Di Estafano, la leyenda

Ahora mismo estoy corrigiendo unos exámenes, una de las tareas más desagradables e ingratas del oficio de profesor, además de frustrante en muchas ocasiones, porque te demuestra tu poco éxito como docente, lo que no quita para que de vez en cuando, en lugar de llorar, te eches unas risas. En una de las preguntas pedía la definición de leyenda como género narrativo y esta es la mejor respuesta que he encontrado hasta ahora (respeto, como siempre, la ortografía original):

Las leyendas son personajes como heroes de hace tiempo ejem: Di Estafano que era muy bueno en el futbol.

Pues nada, voy a poner un poco más de empeño porque a este paso me temo que yo no me convertiré en una leyenda como profesor…

PS: Lo que no sé es si la famosa crisis económica ha influido en el subconsciente de mi pobre alumno para equivocar el nombre: “Di: ¡estafa, no!”.

De incapacitate

Estamos dando los textos argumentativos en 4º y una de las actividades que han tenido que hacer es escribir un pequeño ensayo de unas dos páginas sobre cualquier tema. En clase leímos y corregimos unos cuantos, pero cuando sonó el timbre, se me acercó X porque quería enseñarme también lo que él había  escrito. Era ya toda una grata sorpresa que hubiese escrito algo (por primera vez en lo que va de curso), pero más aún que quisiese compartirlo.

Quizá no sea el ensayo más profundo que uno haya leído, pero creo que expone algunas ideas interesantes, así que le he pedido permiso y aquí lo reproduzco, tal cual lo escribió:

La incapacidad es algo que odio y me desespera a causa de las repercusiones que he tenido por su culpa estos ultimos años. Esta claro que todo el mundo tiene algo que le supera y que es incapaz de hacer, ¿por que mi incapacidad no iba a ser el estudio?
Ya oigo a mi madre al fondo del pasillo voceandome mientras repaso en voz alta lo que voy escribiendo: “Tu eres tonto chico!! lo que te pasa es que eres un vago y no te da la gana estudiar”. Despues de esto es cuando pienso : “Evidentemente… si no fuese un vago lo haria sin ningun problema pero parece que es muy facil decir ponte a hacer esto y ponte a hacer lo otro…” es como si dices que el ciego no ve porque no quiere o que el sordo es que no le da la gana escuchar, son tonterias en mi opinion. O ya me imagino las palabras de un arquitecto o un ingeniero “eso que dices es una estupidez, tu lo que eres es un cobarde!! yo me he sacrificado y me he esforzado para llegar a donde estoy y nadie me a regalado nada…” y es cuando dices: “ya amigo, es que eso nadie lo a puesto en duda… pero en definitiva si lo conseguistes es porque fuiste capaz de hacerlo, para mi es logica aplastante y no tiene mucho mas misterio…”
Resumiendo mi incapacidad a resultado ser una de las cosas mas importantes y que mas repercusion tienen a lo largo de tu vida pero por el momento no he dado con ninguna solucion ya que he pasado dias enteros durmiendo en casa por aburrimiento pero incapaz de hacer 2 ejercicios que mando el profesor de matematicas el dia anterior. De ahi que piense en que pueda haber personas incapaces de hacer algo que parezca tan sencillo como hacer los deberes y estudiar a diario, por ello que escriba este intento de ensayo, para que la gente se conciencie sobre este tema y ya de paso hacer uso de mi libertad y quien sabe si dando el primer paso para acabar con mi incapacidad ya que es el primer texto de los que me han mandado en lengua que hago en un par de años.

Una de las ideas interesantes que expone X es que la incapacidad para estudiar es comparable a alguna incapacidad física: si uno es ciego, no ve, por más que lo intente, si alguien tiene excesivo sobrepeso será incapaz de bajar de los cuatro minutos en los mil metros, por más que se lo proponga… Y, efectivamente, cada día se encuentra uno con alumnos que quieren, pero que ya no pueden. Y no saben lo bien que les entiendo, porque cada día me encuentro a mí mismo fallando en cosas que para otros deben de ser terriblemente sencillas. Y sé de lo desesperante que resulta saber que uno tiene que hacer algo, no tener mayor impedimento “objetivo” para llevarlo a cabo y, sin embargo, ser totalmente incapaz de conseguirlo. Es lo que dice X en su texto: es capaz de aburrirse toda la tarde antes de ponerse a hacer los ejercicios de matemáticas. Y lo peor es que mientras uno se aburre mortalmente se va amargando porque sigue sin ponerse con las matemáticas. Y uno es capaz de engañarse con cualquier excusa. Una de las más típicas que acaba dando al traste con toda una tarde es “primero miro diez minutos el ordenador y luego me pongo…”.

