Punto de vista

Le acusaban de estar siempre en las nubes y él no sabía cómo decirles que en “modo vuelo” veía mejor a las personas.

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Te debo una disculpa…

Te debo una disculpa, lo sé. Hace tiempo que quiero pedirte perdón, pero pedir perdón nunca me ha resultado fácil… y me es más difícil cada día que paso sin hacerlo.

Y antes de pedir perdón uno busca repartir las culpas, porque aceptar que la culpa es solo mía, pesa demasiado. Pero en este caso, la culpa es solo mía. Podrías echarme en cara con razón que ha desaparecido esa ilusión del principio, que poco a poco te he ido relegando, a la espera de que vengan momentos en que tenga tiempo que dedicarte, en lugar de tener tiempo para que vengan esos momentos.

Yo podría echarte en cara que no siempre has brillado por tu discreción, que a veces te he contado cosas muy personales que no te ha importado publicar a los cuatro vientos. Pero nunca me dijiste que me fueras a guardar el secreto. Es más, siempre sabía a lo que me exponía si te lo contaba.

Podría echarle la culpa al tiempo, pensar que ocho años son muchos para según qué cosas y que el deterioro era inevitable. Pero sé que sería una forma de tranquilizar la conciencia, porque es más fácil echar la culpa al tiempo que no se puede quejar (ni falta que le hace) que asumir yo solo las responsabilidades. Pero máxima libertad, máxima responsabilidad.

Quizá el “arrutinamiento” haya sido inevitable, hasta el punto de haber llegado a pensar que ya no tengo nada que contarte, que tal vez la vida no es tan cuento como creía… Sé que no es la primera vez que pasamos por situaciones parecidas, pero hasta ahora nunca había llegado hasta el punto de que alguien, en este caso R, un amigo común, me tuviera que mandar un mensaje el 27 de mayo para recordarme lo nuestro: “Oye, casi se me pasa… ¡feliz cumpleblog!”.

Pues sí, el 27 de mayo este blog cumplió ocho años… Y la verdad es que han sido ocho años fantásticos, en los que la vida se ha ido convirtiendo en el mejor de los cuentos… De hecho, hace ocho años, no podía imaginarme que iba a estar hoy aquí, escribiendo en el blog, después de leer, divertido y avergonzado, lo que escribí en la primera entrada:

Queda menos de un mes para la oposición de Lengua Castellana y Literatura y quizá no sea el mejor momento para empezar a escribir en un blog. Pero no sé, quizá lo de escribir no sea tan difícil. Empezaré escribiendo sólo diez minutos cada día, o cada dos días. Poco a poco algún navegante extraviado llegará a esta orilla de la red y me acabará leyendo. Se empezará a correr el rumor a velocidad cibernética y entonces alguna editorial se dará cuenta de que aquí hay todo un filón, me pagarán una pasta gansa por adquirir los derechos, que aceptaré después de hacer ver que el dinero no es todo para mí. Me podré comprar un ordenador nuevo y dedicar más tiempo a escribir. El Quijote se quedará a la altura del betún y podré dedicar tres o cuatro horas diarias a escribir. Al cabo de poco más de un año un tal Spielberg me pedirá, por favor, que le deje hacer una película sobre mi blog. Con esos milloncejos me compraré un piso como Dios manda, sin importarme un ápice la especulación urbanística y empezaré a viajar y a ver el mundo que me queda, que no es poco, tratando de descubrir trozos de paraíso (todo el mundo sabe que después del penoso incidente de la manzana el paraíso explotó y ha quedado algo diseminado, pero todavía es posible encontrar algún que otro lugar intacto). Alcanzaré fama mundial y las generaciones futaq89qgqt 8uq mcfb wervuqc0wfjcvifbh wyru jv ‘9q3

¡¡¡MIERDA!!! ¡¡SE ME HA VUELTO A COLGAR INTERNET!!

Y tampoco me podía imaginar que durante este tiempo el blog me iba a dar tantas alegrías y tantas sorpresas, como aquella inesperada llamada de hace unos años, que me pasó la conserje del instituto:

-Eduardo, no me conoces de nada, pero no te imaginas lo que me ha ayudado tu blog en determinados momentos de mi vida. Estoy en una situación desesperada y al final me he decidido a buscar el teléfono del instituto y llamarte porque quería pedirte un consejo…

Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.