Un Cuaderno de Escritura y unas risas

Me llegó el otro día un mensaje inesperado de A., a quien di clase en 1º de la ESO allá por el 2006 y que seguro que ha salido en más de una entrada de este blog. El caso es que el otro día estuvo releyendo su “Cuaderno de Escritura” de 1º de la ESO y, a punto de morir de risa y de nostalgia, me envió un mensaje porque en uno de los comentarios que le había hecho yo al corregirlo, le había puesto algo así como: “A., creo que cuando leas esto dentro de diez años te morirás de la risa”. Tras mi firma y la fecha (9.I.07) había añadido: “para leer el 9.I.17”. Quizás gracias a haberlo leído con casi dos años de antelación solo se ha partido de risa, sin llegar a morirse…

Y he lamentado haber dejado de mandar escribir el “Cuaderno de Escritura” los últimos años que di clase. Dejé de mandarlo porque nunca me daba tiempo a corregirlo y no me parecía justo exigir algo que no iba a poder mirar con detenimiento, aunque siempre les explicaba que era un trabajo sobre todo para ellos, no solo para que le perdiesen el miedo a la palabra escrita, sino también para que aprendieran a disfrutar con la escritura.

Para muchos alumnos que tuvieron que hacerlo sé que fue un pequeño infierno, porque no eran capaces de llegar más allá del “si relleno tantas hojas, me pone tanta nota”, ni podían dejar de pensar en que me lo escribían para mí, aunque yo les insistía en que era más que probable que no pudiese leer la mayoría del cuaderno. Sin embargo, creo que la experiencia mereció (y merece) la pena, porque hubo quien descubrió el placer de escribir, quien se desahogó, quien consiguió subir un poco la nota… y quien unos cuantos años después corre el riesgo de morirse de la risa.

Acabo de recordar que algún vez lo mandé “electrónico”. He buscado en mi ordenador y esta es la primera entrada del primero que me he encontrado:

Creo que estoy enamorado.

Llevo más de dos meses en los que no puedo dejar de pensar en la persona que más me quiere en el mundo. Yo sé que ella está enamorada de mí, pero no sé si ella sabe que yo estoy enamorado de ella. No me atrevo a decírselo porque soy muy vergonzoso, además sé que podríamos llegar a ser muy felices los dos juntos […] No puedo soportarlo ni un minuto más. Se me ha pasado por la cabeza el suicidio como a todos esos enamorados que aparecen en los libros que tengo que estudiar en la asignatura de Lengua. Toda la vida pensando que esos escritores estaban locos por escribir cosas así, pero ahora les comprendo y siento lo mismo que ellos. Por el momento lo único que puedo hacer es volver a la cama e intentar dormir un poco ya que son las seis de la mañana y dentro de una hora y media me tendré que levantar para ir al instituto”.

No es que esté muy bien escrito y probablemente sea solo puro “postureo”, pero rebosa adolescencia por los cuatro costados, a pesar de que he corregido las faltas de ortografía. No te preocupes, no llegó a suicidarse (y me temo que tampoco a declararse).

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