Ahí radica el problema, en el “luego”, una palabra de triste historia que ha pasado de significar en castellano antiguo “inmediatamente” a un “vete tú a saber cuándo” en el castellano actual (como cuando te cruzas por el monte con algún desconocido al que no volverás a ver en tu vida y le saludas con un sentido: “¡Hasta luego!”). Sin embargo, con todo, esa incapacidad, esa falta de voluntad y empeño sigue pareciendo más asequible de vencer que las incapacidades físicas. Quizá uno no sea capaz de pasar de no estudiar nada a estudiar tres horas diarias en menos de una semana, pero probablemente le lleve menos tiempo que adelgazar veinte kilos.

Hablando con X coincidíamos en que una de las claves es el primer minuto. Ese minuto en el que uno logra sentarse delante del libro y abrirlo. A partir de ahí todo es más sencillo. Y para conseguir ese primer minuto tal vez compense cambiar las circunstancias: si nunca he sido capaz de estudiar en mi casa por la tarde, a lo mejor podría intentar hacerlo en una Biblioteca, o entregarle a mi madre el cable del ordenador y pedirle que no me lo devuelva hasta que me haya visto estudiar… Y si uno consigue unas pequeñas victorias, el mismo éxito, por pequeño que sea, empezará animándole. Por ejemplo, X ha sido capaz de escribir el texto de arriba, después de dos años sin haber hecho nada de Lengua: ¿no es eso ya un principio fantástico? Además, me consta que ha habido un par de borradores previos al texto definitivo. Y sí, estará lleno de faltas de ortografía, de incorrecciones gramaticales, pero detrás de todo eso se puede observar la lucha de un inconformista que ha decidido dejar de ser esclavo de sí mismo y empezar a dirigir su vida. Y espero de veras que los fracasos que haya ido cosechando esta semana, desde que me entregó el artículo, no hayan sido capaces de desanimarle: son los resbalones necesarios para salir de unas arenas movedizas. Si cambiar fuese tan fácil como proponérselo la cosa no tendría gracia.

¿Por qué lo haces?

De vez en cuando me llegan correos de opositores que han utilizado el material que tengo colgado en la red y quieren agradecérmelo. Y yo les agradezco de veras sus correos. Esta semana me llegó el siguiente mensaje de J con el asunto: “Bandolero agradecido”:

Hola Eduardo,

soy J. Disculpa si te molesto.

Soy uno que ha saqueado tu blog de oposiciones y mientras descargaba los archivos me sentía como un sarraceno, un pirata, un expoliador.
Para remendar mi culpa he pensado en escribirte un correo de agradecimiento. Así que he usado la magia de Google para encontrarte.

Sin embargo, ahora pienso que nunca podré agradecer tu gesto ¿altruista? Palabra hueca ya.

En fin, que lo mismo un par de cervezas siempre valen. Si voy por Madrid o te dejas caer por Barcelona…

Un abrazo.

Oye, si me permites la pregunta, ¿por qué lo haces?

Y ante su pregunta me he quedado un tanto pensativo, porque creo que yo mismo no me la planteé cuando decidí colgar los materiales. Y la primera respuesta que me sale es un tanto gallega: “¿Y por qué no?”. Y la segunda, madrileña: “Porque me da la gana”.

Pero me imagino que también hay otras razones más profundas: que, como digo en mi perfil, creo que el ser humano tiene una necesidad innata de comunicarse y de contar y compartir con los demás; que la vida, como decía Mauro, es una cadena; que un día en una aldea perdida de Portugal Amándio me enseño lo que es solidaridad; que es la manera de dar las gracias a tantos que me han enseñado tanto sin esperar nada a cambio; que no cuesta tanto convertir el mundo en un lugar un poco más agradable; que es una forma de agradecer todo el material que a su vez yo me he encontrado por la red… De hecho, J no tiene que sentirse tan pirata, sino tener su conciencia mucho más tranquila, porque quien roba a un ladrón…

Y quizá la razón última también pueda ser que es una forma de asegurarme un buen par de cervezas, que me pienso cobrar, ya sea en Madrid o en Barcelona.

Una necesidad de la humanidad

A la vuelta de vacaciones aproveché la primera clase para hablar de lo bien que nos vienen a veces las fechas para ayudarnos a hacernos propósitos y que quien más quien menos suele aprovechar el año nuevo para plantearse algunos… Y les dije que yo, junto a otros más personales, me había hecho el propósito de aprobar a todos mis alumnos. Hubo un segundo de “¡qué ilusión!”, pero enseguida se reflejó en su cara la duda junto a la certeza de que aquello tenía truco.

