Moby Dick: una pesada ballena

Poco a poco, uno se siente en la obligación de ir leyendo los grandes clásicos de la literatura que le faltan y entre esos libros pendientes estaba Moby Dick, de Herman Melville, así que me embarqué hace ya más de un mes en la aventura y ahí sigo. Y como en toda larga travesía (tiene sus buenas 767 páginas) hay momentos de calma, momentos de angustia y momentos de zozobra.
Vaya por delante que el libro me está gustando y me está descubriendo el apasionante mundo de las ballenas y de la caza de ballenas, pero voy por la página 599 y de Moby Dick ha salido poco más que el nombre. Eso sí, estoy muy puesto en los distintos tipos de ballenas que existen (desde la de Groenlandia hasta el cachalote, pasando por la yubarta, la jorobada, la orca, el narval y muchas ballenas más), en sus características anatómicas y morfológicas, en el mecanismo de caza, en el proceso de descuartización y aprovechamiento de cada parte de la ballena… Es sorprendente la capacidad de Mellville para las descripciones, tanto de cetáceos como de humanos y cómo es capaz de llegar desde lo exterior a lo más profundo (de unos y otros, claro), así que sigo embarcado, esperando que llegue de un momento a otro la lucha terrible entre dos inteligencias tan misteriosas como transtornadas: la del capitán Ahab y la de Moby Dick.

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2 comentarios en “Moby Dick: una pesada ballena

  1. Es otro de los clásicos que tengo pendientes de lectura, pero no sé, tengo que encontrar el momento apropiado. ¡Qué miedo me dan esas descripciones cetáceas!

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