Modelo de examen de las oposiciones de lengua

Para preparar las oposiciones de secundaria de Lengua Castellana y Literatura he navegado muchas horas por la red en busca de recursos y quizá en lo que haya invertido más tiempo, infrutcuosamente, haya sido en buscar modelos del examen práctico (de comentario de texto) de la comunidad de Madrid de años anteriores.
Por eso voy a colgar aquí el examen de las oposiciones de secundaria de Lengua Castellana y Literatura del 2006, aunque probablemente el de este año se pueda encontrar ya en muchos sitios porque todos nos vamos aplicando con fuerzas a las TIC (tan necesarias para hacer la PD, basadas en el PCE y para comentar en la UD, junto con los aspectos relativos a los ACNEE: todos estos acrónimos son reales y son sólo una ínfima muestra de los que te puedes encontrar si quieres dedicarte a la enseñanza, ¡su PM!).
En fin, a lo que íbamos, tuerto. Aquí están los textos del examen por si alguien los está buscando o por si no sabe qué hacer y quiere entretenerse un rato jugando a las oposiciones.
La duración del examen era de tres horas y media y las cuestiones que se planteaban eran:
1.- Resumen del contenido y estructura de cada uno de los textos.
2.- Comentario y análisis de carácter general de cada uno de los textos haciendo referencia a los diferentes niveles del texto (pragmático, semántico, morfosintáctico o fonológico) en función de su relevancia para el significado general del mismo.
3.- Valoración crítica de cada uno de los textos.
(La negrita también es real, con sus variantes entre un subrayado y otro y me imagino que está para que quede claro que es de cada uno de los textos)
TEXTO I
La mocedad del año, la ambiciosa
vergüenza del jardín, el encarnado
oloroso rubí, Tiro abreviado,
también del año presunción hermosa;

la ostentación lozana de la rosa,
deidad del campo, estrella del cercado;
el almendro, en su propia flor nevado,
que anticiparse a los calores osa,

reprehensiones son, ¡oh Flora!, mudas
de la hermosura y la soberbia humana,
que a las leyes de flor está sujeta.

Tu edad se pasará mientras lo dudas;
de ayer te habrás de arrepentir mañana,
y tarde y con dolor serás discreta.
(Quevedo)

TEXTO II
Desde el suelo veía la otra orilla, los páramos del fondo y los barrancos ennegrecidos, donde la sombra crecía y avanzaba invadiendo las tierras, ascendiendo las lomas, matorral a matorral, hasta adensarme por completo; parda, esquiva y felina oscuridad, que las sumía en acecho de alimañas. Se recelaba un sigilo de zarpas, de garras y de dientes escondidos, una noche olfativa, voraz y sanguinaria, sobre el pavor de indefensos encames maternales; campo negro, donde el ojo de cíclope del tren brillaba como el ojo de una fiera.
–Bueno, cuéntame algo.
Aún había muchos grupos de gente en la arboleda; se oía en lo oscuro la musiquilla de una armónica. Era una marcha lo que estaba tocando, una marcha alemana, de cuando los nazis.
–Anda, cuéntame algo. Tito.
–Que te cuente, ¿el qué?
–Hombre, algo, lo que se te ocurra, mentiras, da igual. Algo que sea interesante.
–¿Interesante? Yo no sé contar nada, qué ocurrencia. ¿De qué tipo? ¿Qué es lo interesante para ti, vamos a ver?
–Tipo aventuras, por ejemplo, tipo amor.
–¡Huy, amor! –sonreía, sacudiendo los dedos–, ¡No has dicho nada! ¿Y de qué amor? Hay muchos amores distintos.
–De los que tú quieras. Con que sea emocionante.
–Pero si no sé relatar cosas románticas, mujer, ¿de dónde quieres que lo saque? Eso, mira, te compras una novela.
–¡Bueno! Hasta aquí estoy ya de novelas, hijo mío. Ya está bien de novelas, ¡bastantes me tengo leídas! Además es (sic) ahora, ¿qué tiene que ver?, que me contaras tú algún suceso llamativo, aquí, en este rato.
Tito estaba sentado, con la espala contra el tronco; miró al suelo, hacia el bulto de Lucita, tumbada a su izquierda; apenas le entreveía lo blanco de los hombros, sobre la lana negra del bañador, y los brazos unidos por detrás de la nuca.
–¿Y quieres que yo sepa contarte lo que no viene en las novelas? –le dijo–. ¿Qué me vas a pedir?, ¿ahora voy a tener más fantasía que los que las redactan? ¡Entonces no estaba yo despachando en un comercio, vaya chiste!
–Por hacerte hablar, ¿qué más da?, no cuentes nada. Pues todas traen lo mismo, si vas a ver, tampoco se estrujan los sesos, unas veces te la ponen a Ella rubia y a Él moreno, y otras sale Ella de morena y Él de rubio; no tienen casi más variación.
(Rafael Sánchez Ferlosio, El Jarama)