Y sí, lo tenía, porque les expliqué que hay propósitos que dependen en gran parte de mí, por ejemplo leer todos los días veinte minutos, y hay otros que no dependen sólo de mí, por ejemplo el propósito de ganar todos los partidos de fútbol que juegue. Y medio sin querer empecé a subirme por las ramas (con tal de no dar clase, escuchan lo que sea) y acabé hablando de que cada uno se tenía que hacer el propósito de estudiar todos los días y traté de explicarles que, en el fondo, hay una gran diferencia entre libertad y libertinaje y que el auténticamente libre es el que es capaz de elegir lo correcto… Para ilustrar esta tesis (en realidad todo aquello era una forma de mostrar lo que es un texto argumentativo, que es lo que tocaba)  les puse el ejemplo de dos alumnos, uno de los cuales se propusiera durante dos meses jugar a la Play dos horas todas las tardes y el otro estudiar dos horas. Al preguntarles quién creían que era más libre, la mayoría contestó que los dos eran igualmente libres (aunque yo creo que en el fondo pensaban que el libre de verdad era el de la Play). Pero después les pedí que imaginasen el intercambio de papeles: el alumno de la Play decide ponerse a estudiar dos horas diarias y el alumno estudioso en cambio decide ponerse a jugar a la Play… La conclusión sale sola (o eso espero).

Y ya en lo más elevado de mi discursito les animé a pensar de qué eran esclavos: hay esclavos de la nevera (risas de me han pillado), hay esclavos de la música, hay esclavos del Tuenti (más risas), hay esclavos de las series de televisión, hay esclavos del móvil… Y en ese momento, C ya no pudo más: “Ah, no, Eduardo, del móvil no se puede prescindir: es una necesidad de la humanidad”. Me sentí tan brutalmente arrastrado al mundo real que me costó reaccionar. Tiempo que aprovechó C para asegurar que si se quedaba sin móvil se moría… Se me ocurrió contestarle que había varios miles de millones de personas en el mundo que carecían de móvil y me miró con cara de incredulidad y me dijo “anda ya, ¿cómo va a haber miles de millones sin móvil?” y entonces alguien vino en mi ayuda: “Claro, C, ¿y en África?”…

También intenté recordarle que algunos no hemos tenido móvil hasta pasados los 30… Lo que contribuyó, una vez más, a llevarme al pleistoceno. Además, para rematar la faena, se me ocurrió decir que no había visto ningún capítulo de ninguna serie española desde que tengo memoria… Y saltó la pregunta inevitable: “¿Pero tienes tele?”. Y ante la cara de incredulidad de más de uno, me doy cuenta de que mi vida en ocasiones les resulta bastante improbable y que si sigo haciendo declaraciones de este tipo acabarán por encerrarme en el psiquiátrico, así que casi que me voy a poner a defender el móvil como necesidad de la humanidad… y me estoy quedando corto.

El Cuaderno de Escritura

Desde hace no sé cuánto, en casi todos los grupos en los que doy clase suelo mandar un “Cuaderno de Escritura”. La idea se la tomé a José Luis Pastor, un profesor de Navarra al que conocí en mis inicios docentes (y no de la película Freedom writers, que no he visto), y consiste en que los alumnos tengan un cuaderno en el que vayan escribiendo de cualquier tema, aunque algunas redacciones son pautadas: “Escribid un texto que empiece con la frase: ´La verdad es que nunca me han gustado los arcoíris’; inventad un final para el siguiente cuento…; haced un texto argumentativo sobre…”, pero el resto de las redacciones quedan a la creatividad de cada quien. La idea de fondo es que descubran el gusto por la escritura.

Con frecuencia me planteo si tiene una utilidad real. A la mayoría de los alumnos sólo (lo siento, soy incapaz de dejar de poner la tilde en ese “sólo” y creo que la seguiré poniendo, aunque me quede solo, pero basta, que de esto hablaré solo otro día)… decía que a la mayoría de los alumnos sólo les interesa la nota: escriben quince caras de un cuaderno tamaño cuartilla y tienen medio punto en la nota final de la evaluación; y te lo entregan el último día con los textos que han escrito a toda velocidad, cada vez con letra más grande y la mitad de ellos hablando de que no se les ocurre ya nada y todavía les quedan seis páginas.

