¡Feliz Noche!

Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

Así de sencillo. Y así de sublime. Nos gustaría saber mucho más del cómo y el cuándo. Pero nos basta con saber, como me está soplando mi sobrino David (no me ha dejado poner D.), que nació el Niño Jesús.

Y eso es lo que da sentido a que poco a poco la casa se vaya llenando de voces, villancicos y alegría. Siempre con cierto retraso sobre el horario previsto. Habíamos quedado a las ocho y todavía faltan cuatro familias (es decir, que solo faltan 30 de los 45 que nos juntamos esta noche). De lo único que puedo tener esta vez cierta certeza es de que no llegaré tarde a la misa del gallo… Porque soy yo el que la celebro y no creo que yo mismo empiece sin mí.

Entre tanto a disfrutar la Navidad, a aprovechar para volver a escribir en este sitio que tiene más telarañas que la cueva de Belén y a desear a cuantos se pasan por aquí intencionadamente o por casualidad… ¡¡¡FELIZ NOCHE!!!

Y de regalo, un microcuento navideño:

Al acabar de escribir esto ya solo faltan 23 por llegar.