TEXTO III
Los matrimonios entre las palabras son más sólidos que los del Hollywood actual. Echas un vistazo al periódico y ahí están, envejeciendo juntos, términos como uranio enriquecido, despliegue militar, memoria frágil, asignatura pendiente, banda armada, seguridad privada, gas natural, guardia civil, páginas amarillas, realidad nacional, inyección moral, consejero delegado, comunicado oficial, inflación anual… Inflación, por cierto, es bígama, pues se la ve mucho también con subyacente. No es el único caso, pero sí uno de los más activos: hay días en los que aparece copulando con anual en la primera página y con subyacente en la segunda, es que no para. En cualquier caso, sería muy de agradecer que todos estos matrimonios hicieran un intercambio de parejas para alumbrar uniones más estimulantes: militar frágil, guardia amarillo, uranio moral, memoria enriquecida, seguridad civil…
Aunque no todos los matrimonios entre palabras son tan convencionales. Ayer encontré un trío: “Proyecto Gran Simio”. Estos enlaces de tres palabras, sin ayuda de preposición o artículo que les ayude a articularse, constituyen rarezas muy interesantes. Proyecto Gran Simio. Sorprende la naturalidad con la que se pronuncia, la sencillez con la que sale de la boca, lo que quiere decir que los tres vocablos se llevan bien. Tal vez no se trate de un trío sexual, sino de una familia. Posiblemente, proyecto sea hijo de simio, que es a su vez cónyuge de gran. Ello explicaría la ausencia de conflicto. He aquí, en cualquier caso, un ejemplo de convivencia verbal del que, con la que está cayendo, deberíamos tomar nota.
Pero no es la única rareza con la que he tropezado esta semana. Así, entre los matrimonios convencionales, de sólo dos palabras, descubrí uno completamente nuevo, al menos para mí. Se trata de “inteligencia seductora”. Di con él en la contraportada de La Vanguardia. Inteligencia venía metiéndose en la cama hasta ahora con voces tales como diabólica, emocional, aguda, incluso con militar, pese a la incompatibilidad aparente, pero jamás con seductora. Me gusta este nuevo maridaje, inteligencia seductora. Lo que hace falta es que pase de la gramática a la realidad. Y que sea para bien.
(Juan José Millás, “Matrimonios”, EL PAÍS, 2006-V-05)

El nombre del autor y de la obra no aparecía en los textos, claro. Ya siento haber puesto el acento a EL PAÍS, pero es que es superior a mis fuerzas.