Muchos cuentan cosas banales, otros utilizan textos que apestan a Ctrl+C-Ctrl+V, otros demuestran con alevosía sus carencias expresivas y ortográficas, pero también los hay que acaban contándote de todo (y uno se siente a veces aturdido y noqueado ante tanta confianza y tanta confidencia) o los que disfrutan de veras. Yo les insisto en que escriban sobre todo para ellos, entre otras cosas porque no me es posible corregir todos los textos de todos los cuadernos (15 páginas por 90 alumnos son demasiadas páginas) y porque, aunque ahora me odien por mandarles “el cuadernito ese de escritura” sé que dentro de diez años me lo agradecerán… O incluso antes. Lo que me anima a seguir mandando el dichoso cuaderno son mensajes como el que me envió el otro día J, un alumno al que di clase cuando estaba en 2º de la ESO y  que ya campa por el bachillerato:

Q pasa proofe?! t acuerdas q t dije q gracias a tus cuadernos de escritura ahora escribia poesia ‘decente’, bueno, pues aqui esta la prueba jaja: jorgesanzbermejo.blogspot.com ya m cntaras, kuidate Eduardo.

Lo sé: le metí el gusto por la escritura, pero no tanto por la ortografía. No se puede tener todo. En fin, os animo a echarle un ojo a esa poesía fresca y comprometida, a veces tierna, a veces divertida, a veces irreverente, a veces satírica y epigramática, de alguien que se ha dado cuenta de que la mejor forma de expresar lo que uno siente es un buen poema o, por lo menos, un Cuaderno de Escritura. Y este blog es mi Cuaderno que habría dejado también de existir si no fuese porque me consta que ahí, al otro lado de la pantalla, todavía me quedan lectores que me esperan… o “leyentes”: “Eduardo, a ver si actualizas, que tus leyentes te estamos esperando”, me dijo S esta mañana, algo indignado por mi falta de seriedad… en lo que a escribir con regularidad se refiere.

La Noche de los Artistas Desconocidos

El lunes pasado participé en la “Noche de los Artistas Desconocidos”, organizada por un antiguo alumno (de los que estaban en 2º de la ESO hace siete años) que trabaja en la Revista Ritmos XXI. Un día de principios de diciembre, Marcos me encontró por casualidad y me dijo que me andaba buscando, que si me interesaba participar en la “Noche de los Artistas Desconocidos” (no sé si por lo de artista o por lo de desconocido) y como casi nunca sé decir que no, le dije que sí… y no me arrepiento.

El evento se desarrolló en La escalera de Jacob, un local situado en Lavapiés y fui yo el encargado de abrir la Noche con unos cuantos cuentos. Después empezaron a salir distintos artistas al escenario, cada quien con lo que se había preparado para la ocasión, sin que la mayoría se conociese de antemano: canciones, poesías, fotos… Una sorprendente variedad de artistas jóvenes, todos hijos de la LOGSE y la LOE, de los que no suelen contar para las estadísticas, sobre todo, porque destruyen el manido “es que los jóvenes de ahora no tienen ninguna inquietud cultural”. Por ejemplo, Laura, una antigua alumna que se enteró de la cita por esas vueltas que da la red sin que yo le dijese nada, se animó también a participar y se presentó diciendo que tenía 17 años y que su sueño era ser escritora. Después leyó un poema y un cuento que demostraron que escritora ya lo es, que quizá su sueño sea publicar algún libro o llegar a ser famosa. También sorprendió Javier, que a sus 16 años toca la guitarra y canta como pocos… o Irene, con una voz sorprendente… o las cuatro chicas que se animaron con el violín… o los que tocaron rock… o tantos otros: dos horas de auténtico disfrute y seguro que alguno se quedó con ganas de participar, como Pedro, otro antiguo alumno del que me consta que escribe, aunque asegura que jamás nadie llegará a conocer sus creaciones. Pues él se lo pierde, porque cada vez estoy más convencido de que en el fondo uno siempre escribe para los demás y que una de las mayores satisfacciones es poder compartir con otros tus creaciones artísticas, aunque también es innegable que en ocasiones la escritura es una válvula de escape que uno necesita para decir lo que no dice.

Disfruté de la Noche y disfruté más todavía de ver a unos cuantos antiguos alumnos, tanto de Los Olmos como del IES Valdebernardo, que se animaron a participar, unos de artistas y otros de público (y qué sería de los primeros sin los segundos).

PS: Pero si ahora que me doy cuenta ya es día 1 de enero y lo que tendría que haber escrito son todos mis buenos deseos para este año junto con el firme propósito de que, esta vez sí que sí, voy a escribir con más frecuencia… Pero mejor no lo digo, no vaya a ser que después no sea capaz de cumplir un propósito tan frecuente como maltrecho.