Eneas eterno

Eneas ha vuelto a llamarme, quizá para recordarme lo que no he llegado a ser.

Hace unos días me llegó un mensaje en Facebook de A., a quien no conozco personalmente:

Hola, Edu: Tu Eneas es inmortal. ¿Puedes darme una dirección a la que enviar tu más reciente libro? Acaban de llegarme para repartir entre los autores.

Le di la dirección y, efectivamente, a los pocos días allí estaba, como si lo hubiese escrito ayer, la nueva edición de “Eneas en autobús”, del que ya he hablado en otras ocasiones: el cuento que escribí hace más de veinticinco años, con el que gané el concurso literario Miguel Hernández, del Colegio de Doctores y Licenciados, y que acabó publicado en la Colección Letra Grande de la Editorial Popular, donde todavía sigue disponible.

cuentos urbanícolas - portada

En aquella ocasión, compartía libro con escritores como Gómez de la Serna, Julio Cortázar, Camilo José Cela… Y en la pequeña biografía que aparecía al final del cuento (imagino que no habrá sido actualizada) apenas ponía mi nombre, se decía que había ganado con ese cuento el premio Miguel Hernández y, a falta de pasado, se metían a profetas, pero se guardaban las espaldas con una maldita condicional:

Le auguramos a Eduardo un buen viaje por el mundo mítico de las letras, si continúa con la calidad con que ha iniciado el trayecto.

Después el cuento apareció publicado en otro libro titulado Educación vial a través de la literatura, que también se puede comprar o, si se prefiere, descargar legalmente el PDF en la página de redined

educación vial a través de la literatura - portada

En esa ocasión, compartía de nuevo páginas con Julio Cortázar (seguro que habríamos llegado a ser grandes amigos) y con otros muchos: Julio Llamazares, Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina, John Irving, Arturo Pérez Reverte, Roald Dahl… Lo mejor del libro es que viene con guía para el profesor y ejercicios sobre los cuentos. Allí descubrí que “Eneas en autobús” dice mucho más de lo que yo me había imaginado y que se podía utilizar para trabajar sobre “la convivencia en los transportes públicos” o “las normas de comportamiento cívico-social”, además de “la mitología en la vida cotidiana”. Y se hace una magnífica sinopsis del cuento:

Un agobiante viaje en autobús se convierte en una forma de evasión para el protagonista, aficionado a la lectura de los autores clásicos. La mezcla de los pasajes de La Eneida, el libro que está leyendo, con la situación que vive, provoca un curioso paralelismo y un sorprendente giro que desestabiliza al lector.

Cuando recibí el mensaje de A. hace un par de semanas, supuse que se trataba de una nueva edición de La educación vial a través de la literatura, pero resulta que es un libro distinto, que lo único que comparte con el anterior es que lo edita la DGT. El libro se titula Tráfico de cuentos… Ahora mismo, al ir a buscar información sobre Tráfico de cuentos en Internet he descubierto que se había publicado en 2010… Y se me ha abierto una ventana en la memoria que no sé quién me había cerrado: me he ido corriendo a mi bandeja de correo electrónico (afortunadamente, no suelo borrar ningún correo) y he descubierto que sí que conozco a A. desde hace años, aunque solo sea de nombre. Me escribió un correo el 27 de marzo de 2009 en el que me invitaba a incluir a Eneas en una antología que estaba preparando:

Hola, Eduardo:
    Me dirijo a ti con miedo, si te propongo publicar OTRA VEZ el Eneas en bus.. ¿me mandarás a la m….?.
[…]
    Tú me dices si te interesa resucitar a Eneas o asesinarlo para siempre.
Y yo le respondí que estaba encantado de que Eneas volviese a darse una vuelta por el mundo, aunque eso acabase cavando mi tumba literaria. Y allí aparece de nuevo, esta vez junto a escritores como José María Merino, Medrardo Fraile, Daniel Moyano… Solo falta Cortázar.
Como en la web no he encontrado ni siquiera una foto de la portada, subo la que acabo de hacer con el libro ya entre mis manos. Además el cuento viene acompañado de una ilustración sensacional:
 tráfico de cuentos - portadatráfico de cuentos - interior
Pero, sin lugar a dudas, mi edición preferida de “Eneas en autobús” es la que hizo E. con alumnos de compensatoria del IES Anselmo Lorenzo para el Proyecto de Educación Vial Anselmo cruza el paso de cebra, con el que ganó un merecidísimo premio.
Como me decía A. en su último mensaje, “larga vida a Eneas”, aunque yo sienta, igual que al final del cuento, sus ojos clavados en mí mientras me dice llorando:
¿No me ha permitido la fortuna, ¡oh desdichado joven!, cuando ha llegado el triunfo, el que vieras mi reino y el devolverte triunfante al hogar paterno?
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El trigésimo cuarto

Como no hay 33 sin 34, ya está aquí el trigésimo cuarto de mis sobrinos, el cuarto hijo de mi séptimo hermano. Santi, para los amigos. Santiago para cuando no recoja la habitación o deje la cama sin hacer.

Cuando le comento a algún amigo que tengo 34 sobrinos, primero me mira con incredulidad y después me pregunta si me sé el nombre de todos. Hasta ahora sí. Por suerte, hice durante bastante tiempo prácticas aprendiéndome las listas de los alumnos antes del primer día de clase.

Como seguro que he dicho ya en tantas otras ocasiones semejantes, a pesar de que el número empieza a ser respetable, uno no consigue acostumbrarse al milagro de la vida y a la alegría de que haya en el mundo alguien más a quien querer.