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Fin del segundo asalto

La oposición tiene algo de borrachera. El viernes, cuando acabé el primer examen, de comentario de texto, me entró cierta euforia inmotivada, que al cabo de las horas se convirtió en un bajón y que al día siguiente se tradujo en pequeño dolor de cabeza originado por la resaca de pasarse tantas horas pensando y escribiendo.
Además, el cerebro, el muy traidor, poco habituado a estos menesteres, le debió de pillar gusto al asunto y siguió trabajando por lo bajini, de forma que cuando estaba intentando repasar algunos temas para preparar el examen teórico, de vez en cuando, de no sé qué zona del subsconsciente conseguía aflorar una luz cruel: “¿pero cómo no hablaste del valor desiderativo de aquel subjuntivo?”, “cómo es posible que dejases de comentar esto y lo otro”… Sin embargo, la sensación general, una vez pasada la euforia y la resaca, no deja de ser buena, quizá porque acerté quiénes eran los autores de los textos, detalle sin mayor importancia, y en cierta medida baladí, pero que posee el secreto recurso curativo de restañar la angustia de los olvidos.
Ayer fue el examen teórico, el segundo asalto: de 72 temas posibles se sacaban dos bolitas de una lotería de juguete y había que elegir uno… Puede que en algún lugar de este blog haya dado la sensación de que no he estudiado esta oposición, pero eso es una sensación equivocada: en mi vida he estudiado más. Lo que sí es cierto es la sensación de que en mi vida he olvidado más y que, acostumbrado a las distancias cortas, a estudiar con unas pocas semanas de antelación, cuando no el día antes, este maratón se me ha hecho muy duro: me parece imposible recordar lo que empecé a estudiar hace nueve meses… y lo que estudié hace tres semanas. Es desesperante volver sobre un tema ya estudiado y tener la sensación de que es la primera vez. El siguiente paso es que vuelves sobre un tema reestudiado y ya, por lo menos, te suenan los nombres de los autores cuando los lees, pero eres incapaz de convocarlos sin la presencia del esquema o resumen…
Además el día anterior cometí la tontería de echar un vistazo a unos cuantos temas que hacía tiempo que no repasaba: fue una tontería porque lejos de recordar algún dato interesante lo que me produjo fue una terrible sensación de vértigo y vacío, vacío sobretodo intelectual porque en mi cabeza no era yo consciente de que anduviesen tantos nombres y fechas.
A pesar de todo, y por absurdo que parezca, iba al examen con gran confianza, sin apenas nervios. Y es que confiaba en el “enchufe”: ayer, día en el que me examinaba, era el día de san Josemaría, fundador del terrible Opus Dei, a quien tengo gran devoción y le había pedido que me tocase el tema que mejor me supiera, sin ser muy capaz de especificar cuál prefería, quizá el 41. El caso es que me tocó La Celestina, que no es el 41, pero es uno de los quince temas que me había conseguido repasar el fin de semana y al que además había dedicado más tiempo en otra ocasión porque me pidió un amigo que le dejase material sobre La Celestina para hacer un trabajo en la universidad y después me mandó su trabajo para pedirme que se lo corrigiera, como así hice… En fin, quizá no sea divina providencia, quizá sea suerte o casualidad o pura coincidencia, pero como es de bien nacidos ser agradecidos ayer por la tarde fui a la catedral de la Almudena a la misa que se celebraba en honor de san Josemaría…
De todas formas no soy el único con suerte: dándome una vuelta por el foro de opositores de lengua de secundaria, descubro a mucha más gente con suerte, quizá originada por las fuerzas telúricas de la naturaleza. La verdad es que es un foro impresionante, en el que predomina la solidaridad entre opositores que tan pronto te dan ánimos como te resuelven una duda o te facilitan un tema: un foro repleto de buena gente.
En fin, después de este largo desahogo (que he tenido que repetir porque ayer cuando iba a colgarlo se piró la conexión y se me borró enterito), me tengo que poner a acabar la programación didáctica para afrontar el tercer y último asalto. Ya os contaré.

Fin del primer asalto

A las ocho de la tarde he acabado el examen práctico de las oposiciones, que consistía en tres comentarios de texto y me he vaciado tanto (ocho folios por las dos caras) que me quedan pocas ganas de seguir escribiendo.
En las oposiciones se ve que va saliendo lo mejor y lo peor de cada uno: así, es inevitable esa alegría secreta y profunda que te entra cuando oyes llamar por segunda vez a alguien que no da señales de vida o cuando ves que otro se levanta a la media hora de haber empezado el examen…, pero la verdad es que también sale lo bueno y conectas en seguida con personas a las que no has visto en tu vida, porque el sufrimiento une mucho, y les deseas suerte sinceramente, a sabiendas de que esa suerte que les das te puede acabar quitando la plaza.
El lunes por la mañana es el segundo asalto, la parte teórica, y si me encuentro con fuerzas mañana me daré un repasito de los 72 temas (es una ironía; lo digo por si alguien que lee esto, nunca se ha presentado a unas oposiciones).

Puedo escribir la entrada más triste esta noche…

Escribir, por ejemplo: “La oposi está llegada,
y tiritan, nerviosos, los dedos, al pensarlo.”

Pero tampoco vamos a ponernos trágicos, así que, aunque pudiera escribir la entrada más triste esta noche no lo voy a hacer, que la vida ni acaba ni empieza mañana. Lo que necesito es una entrada bienhumorada para ir a la oposición con una sonrisa. Y para sonreír nada mejor que un cuento. Es una vez más el de Caperucita Roja, pero en la versión del lobo, porque ya está bien de que la historia la escriban siempre los vencedores que decía el amigo de William Wallace.
Desconozco quién es el autor (aparte del lobo, que es claro narrador homodiegético e intradiegético que diría Genette -mañana esto lo clavo como sea-) porque el cuento me lo pasó un amigo. El original estaba en catalán y aquí ofrezco mi traducción que espero no haya traicionado mucho al texto, a pesar de mi madrileñismo profundo.

