé, tal vez no te guste la Navidad y te agobie la Nochebuena. Pero, a pesar de las luces, del derroche, de los regalos desmedidos, de que quizá tú pienses que no tienes nada que celebrar… ¡FELIZ NOCHE! Porque, como creo que he repetido desde hace unos cuantos años cada día en esta fecha, la historia de la Navidad es tan hermosa y sencilla como desconcertante:

“En aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, para que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y cuando ellos se encontraban allí, le llegó la hora del parto, y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento”. (Lucas 2, 1-7)

Así que te dejo aquí unos fantásticos villancicos de Lope de Vega para celebrarlo:

1

La Niña a quien dijo el Ángel
que estaba de gracia llena,
cuando de ser de Dios madre
le trujo tan altas nuevas,

ya le mira en un pesebre,
llorando lágrimas tiernas,
que obligándose a ser hombre,
también se obliga a sus penas.

¿Qué tenéis, dulce Jesús?,
le dice la Niña bella;
¿tan presto sentís mis ojos
el dolor de mi pobreza?

Yo no tengo otros palacios
en que recibiros pueda,
sino mis brazos y pechos,
que os regalan y sustentan.

No puedo más, amor mío,
porque si yo más pudiera,
vos sabéis que vuestros cielos
envidiaran mi riqueza.

El niño recién nacido
no mueve la pura lengua,
aunque es la sabiduría
de su eterno Padre inmensa.

Mas revelándole al alma
de la Virgen la respuesta,
cubrió de sueño en sus brazos
blandamente sus estrellas.

Ella entonces desatando
la voz regalada y tierna,
así tuvo a su armonía
la de los cielos suspensa.

Pues andáis en las palmas,
Ángeles santos,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

Palmas de Belén
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto.

No le hagáis ruido,
corred más paso,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

El niño divino,
que está cansado
de llorar en la tierra
por su descanso,

sosegar quiere un poco
del tierno llanto,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

Rigurosos yelos
le están cercando,
ya veis que no tengo
con qué guardarlo.

Ángeles divinos
que vais volando,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.

 

2

Nace el alba clara,
la noche pisa,
del cielo la risa
su paz declara;
el tiempo se para
por sólo vella,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Para ser señora
del cielo, levanta
esta niña santa
su luz aurora;
él canta, ella llora
divinas perlas,
desterrando la noche
de nuestras penas.

Aquella luz pura
del Sol procede,
porque cuanto puede
le da hermosura;
el alba segura
que viene cerca,
desterrando la noche
de nuestras penas.

3

Las pajas del pesebre,
niño de Belén,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

Lloráis entre las pajas
de frío que tenéis,
hermoso niño mío,
y de calor también.

Dormid, cordero santo,
mi vida, no lloréis,
que si os escucha el lobo,
vendrá por vos, mi bien.

Dormid entre las pajas,
que aunque frías las veis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

Las que para abrigaros
tan blandas hoy se ven
serán mañana espinas
en corona cruel.

Mas no quiero deciros,
aunque vos lo sabéis,
palabras de pesar
en días de placer.

Que aunque tan grandes deudas
en paja cobréis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

Dejad el tierno llanto,
divino Emanüel,
que perlas entre pajas
se pierden sin por qué.

No piense vuestra madre
que ya Jerusalén
previene sus dolores,
y llore con Joseph.

Que aunque pajas no sean
corona para Rey,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

4

De una Virgen hermosa
celos tiene el sol,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

Cuando del Oriente
salió el sol dorado,
y otro sol helado
miró tan ardiente,
quitó de la frente
la corona bella,
y a los pies de la estrella
su lumbre adoró,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

«Hermosa María,
dice el sol vencido,
de vos ha nacido
el sol que podía
dar al mundo el día
que ha deseado».
Esto dijo humillado
a María el sol,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

5

Zagalejo de perlas,
hijo del Alba,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?

Como sois lucero
del alma mía,
al traer el día
nacéis primero;
pastor y cordero
sin choza y lana,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?

Perlas en los ojos,
risa en la boca,
las almas provoca
a placer y enojos;
cabellitos rojos,
boca de grana,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?

Que tenéis que hacer,
pastorcito santo,
madrugando tanto
lo dais a entender;
aunque vais a ver
disfrazado el alma,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?

Fin de semestre

Sí, se llama primer semestre, aunque empieza en septiembre y acaba en diciembre. De hecho, las clases acabaron el 5 y durante estas semanas he estado liado con exámenes, pero esta vez era yo el que los hacía… y que los corrija otro.

Es fantástico redescubrir lo poco que te importa que antes de darte un examen un profesor se dedique pacientemente a explicártelo, lo agradecido que estás al que es capaz de corregir el examen en el día y lo a punto que has estado de ofrecerle a otro la posibilidad de hacer un trabajo para que te suba dos décimas.

Pero mucho más entretenido que los exámenes fue el tradicional “lunch” de Navidad que tuvimos ayer los vecinos. Fue a las ocho de la noche y en castellano, pero os aseguro que en el cartel anunciador del ascensor lo llamaban “lunch”. La verdad es que hasta ahora mi trato con los vecinos había sido más bien escaso: conozco al portero sustituto y poco más, porque vivo en el segundo, la gente suele bajar en ascensor hasta el garaje y mis horas de entrada y de salida ya se ve que no son de las más concurridas. Así que ayer bajé, muerto de vergüenza (aunque no lo parezca) y dispuesto a conocer a los vecinos. El edificio es grande: dos escaleras, cuatro pisos en cada escalera y siete plantas (no he hecho la cuenta, pero deben salir unos cuantos) y a estas cosas no es que baje la mayoría, pero me lo pasé en grande conociendo al 7%. Cogía una bandejita de canapés y me acercaba a alguien con la mejor de mis sonrisas: “¿Qué tal? Me llamo Eduardo, ¿quieres ser mi amigo?” (la idea era esa, pero no la decía con esas mismas palabras, que no cunda el pánico).

De lo mejor que me ocurrió es que a la primera persona que le pregunté resultó ser profesora de instituto… ¡De Lengua!, aunque ya jubilada. Ya se ve que Dios los cría y ellos se juntan. Congeniamos en seguida, pero cuando le pedí que me fuese presentando a más vecinos me confesó, avergonzada, que a la mayoría no los conocía por el nombre. Y la entendí perfectamente, porque a mí en Madrid me pasaba lo mismo y no quiero que aquí la historia se me repita. A los de Madrid los conozco de hace tantos años, de cuando era realmente un chico tímido, que ahora ya me da vergüenza preguntarles cómo se llaman. Pero ayer hice el esfuerzo de ir preguntando y aprendiéndome los nombres de todos los que pude, aunque mucho me temo que a varios no los volveré a ver hasta el “tradicional lunch” del año que viene.