Al final va a ser que sí

Hace poco más de dos años, anunciaba en este blog que, por un tiempo, dejaba la enseñanza después de diecisiete cursos maravillosos en Los Olmos, el IES Valdebernardo y el IES Anselmo Lorenzo.

Contaba entonces que me venía a Pamplona a estudiar Teología y añadía que entraba dentro de lo posible ordenarme sacerdote… Pero basta decir algo así para que casi todo el mundo te “ensotanice” antes de tiempo. Y durante dos años he aclarado a mis amigos por activa y por pasiva que yo había venido aquí a estudiar y a formarme y que luego, si Dios quería y el Prelado del Opus Dei me llamaba, ya veríamos (en realidad, creo que lo aclaré solo en activa, porque no es fácil que todo esto sea dicho en pasiva).

Y ya ha llegado el momento de ver. Y ahora sí tengo claro que mi futuro va a ser de oscuro.  Resulta que yo, que he sido siempre tan desordenado, como dice J., me ordenaré, Dios mediante -y nunca mejor dicho-, de diácono el sábado 27 de febrero, en Roma (una estupenda excusa para visitar la Ciudad Eterna), y de sacerdote el domingo 4 de septiembre, en el Santuario de Torreciudad (en Huesca, cerca de Barbastro, aquí al lado, vaya).

Por si alguno no está muy puesto, diácono es el primer paso antes de ordenarse sacerdote. Como dice Google cuando buscas diácono: “Clérigo católico que ha recibido la segunda de las órdenes mayores que otorga la Iglesia y que tiene entre sus funciones anunciar el Evangelio, bautizar, asistir al sacerdote en el altar, distribuir la comunión y dar testimonio cristiano ayudando a los más pobres”. El Catecismo de la Iglesia Católica da más detalles en los puntos 1569-1571, por si quieres más información.

Desde luego, la alegría que tengo ante esta nueva etapa es inmensa, pero también es inmensa la sensación de vértigo… Y el convencimiento de que a Dios le gusta ponerse las cosas difíciles. Como comprenderás, no es fácil expresar por escrito, todo lo que se siente. Y me temo que tampoco este es el sitio. Pero como siempre hay algún despistado, impenitente e inasequible al desaliento, que se sigue pasando por “La vida es cuento” para saber cómo me va la vida, me parecía que esto, el mejor de los cuentos que jamás me habría imaginado, también tenía que venir aquí a contarlo.

La verdad es que da gusto dar estos saltos al vacío sabiéndose tan bien acompañado por la amistad y el cariño de tantos amigos que se alegran de veras y me muestran todo su apoyo, aunque no entiendan nada. Y de tantos otros que sí que lo entienden.

Y acabo esta entrada como acabé aquella de hace un par de años.

Si eres de los que tienes fe, se agradecen oraciones, si no, por lo menos el intento de comprensión… Y, en cualquier caso, la sonrisa.