EL LOBO FEROZ Y CAPERUCITA ROJA
El bosque era mi casa. Yo allí vivía feliz y contento, me preocupaba por las plantas, por mantenerlo todo limpio y ordenado, y velaba por el bienestar de los animales, que eran mis amigos y con los que me gustaba conversar de todas las cosas hermosas que tiene la naturaleza.
Un día soleado, cuando estaba recogiendo unos detalles “olvidados” por unos excursionistas, oí gritos y mucho jaleo. A la carrera me escondí, porque no tenía ni idea de qué podía producir todo aquel alboroto. Con precaución observé desde mi escondite y vi venir a una niña, vestida de una manera muy extraña, toda de rojo y con una capucha en la cabeza, que de forma alegre y despreocupada destrozaba las flores, chafaba la hierba y tiraba al suelo los papeles de los caramelos y de las chucherías que engullía casi sin masticar.
Después de un rato, salí y le pregunté quién era y adónde iba, ya que no la había visto nunca por el bosque y siempre es agradable hacer nuevas amistades. Me contestó que iba a llevar una cestita con miel a su abuela y que no tenía tiempo de pararse a hablar conmigo. Y todo eso me lo dijo sin dejar de tirar “papelitos” al suelo. Era una niña maja, pero un poco irresponsable en lo que se refiere a cómo se tienen que tratar el bosque y sus habitantes.
Por cierto, yo conocía a la abuela. Era una viejecita muy simpática que vivía en un claro del bosque y eso me hizo pensar que tendría que ir a visitarla para decirle el poco respeto que mostraba su nieta por nuestro querido bosque. Y como fui allí por el camino recto llegué el primero… ¡Vete a saber que no estaría haciendo aquella niña!
La abuela, al conocer cuál era el comportamiento de su nieta, no se lo pensó dos veces y decidió marchar, en ese mismo momento, a casa de su hija para explicarle todo lo que pasaba. Me pidió que esperase a la niña y le dijese que dejase la cestita con miel y que se volviese enseguida a su casa.
Pero como el día era frío y la abuela todavía no había encendido la chimenea, me puse su ropa y me metí en su cama. Pasado un buen rato, oí unos fuertes golpes en la puerta y suponiendo que era la niña, la invité a entrar. La niña, sin decir ni buenos días, nada más verme me dijo no sé qué, muy desagradable, en relación con mis orejas. Como ya he sido insultado en otras ocasiones, no le hice ni caso y le dije que eran así para poder escucharla mejor.
No os creáis, la niña me caía bien, pero volvió a hacer otra observación desagradable e insultante en relación con mis ojos tan salidos. Comprenderéis que ya me empezaba a sentir un poco incómodo y a encontrar a aquella niña bastante antipática, pero como no me quería enfadar, seguí con la broma y le dije que eran así para poder verla mejor.
Pero la niña no tenía bastante, le divertía meterse con los demás, y tocó precisamente mi punto flaco: los dientes. Siempre he tenido problemas con mis dientes, tan largos y afilados. He estado siempre acomplejado por este motivo y ese comentario me pareció muy ofensivo. Sé que tendría que haberme controlado, pero salté sobre ella para atemorizarla y le dije que eran para comerla mejor.
Seamos serios: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero aquella niña estrafalaria y mal educada comenzó a correr y a gritar. Yo, sorprendido, corría detrás de ella para calmarla, pero como la ropa de la abuela me molestaba, me la arranqué y eso fue todavía peor, porque la niña se asustó y gritó todavía mucho más.
De repente, la puerta de la casa se abrió y apareció un cazador con una escopeta. Sin preguntar lo que pasaba, comenzó a disparar a diestro y siniestro, aunque, por suerte, tenía tan poca puntería que me pude escapar por la ventana sin recibir ninguna herida.
Me gustaría decir que éste fue el final de la historia, pero no es así. La abuela, para que no se supiese que su nieta era una niña malcriada e insensible, no quiso decir nunca la verdad de lo que había pasado, cosa que provocó que rápidamente se extendiese el rumor de que yo era un animal feroz, devorador de niños, que estaba mal de la cabeza y en quien no se podía confiar. Todo el mundo comenzó a huir de mí, a evitarme, a ponerme malas caras.
Yo no sé que le pasaría a aquella niña estrafalaria y antipática, pero yo ahora estoy siempre solo y no soy nada feliz. ¡Nada feliz!

