Primer mes

Esta entrada se iba a titular “Primer día” y después pasó a “Primera semana” y ha acabado en “Primer mes”, lo que no está del todo mal porque también podría haberse convertido en “Primer trimestre”.

Así, como quien no quiere la cosa, ya llevamos más de un mes de clase y empieza a quedar lejano ese primer día en el que me parece que tanto te juegas en un curso. Volví a conseguir aprenderme el nombre de todos mis alumnos de 4º (este año son 60) el día anterior, con la consiguiente sorpresa e incredulidad por su parte al irles colocando en su sitio en orden de lista… sin mirar la lista. Cada vez estoy más convencido de que, junto a lo que tiene de juego de magia, es una fantástica forma de empezar porque es una manera de decirles que te interesas por ellos, que quieres conocerlos desde el primer momento y que no son unos alumnos más, sino tus alumnos. Cuando comento esto con algún otro profesor me mira él también con cara de “este tipo de dónde ha salido”, que él apenas consigue aprenderse el nombre en el primer trimestre porque él, para los nombres, es muy malo y… Y lo cierto es que yo también pensaba que algo así era imposible y seguí creyéndolo hasta el día en que me decidí a intentarlo. Y resulta que no soy una mala bestia de las que se aprenden la guía telefónica en veinte minutos. NO. Me cuesta, me lleva mi tiempo y mis neuronas, pero, insisto, merece la pena y es posible.

Sin embargo, por muy bien que te salga y por muy importante que sea, el curso no acaba en la primera clase… Ni a lo mejor la primera clase es tan importante como uno quiere creer. Pero creo que sí puedo afirmar, después de este primer mes, que me lo estoy pasando estupendamente… Lo sé, para quienes me conocen eso suena a tópico, pero es la realidad. Este curso doy a dos primeros de la ESO y a dos cuartos (cómo lo conseguí, siendo el séptimo en elegir, forma parte de un misterio que no me voy a molestar en desentrañar) y tengo un primero de los que los profesores consideran “excelente” y otro de los que consideran “horrible”. Y en cuarto me pasa tres cuartos de lo mismo, valga la redundancia, pero estoy haciendo lo posible para que, por lo menos a mí, todos me parezcan excelentes… y eso tiene sus riesgos.

El primero “complicado” está formado íntegramente por repetidores: algunos son repetidores de este año, otros repetidores de primaria y unos pocos repetidores de este año y de primaria. Es decir, carne de PIL y de educación de adultos (que se lo pregunten a J). Y estoy dispuesto a presentar batalla y a hacer lo posible por sacarlos del hoyo, con su colaboración, por supuesto, con la ventaja de que es un grupo que desdobla y de los 22 alumnos yo me quedo sólo con 12. Vamos poco a poco, tanto en lo que se refiere a avanzar materia, como en lo que se refiere a la adquisición de hábitos de trabajo y convivencia (es sorprendente con qué facilidad te vuelves invisible para ellos y son capaces de decirse las mayores barbaridades y lindezas sin importarles que tú estés allí delante). Y creo que algo se va consiguiendo: hoy hemos tenido el primer examen y algunos, después de no sé cuántos años, han conseguido estar más allá del cinco.

También estoy de exámenes con los cuartos y los primeros exámenes suelen suponer un disgusto, tanto para ellos como para mí. Resulta que no son tan listos como yo creía, ni yo tan majo como a ellos les parecía. De todos modos, el primer examen tampoco es todo el curso y siempre es una alegría ver cómo algunos alumnos, aunque se hayan quedado a medio camino, lo han intentado como probablemente no lo intentaban desde hace años.

Pues eso, que me lo estoy pasando estupendamente y que este curso está siendo muy divertido, aunque lo de los ataques de risa en clase casi que lo cuento en otra ocasión, que hay mucho por corregir.

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La explicación del FIN

Evidentemente, la entrada anterior no era el certificado de defunción de este blog por inanición (o más bien por inacción), sino, tal y como aventuraban Pau y Julio, sin asumir demasiados riesgos, un microrrelato. No había más que ver la categoría y la etiqueta que lo clasificaba.

Es un microrrelato, o por lo menos un intento, que se me apareció el otro día cuando respondía a un comentario de una entrada anterior. Me vino de repente y me apresuré a escribirlo, para que no me diese tiempo a pensar que era una tremenda tontería. Y, no sé, dos días después me sigue gustando. Se trata de un punto y final, que a mí por lo menos me sugiere que la historia anterior ha acabado realmente mal y por eso está ahí ese punto, él solo, incapaz de desvelarnos lo que ha ocurrido e incapaz de continuar.

Por otra parte, cómo voy a cerrar el blog si me consta que hay gente que se sigue empeñando en pasar por aquí a pesar de los pesares. Y sí, hay tanto que contar que a ver por dónde empiezo, pero eso ya será otro día, quizá dentro de una semana, porque mañana mismo, aprovechando el puente) me voy con unos amigos a hacer el Camino de Santiago desde Finisterre, es decir, al revés, como Tacirupeca, y eso trae siempre mil historias, aunque estén reconcentradas en cuatro días excasos.

Gracias, Julio

Abro hoy el correo y me encuentro el siguiente mensaje de Julio:

Dos semanas sin escribir en el blog!!!! Después de haber prometido que sí, que esta vez habría continuidad, ahora que no soy tutor, que… no sé, teniendo en cuenta que tú nunca estás enfermo o bien te han secuestrado en Alcalá o algo así o ya eres tan imprescindible en San Martín que no te dejan tiempo ni para escribir un par de cosillas, o una al menos, por semana…
OR-GA-Ni-za-CIÓN, (no sé por qué he escrito el za en minúsculas, ahora que caigo)

un abrazo

Y le agradezco no sólo el rapapolvo, sino que me haya escrito la mitad de esta entrada. Y es que a veces uno necesita eso, un empujoncito, un saber que hay alguien ahí detrás esperando leerte, alguien que empieza a estar harto de que no quieras ser tutor y no seas capaz de decir otra cosa… Por todo ello, muchísimas gracias, Julio, eres fantástico, que diría quien yo sé. De todas formas te equivocas: sí que he escrito en el blog… pero en el tuyo, en esta fantástica entrada (no me da empacho repetirme: tú eres fantástico, la entrada es fantástica, la vida es fantástica y así sucesivamente).

Ni que decir tiene que hago el enésimo propósito de enmienda y que procuraré or-ga-ni-ZAR-me y que es muy triste comprobar que la entrada que pensaba titular “Primer día de clase” pasó a convertirse en “Primera semana” y, a este paso, en “Primer trimestre”.

Gracias, Julio.