Ha nacido el 18 de enero, pero tendría que haber nacido el 20, para que hubiese ganado yo el famoso e imposible jamón que se lleva quien acierte día y peso (25 gramos arriba o abajo). Un jamón esta vez no tan imposible, porque sí ha habido ganador (si no recuerdo mal es la segunda vez que ocurre algo semejante en nuestra historia): mi cuñado J. ha sido el único que tenía puesto el día 18 y en el peso, que es lo más complicado, se ha quedado a tan solo once gramos de distancia.

Aunque lo realmente complicado, ahora que lo pienso, no es acertar el peso, sino educar a Santi para que sea no solo un tipo grande (4135 gr.), sino un gran tipo. Está en buenas manos. Y lo que es seguro es que se lo va a pasar en grande y que tendrá una increíble facilidad para aprenderse la lista de los reyes godos si consigue aprenderse el nombre de todos sus primos. Confío en que, además de ver las victorias de su padre a la Play en las noches de insomnio, escuche innumerables cuentos.

Con un poco de suerte, Santi y yo nos conoceremos en Roma dentro de poco más de un mes. Pero el bueno de Santiago nunca conseguirá hacerse a la idea de que hubo un tiempo en que yo no iba siempre de negro… Y tenía barba.

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Nunc cœpi! ¡Ahora comienzo!

“Queda menos de un mes para la oposición de Lengua Castellana y Literatura y quizá no sea el mejor momento para empezar a escribir en un blog”.

Así empezaba, hace más de nueve años y medio a escribir La vida es cuento. Con la idea, entre otras, de hacerme rico, pero también de transmitir mi experiencia, primero como opositor y después como un profesor de secundaria en la enseñanza pública madrileña, por si le podía interesar o servir a alguien.

Empecé el blog con fuerza, escribiendo cada día. Y poco a poco he ido perdiendo fuelle, hasta llegar a la actual anemia. Estos últimos años ha sido un sobrevivir agónico, sobre todo desde que dejé la enseñanza para venir a estudiar Teología a Pamplona y mi vida, aparentemente, empezó a ser menos “anecdotable”. El blog –que ha durado más que la plataforma en la que se inició, todo hay que decirlo– se ha mantenido en pie gracias a que han seguido llegando sobrinos… Y a que siempre me ha remordido algo la conciencia pensar que había quien abría esta página con la esperanza de leer algo nuevo.

Ahora quedan poco más de un mes para que me ordene de diácono y me vuelvo a plantear aquello de que “quizá no sea el momento para empezar a (re)escribir en un blog”. Lo que esta vez sí tengo claro es que no me haré rico con ello. Y mucho me temo que es menor el público al que le interese mi experiencia de preparación al diaconado y después al sacerdocio.

Pero he hecho el propósito de llegar a 500 entradas… Se me viene encima el cúmulo de experiencias fallidas, de tanto propósito de enmienda fracasado… Pero también se me vienen encima los buenos momentos que he pasado yo mismo releyendo lo escrito y recordando tantas cosas que de otra forma seguro que habría olvidado. Así que, inasequible al desaliento, aquí vuelvo. Nunc cœpi! ¡Ahora comienzo!

¡¡FELIZ 2016!!

Ahora que ya no es tiempo; ahora que ya te has olvidado de que cada vez te gusta menos eso de las uvas; ahora que ya ha sido recogido el belén; ahora que empiezas a reconocer que eres bueno en hacer propósitos, pero que eres mucho mejor en incumplirlos; ahora que ya te has arrepentido de lo poco que te han cundido estas vacaciones; ahora que has vuelto a descubrir que el 2016 es tan tranquilizadoramente imperfecto, como todos los anteriores, y que todo depende mucho más de ti que de la fecha en la que estés… ¡¡FELIZ 2016!!

Y a pesar de la pose de estar por encima de tanta banalidad y tantas banalidades, tampoco puedo sustraerme a echar una mirada atrás, a ver cómo ha ido el año, a constatar que empiezo a cerrar una etapa y que se aproxima otra nueva y apasionante. Pero para no meterme en profundidades que ahora no vienen al caso, me quedaré esta vez en la superficie.

Como soy amigo de estadísticas, agradezco la amabilidad de WordPress, que ha tenido a bien enviarme el resumen de lo que ha sido este blog este año… Y no es como para lanzar las campanas al vuelo. Para que no me desanimen, empiezan diciendo que:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 5.900 veces en 2015. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 5 viajes transportar tantas personas.

Y a mí no llega a parecerme una barbaridad la gente que cabe en cinco viajes de un Metro de NY… Pero sí que me gustaría agradecer a cada uno de esos pasajeros de este tren que se hayan animado a pasar por aquí. Y espero que hayan tenido un buen viaje. Porque uno piensa que escribe sobre todo para tener bien guardados sus recuerdos, pero en realidad sabe que uno siempre escribe para los demás, porque escribir es comunicar y comunicar es compartir.

Después el informe me anuncia que “El día más movido del año fue octubre 30 con 342 visitas. El artículo más popular del día fue Al final va a ser que sí”. Y desde luego, para mí ese día fue también uno de los más movidos del año.

Luego llega el dato más vergonzante: en todo 2015 he escrito… 11 artículos. Eso sí, el total es de 479. O 480, si contamos este. Y se me acaba de ocurrir un fantástico propósito difícil de incumplir (aunque puedo llegar a incumplir cosas asombrosas): llegar en este 2016 a los 500 artículos. Será un placer saber que sigues estando ahí, a pesar de todo.