Estoy enamorado…

O por lo menos eso creo. Tengo todos los síntomas: no dejo de pensar en ella ni de día ni de noche, estoy deseando verla, pero a la vez temo ese encuentro. Tan pronto estoy eufórico y animoso, como me siento cobarde y triste. “Ay, si no me mirabas”. En fin, que me quedan dos días para positar y ya sólo pienso en ti, querida “oposi”.
De todas formas, me consuela leer lo que escribía Lope, pocos días antes de presentarse a las oposiciones de secundaria:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:
no hallar fuera del bien centro y reposo, 5
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave, 10
olvidar el provecho, amar el daño:
creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien positó lo sabe.

Y tampoco lo pasó bien del todo el amigo Quevedo cuando vio que se acercaba el día del examen práctico:

Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día,
y la última hora negra y fría
se acerca de temor y sombras llena.
Si agradable descanso, paz serena 5
la oposi en forma de dolor envía,
señas da su desdén de cortesía:
más tiene de caricia que de pena.
¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar piadosa viene 10
espíritu en miserias anudado?
Llegue rogada, pues mi bien previene
hálleme agradecido, no asustado:
mi vida acabe y mi vivir ordene.

Cuentos de vida

Creo que ya está bien de tanto victimismo. Voy a dejar de mirarme el ombligo pensando en la oposición que se me viene encima (el viernes, en un instituto llamado Utopía, ironías de la vida) y voy a poner aquí unos cuantos cuentos breves para desengrasar neuronas propias y ajenas. Además, esta vez tengo la autorización expresa para poder difundirlos…
Que los disfrutes:
CONVICCIÓN
La cuchara nace con un agujero redondo en el centro. Sabe que será manantial. (Francisco Garzón Céspedes)
UNA MUJER TAN LEVE
Era una mujer tan, pero tan leve, que, cuando se arrojó por la ventana para suicidarse, se quedó para siempre suspendida en el aire. (Armando Trejo Márquez)
AMOR
Adiós murió. (José Víctor Martínez Gil)
SABIDURÍA
–¿Qué se debe hacer cuando el ruiseñor se niegue a cantar?
–Retorcerle el cuello –contestó el primero.
–Obligarle cantar –dijo el segundo.
–Esperar a que cante –declaró el tercero, que era un sabio. (De la tradición oral japonesa)
EL NARRADOR
Había una vez un hombre a quien amaban porque contaba historias. Todas las mañanas salía de su aldea, y cuando volvía al atardecer, los trabajadores, cansados de haber trajinado todo el día, se agrupaban junto a él y le decían:
–¡Vamos! Cuéntanos qué has visto hoy.
Y él contaba.
–He visto en el bosque un fauno que tañía la flauta y hacía bailar una ronda de pequeños silfos.
–Cuéntanos más. ¿Qué has visto? –decían los hombres.
–Cuando llegué a la orilla del mar vi tres sirenas, al borde de las olas, que con un peine de oro peinaban sus cabellos verdes.
Y los hombres lo amaban porque les contaba historias. Una mañana dejó su aldea como todas las mañanas; pero cuando llegó a la orilla del mar, he aquí que vio tres sirenas, tres sirenas al borde de las olas, que peinaban con un peine de oro sus cabellos verdes. Y continuando su paseo, cuando llegó al bosque vio un fauno que tañía la flauta a una ronda de silfos.
Ese atardecer, cuando volvió a su aldea y le dijeron, como las otras noches:
–¡Vamos! Cuenta, ¿qué has visto?
Él contestó:
–No he visto nada. (Contado por Oscar Wilde a André Gide)

El monte de las ánimas

Creo que ya están aquí. Llegan sibilinos, como quien no quiere la cosa, seguros y pacientes, como lobos hambrientos: sabedores de que al final agotarán a la presa. Los nervios.
Y no sé si son nervios, pero el caso es que empiezo a pasarme todo el día pensando en el examen del viernes y en que mañana salen los tribunales. Y no soy capaz de concentrarme, ni sé por dónde hincar el diente a tanto temario (total para cuatro puntos de treinta) y organizo lo que tengo, me doy una vuelta, salto de aquí allá. Y de vez en cuando, el nudo en el estómago. Y la duda. Ser o no ser. Por qué no me habré presentado a latín o a griego que es lo mío (huele, ya de lejos, a excusa, por si las cosas se tuercen).
Ah, mísero de mí, ah infelice (con e paragógica), apurar cielos pretendo…
En fin, que iré por estos montes y riberas, ni cogeré las flores, ni temeré las fieras y pasaré los fuertes y fronteras.

