De viaje fin de curso: adiós, Franklin

Como ya anunciaba hace unos días, me iba de viaje a Roma con los alumnos… y he vuelto.

Y si he de ser sincero, irme a Roma del 25 al 29 de junio con 49 alumnos de 4º de la ESO no se puede decir que entrase a estas alturas de curso entre mis planes preferidos. Pero también tengo que reconocer que una vez más me ha valido la pena, que me lo he pasado estupendamente y que volvería a hacerlo.

Claro que esto último es muy fácil decirlo ahora, a la vuelta, cuando has traído a todos los que te llevaste y más o menos sanos y salvos (A. todavía se está recuperando de la otitis). Bueno, a todos no, a todos menos a Franklin. Snif. Para quien no lo conozca, Franklin era una pelota de goma espuma que nos ha amenizado multitud de viajes en los momentos de espera en cualquier plaza. Simplemente había que golpearlo con las manos hacia arriba procurando que no cayese al suelo. Esta vez el récord se quedó solo en 43 (si no recuerdo mal hace un par de años llegamos a 97), antes de que J. decidiera que era una buena idea jugar al frontón con él y acabará colándolo por encima de una tapia de lo que debía de ser una mansión fortificada. Allí se habrá quedado, junto a la Escala Santa, para alegrar la vida a quien lo encuentre y seguro que llevará una vida mejor y más tranquila, que no tendrá que esquivar las ruedas de los autobuses ni será golpeado sin piedad, ni volverá a acabar dentro de una fuente o encima de la cabeza de cualquier transeúnte. Siempre estará en nuestros corazones:

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