Tercer trimestre

Es curioso lo tentado que se siente uno el último día de vacaciones a hacer profundas reflexiones sobre la fugacidad del tiempo. Reflexiones que probablemente se vayan al traste cuando compruebe lo que puede llegar  a tardar una clase de cincuenta minutos en ese primero de la ESO que todos sabemos.

Mañana empieza el tercer trimestre (bueno, en realidad, mis alumnos saben bien que empezó semana y media antes de Semana Santa, nada más acabar el último examen de la segunda evaluación) y es un trimestre que produce algo de vértigo, sobre todo para aquel alumno que se había prometido que iba a hacer un esfuerzo ímprobo durante las vacaciones para ponerse al día y sacar el curso y hoy se está planteando que no merece la pena hacer los deberes que mandó el de Lengua, porque probablemente se le olvide pedirlos mañana, y que para leer el primer libro todavía queda tiempo más que de sobra.

Y lo peor es el alumno que se resigna a su suerte, el de “totalparaqué”, porque si ese alumno, convencido de que el fracaso a estas alturas es de todo punto inevitable, confía en que el curso que viene las cosas serán distintas por la intervención de no se sabe muy bien qué fuerzas misteriosas, es fácil augurarle un curso todavía más desastroso. Mientras no sé dé cuenta de que para cambiar el curso que viene tiene que cambiar ahora, que es ahora cuando, por fin, tiene que decidir a tomarse en serio los estudios y aparcar por unos meses play, tele, móvil y demás “tuentaciones”. Si los músculos no se ejercitan, se atrofian. Si uno no hace nada (y por increíble que parezca hay muchos alumnos capaces de la nada absoluta), la situación no sólo no cambia, sino que empeora.

Vaya, yo había empezado a escribir pensando en contar los sentimientos de un profesor ante el tercer trimestre y se me ha metido la vena de abuelo Cebolleta dando consejos de manual. Pues ya otro día contaré cómo se me viene este tercer trimestre, los problemas en la tutoría a los que no he dejado de dar vueltas durante la Semana Santa, el hastío ante tanto “es que me han dicho que X ha dicho”, las distintas varas de medir que a veces tenemos los profesores, la sensación de impotencia ante ese alumno que se ha convencido de que le tienes manía, la angustia de la representación teatral… Puff, menos mal que me he puesto a dar consejos, si no me podría haber salido una entrada terrible.