Primer cumpleaños

Hace casi dos semanas me cayeron encima los 38 y desde entonces ando buscando un hueco para acercarme hasta aquí y contarlo, porque ya se ve que estoy llenando las últimas entradas de primeras veces en el Instituto. Pero ahora lo hago con la presión añadida de que este blog ya ha sido descubierto por más de uno (¿verdad, I, C, J, D, N…?) que además no deja de recordarme que tengo que actualizarlo. Y me estoy planteando mandar como lectura obligatoria el blog, que leen más por curiosidad que por gusto, en lugar del incomprensible Don Juan Tenorio.

Pero volvamos al asunto que nos traía hasta aquí. A principios de mes repartí en mi tutoría los encargos: luces, cerrar puertas, ventanas, orden de las mesas, papelera, corcho, parte… y también puse el encargo de “cumpleaños”. N y L tomaron el encargo con ilusión y decidieron hacer una tarjeta de cartulina firmada por toda la clase para el homenajeado. El primero en cumplir años fue G, justo el día antes que yo, y no sólo le dieron la tarjeta, sino que además le hicieron un pequeño regalo. Así que, cuando empezaron a preguntarme cuál era mi autor favorito, yo que no soy muy avispado, me di cuenta de por dónde iban los tiros y les dije que no necesitaba ningún regalo, que el mejor regalo es que se porten bien (a veces me dan unos ataques de cursilismo que me asustan), que no me importaba recibir regalos, que nunca recibía regalos de los alumnos (bueno, por lo menos durante el curso, que en la mejor estantería de mi habitación sigue el regalo de despedida que me hicieron los de 4º el año pasado, buaaaaa)…

Al día siguiente, a pesar de mis amenazas de posible examen, me cantaron el cumpleaños feliz, yo les repartí las “chuches” (igualito, igualito que cuanto estaba en 2º de EGB) que salieron algo durillas y ellos me dieron la cartulina con las felicitaciones: “Espero que te feliciten sin faltas de ortografía. Jajaja”; “Mal: Eduardo KT regalen muchas cosas en est dia tn spcial; Bien: Eduardo que te regalen muchas cosas en este día tan especial”, etc. Pero el delegado también me dio una hoja de cuadritos doblada con la indicación expresa de que no leyese el contenido hasta al día siguiente porque me iba a poner triste. Los demás empezaron a recriminarle que me hubiese dado la hoja y que no hubiese esperado hasta el día siguiente. Picado por la curiosidad no les devolví la hoja y cuando llegué al departamento no pude evitar la tentación de leerla:

Para Eduardo:

Hay algunas personas en la clase a las que no la sentó muy bien que no aceptaras regalo. Tampoco le parecen muy adecuadas a algún comentario que otro, como, no me importa.

Para Eduardo:

Eres bastante seriote.

Firmado: X

Para Eduardo:

No me parece bien que no aceptes un regalo como amigos que no es de alumno a profesor. Ers bastante serio, y que sepas que el regalo es como amigos no como alumnos.

Frdo: X

Para Eduardo:

A mi tampoco me parece bien que no aceptes el regalo. Aun así te deseo ¡¡¡Feliz Cumpleaños!!!

Fdo: X

Para Eduardo:

Nos encantaría que aceptaras el regalo, pero si no quieres no te vamos a obligar. Espero que lo pases muy bien y que sepas que eres un tutor estupendo.

Frmdo: X

Para Eduardo:

No me parece bien que no aceptes el regalo porque tenemos toda la ilusión del mundo a si que no nos la quites. Pero Feliz cumple:

Frdo: X

Para Eduardo:

No estoy deacuerdo contigo por que nosotros tenemos que cumplir con nuestras cosas si nuestros compañeros son encargados de cumpleaños pues hay que aceptarlo. A nosotros nos gustaría y nos aria mucha ilusion que aceptaras el regalo.

Fdo: X

Después de leer la nota (las X y las faltas de ortografía son del original; tampoco tienen desperdicio las distintas maneras de abreviar “firmado”), volví a clase, con lágrimas en los ojos, le pedí permiso a J, el profe de historia, para interrumpirle. Les dije que me habían conmovido y que, ya que estaban empeñados, había pensado en aceptar el regalo, es más, se ve que Braulio, mi coche, estaba empezando a hacerse mayor y que no me vendría nada mal un cambio… Al final, al día siguiente se encargaron de organizar una fiesta en clase con unas coca-colas de la cafetería y unos bollos fantásticos. Yo, de mayor, quiero ser como ellos.

Primera expulsión

No sé si he dicho que este curso doy clase de Lengua en un grupo flexible. Para los no iniciados aclararé que un grupo flexible consiste en juntar dos clases y dividir a los alumnos de esas dos clases en tres grupos según sus niveles, de forma que haya un grupo más numeroso, de unos 25, con los alumnos que pueden cursar la asignatura sin problemas, un grupo con 15-18 alumnos que presenten algunos problemas para seguir el currículo y otro grupo de un máximo de 10 alumnos que tengan serias dificultades.

Como tantas otras iniciativas, ésta aguanta bastante bien sobre el papel: se agrupa a los alumnos según los conocimientos para partir de un mismo punto e ir avanzando paulatinamente y además los grupos son flexibles porque un alumno puede ir pasando de uno a otro según vayan siendo sus resultados… El problema es que parte de un supuesto que, tal como están las cosas, es falso en la mayoría de los casos: el grupo realmente numeroso es el grupo de alumnos con muchos problemas. Así que, en nuestro agrupamiento flexible hemos hecho al final tres grupos: uno con 22 alumnos regulares y alguno bueno; y otros dos con 9 y 10 alumnos que presentan serias dificultades. Además, a la hora de elaborar estos dos últimos grupos hemos procurado repartir equitativamente a los alumnos “problemáticos”.

Yo me encargo del grupo de 10, que al final no suelen ser 10 porque siempre desaparece algún absentista. Pero todo el mundo sabe que un grupo de 10 de esas características puede ser mucho más terrible que un grupo de 40 tipos majos.

Las primeras clases no han sido fáciles, pero poco a poco hemos conseguido empezar a trabajar algo y, de pronto, hay un día en el que se produce el milagro: X, habitualmente gritón, malencarado, mal sentado, protestón y algo quejica, decide, no se sabe muy bien por qué, trabajar como el mejor… y lo consigue. Al día siguiente, antes de entrar en clase le prometí que le pondría una nota en la agenda hablando de su buen comportamiento si era capaz de mantener el nivel de la clase anterior… Y lo consiguió. Por lo menos casi lo consiguió. Así que al final de la clase le pedí la agenda y escribí algo así como: “El comportamiento de X en las últimas clases de Lengua ha sido bastante bueno. Esperemos que siga así”. X, orgulloso, enseñaba la nota a sus amigos, porque probablemente era la primera nota que le ponían en la agenda que no temía llevar a casa…

Dos horas después de haberle firmado la nota, me encontré a X sentado en la puerta de Jefatura. Había insultado de forma grave a una profesora y además ha sido incapaz de pedir disculpas. Ha caído sobre él el peso de la ley y va a estar expulsado unas semanas. Espero que, por lo menos, haya pedido disculpas a la profesora, tal y como me aseguró que haría. Y espero también que, cuando vuelva, no se haya olvidado todavía de lo bien que es capaz de comportarse.