Crónica de una muerte anunciada

Me suena que el libro es de García Márquez, pero a estas alturas podría ser perfectamente de cualquier otro. De hecho, ya no tengo muy claro ni quién escribió El Quijote, si Cervantes o Lope de Vega o el tal Cide Hamete Benengeli o su prima de Avellaneda.
En fin, que entro en la semana grande: el viernes comienzo los exámenes de la oposición y me he sentado en mi propio diván para analizar estos momentos, quizá con cierto espíritu sadomasoquista. Pero, la verdad sea dicha, he de reconocer que a día de hoy no estoy nervioso ni he perdido el sueño (lo mismo mañana he cambiado de opinión). No sé si eso es bueno o es malo, pero es lo que hay.
No puedo negar que cada vez que oigo “23” doy un respingo, y que si me paro y lo pienso me entra cierta aprensión que me impide la aprehensión del tema que esté estudiando en ese momento. Pero eso son sucesos puntuales.
Cuando me preguntan qué tal llevo la oposición, contesto con toda sinceridad que no lo sé, porque esta es la primera vez (y espero que la última, no vamos a amargarnos antes de tiempo) y que, si saben rezar, recen para que me toque el único tema que me he aprendido, porque he arriesgado y he decidido aprenderme sólo un tema. Ahora, ése me lo sé mejor que nadie… Sí, es broma, es la típica parida que se te ocurre cuando te han preguntado trescientas veces qué tal llevas tu oposición (de todas formas, se agradece que pregunten y no es tan broma: si cae el 41 mejor que mejor).
Mañana será otro día, otro día menos y no sé si dedicar esta semana a hacer comentarios de texto, a repasar los esquemas de los temas que he conseguido esquematizar, a piscoanalizarme cibernéticamente en el blog o si tumbarme a la bartola a ver el mundial. Creo que haré un poco de cada…

Selección de libros para el verano

Llega el verano y quien más quien menos se hace el propósito de leer más. Afortunadamente, tengo un amigo que se dedica a hacer reseñas de libros para varias revistas y ha tenido el detalle de enviarme una selección para este verano, que voy a intentar colgar en esta entrada. La verdad es que había escrito otra entrada totalmente distinta, mucho más profunda y elaborada durante cerca de veinte minutos, pero al ir a publicarla me he encontrado con aquello de “página no encontrada” y cuando he vuelto para atrás no quedaba ni rastro… Así que no me he encontrado con fuerzas de repetir el parto y otra vez será. Y no, no tenía nada que ver con la oposición porque no estoy en absoluto obsesionado con el tema, ni me preocupa que la próxima semana a estas horas ya haya hecho el primer examen, de hecho, no pienso hacer la más mínima referencia a la p.oposición en esta entrada.

Vaya, una vez más no soy capaz de subir el archivo, así que me limito a poner los títulos a continuación (en el archivo se incluía un breve comentario de cada uno). Evidentemente, la mayoría ni me los he leído (yo ya no leo, sólo estudio) y hay algunos que de momento no pienso leer (como el del chico de las gafas, tan mago él), pero me fío plenamente del seleccionador (ahora me he puesto mundialista). Que los disfrutéis.

SELECCIÓN DE LIBROS VERANO 2006

AUGE DE LA LITERATURA FANTÁSTICA

Joanne K. Rowling, Harry Potter y El Misterio del Príncipe, Salamandra. Barcelona (2006), 608 págs. 20 euros.

C. S. Lewis, Trilogía de Ransom, Minotauro. Barcelona (2006), Tres volúmenes. 16 euros.

Susana Clarke, Jonathan Strange y el señor Norrell, Salamandra. Barcelona (2005), 795 págs. 23,20 euros.

Javier Negrete, Señores del Olimpo, Minotauro. Barcelona (2006), 364 págs. 19,50 euros.

NOVELAS POLICÍACAS QUE NO DEFRAUDAN

Dorothy Sayers, El misterio de Bellona Club, Lumen. Barcelona (2005), 334 págs. 18 euros.

Qiu Xiaolong, Muerte de una heroína roja, Almuzara. Córdoba (2006), 490 págs. 22 euros.

Henning Mankell, Antes de que hiele, Tusquets. Barcelona (2006), 471 págs. 20 euros.

NOVELAS DE TODAS LAS MARCAS

Ian McEwan, Sábado , Anagrama. Barcelona (2005), 330 págs. 18 euros.

Philip Roth, La conjura contra América, Mondadori. Barcelona (2005), 428 págs. 21 euros.

Arturo Pérez-Reverte, El pintor de batallas, Alfaguara. Madrid (2006), 304 págs. 19,50 euros.

Nicole Krauss, La historia del amor, Salamandra. Barcelona (2006), 287 págs. 16 euros.

Irène Némirovsky, El baile, Salamandra. Barcelona (2006), 94 págs. 9 euros.

M.G. Vassanji, El mundo incierto de Vikram Lall , Salamandra. Barcelona (2006), 445 págs. 17,40 euros.

Alberto Sánchez Piñol, Pandora en el Congo, Suma de Letras. Madrid (2005), 423 págs. 19 euros.

LA AMENIDAD DE LAS REEDICIONES

Willa Cather, Los libros de cuentos, Alba. Barcelona (2006), 560 págs. 31,50 euros.

Stefan Zweig, La impaciencia del corazón, Acantilado. Barcelona (2006), 464 págs. 26 euros.

Flanney O’Connor, Cuentos completos, Lumen. Barcelona (2005), 842 págs. 20 euros.

Saki, Cuentos completos, Alpha Decay. Barcelona (2006), 818 págs. 42 euros.

Rafael Sánchez Mazas, Pequeñas memorias de Tarín, Península. Barcelona (2005), 204 págs. 16 euros.

SATÍRICOS RUSOS Serguey Dovlátov, El compromiso, Ikusager. Vitoria (2005), 182 págs. 15 euros.

Vladímir Voinóvich, Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin, Libros del Asteroide. Barcelona (2006), 376 págs. 19,95 euros.

REDESCUBRIMIENTOS

Robert Liddell, Los últimos hechizos, Lumen. Barcelona (2006), 303 págs. 13,90 euros.

William Gerhardie, Inutilidad, Siruela. Madrid (2006), 209 págs. 20 euros.

OTRA MIRADA SOBRE LA GUERRA CIVIL

Joan Sales, Incierta gloria, Planeta. Barcelona (2005), 697 págs. 26 euros.

Manuel Chaves Nogales, A sangre y fuego, Espasa. Madrid (2006), 256 págs. 21,90 euros.

LA HORA DEL MEMORIALISMO

Sándor Márai, ¡Tierra, tierra!, Salamandra. Barcelona (2006), 446 págs. 17 euros.

Willy Peter Reese, Un extraño para mí mismo, Debate. Barcelona (2005), 226 págs. 18 euros.

John Dos Passos, Años inolvidables, Seix Barral. Barcelona (2006), 341 págs. 18 euros.

Sergio Pitoll, El mago de Viena, Pre-Textos. Valencia (2005), 271 pág. 18 euros.

Anónima, Una mujer en Berlín, Anagrama. Barcelona (2005), 323 págs. 18 euros.

DESCANSAR CON POESÍA

Ernestina de Champourcin, Presencia a oscuras, Rialp. Madrid (2005)., 83 págs. 7 euros.

Carlos Pujol, Versos de Suabia, Pre-Textos. Valencia (2005), 70 págs. 11 euros.

Miguel D’Ors, Sol de noviembre, Númenor. Sevilla (2005), 80 págs. 12 euros.

Juan Meseguer Velasco, Bancos de Arena, Rialp. Madrid (2006), 68 págs. 7 euros.

LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

C. S. Lewis, Crónicas de Narnia, Destino. Barcelona (2005)

Tonke Dragt, Carta al rey, Siruela. Madrid (2005), 4655 págs. 19,90 euros.

Antonio Sánchez Escalonilla, Ana y la Sibila, Bambú. Barcelona (2006), 302 págs. 11,50 euros.

Julio César Romano, El pozo de los mil truenos, Palabra. Madrid (2006), 144 págs. 7 euros.

César Fernández, La magia del samurai, Bruño. Madrid (2006), 190 págs. 6,50 euros.

Francisco Javier Pérez Foncea, Iván de Aldénuri: La Herencia del Bèrehor, Libroslibres. Madrid (2006), 330 págs. 15 euros.

ENSAYOS Y BIOGRAFÍAS

Meter Seewald, Benedicto XVI: Una mirada cercana, Palabra. Madrid (2006), 315 págs. 18 euros.

Gilbert Keith Chesterton, Lo que está mal en el mundo, Ciudadela Libros. Madrid (2006), 206 págs. 19,50 euros.

Jung Chang y Jon Halliday, Mao. La historia desconocida, Taurus. Madrid (2006), 1.030 págs. 28 euros.

José M. García Pelegrín, La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler, Libroslibres. Madrid (2006), 200 págs. 14 euros.

Jean Flori, Leonor de Aquitania>. La reina rebelde, Edhasa. Barcelona (2005)., 676 págs. 32,50 euros.

Julián Marías, La educación sentimental, Alianza Inger Enkvist, Repensar la educación, Ediciones Internacionales Universitarias. Pamplona (2006), 160 págs. 11 euros.

Fernando García de Cortázar, Los perdedores de la Historia de España, Planeta. Barcelona (2006), 618 págs. 22,50 euros.

Ronald Knox, Evelyn Waugh, Palabra. Madrid (2005), 372 págs. 24 euros.

Juan Carlos Castillón, Amos del mundo. Historia de las conspiraciones, Debate. Barcelona (2006), 348 págs. 19 euros.

G. K. Chesterton, Correr tras el propio sombrero (y otros ensayos), Acantilado. Barcelona (2005), 628 págs. 27 euros.

Francisco Varo, Rabí Jesús de Nazaret, Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid (2005), 224 págs. 14 euros.

José Morales, Los musulmanes en Europa, EUNSA. Navarra (2005)., 160 págs. 12 euros.

Irene Lozano, Lenguas en guerra, Espasa Calpe. Madrid (2005)., 205 págs. 19,90 euros.

José Ramón Ayllón, Diez claves de la educación, Styria. Barcelona (2005)., 222 págs. 15 euros.

Oposita que algo queda

Mañana quedará justo una semana para el examen de la oposición y estoy convencido de que cada día sé menos, de que me he organizado mal, de que necesito un par de meses más…
Empieza a pulular por mi cabeza demasiada gente, todos demasiado importantes, con demasiadas obras, con demasiadas teorías.
Sin saber por qué, de vez en cuando, de entre tanta gente hay datos absurdos que se graban a fuego y que relacionas unos con otros aunque no tengan la más mínima relación.
Por ejemplo, me acuerdo, varias veces al día, de que Galdós nació en 1843 y cuando me acuerdo de eso, me acuerdo de que Quevedo lo hizo en 1580 y de que Martín Nucio fue el primero en hacer una colección de romances y de que Leonor de Córdoba es la primera escritora conocida en lengua española, allá por finales del XIV.
O también ocurre con frecuencia que te quieres acordar de algo y no lo consigues. De repente te acuerdas de La señorita de Trévelez, pero no sabes de quién es, o te acuerdas de Jacinto Grao, pero no sabes a qué movimiento pertenece. Y piensas en qué escribió Juan Goytisolo y no hay manera, en ningún sitio de tu cabeza encuentras las dichosas Señas de identidad.
Lo mejor son las reglas mnemotécnicas absurdas que se te ocurren sobre la marcha: siempre he confundido Gerardo Diego con Jorge Guillén, quizá por el gejogogui, pero ahora ya no dudo de que fue Jorge Guillén quien escribió Cántico, porque es el que también tiene una “n” en el apellido.
Y cuando más desesperado y alicaído estás, para recuperarte, te das una vuelta por los foros de oposiciones de la web, para descubrir que no eres un caso raro, sino, una vez más, de lo más normalito: nadie se acuerda de nada, todo el mundo está estresado, desesperado, arrepentido… y todos, para sentirnos bien con nosotros mismos, creemos tener el síndrome del opositor.
Además, el tribunal no lleva tanto tiempo estudiando como tú, ni son tan malas personas, ni te odian por nada especial… y, por si fuera poco, como decía Santa Teresa de Jesús pensando en el cielo cuando se iba a luchar con los moros junto con su hermano pequeño, después llega uno a ser funcionario “para siempre, para siempre, para siempre…”
La señorita de Trévelez es de Arniches… Creo.