Érase una princesa que estaba por un príncipe

Reproduzco aquí el texto literario que ha creado uno de mis alumnos de 1º de ESO como respuesta a una pregunta del examen que tuvimos ayer, del que ya hablaré otro día, cuando acabe de recuperarme.
El texto quizá no sea muy políticamente correcto, además de estar plagado de faltas ortográficas, pero ya se sabe que la literatura siempre ha sido transgresora. A mí, por lo menos, me ha servido para pasar un buen rato entre tanto disgusto ocasionado por la corrección. Mira que me había prometido no volver a hacer exámenes.

“Erase una princesa que estaba por un principe pero el no estava por ella.
La princesa era alta con los hojos azules, flaca, peliroja, llevava gafas, tenia la cara llena de granos y con aparato.
El principe etaba cuadrado, no tenía gafas, era rubio y era famoso.
Un día le dice la princesa al príncipe:
-Te quieres casar con migo.
Y le contesta el principe:
-No. antes prefiero tirarme por un puente o acerme gay.
La dama se puso a llorar por ser tan fea entonces la princesa que por algo lo era (por dinero) decidio acerse una operacion.
Al mes sigiente la princesa se fue a pedir matrimonio al principe que le contesta:
-No.
La dama se puso a yorar y decidio sobornarle y le contesto el principe:
-Si.
La dama se puso muy contenta pero lla era demasiado tarde tenian 80 años y se murieron al poco tiempo.”

Hamlet: saber o no saber

Da gusto dar clase al grupo de 4º de ESO. Te pones a explicar cualquier tema, emocionado, y te escuchan atentos y en silencio. Quizá sea un espejismo, quizá lo que ocurre es que tienen sueño porque la mayoría de las horas de clase las tenemos a las 8.30 de la madrugada y todavía no han conseguido encender su disco duro, pero uno tiene derecho a hacerse sus ilusiones, a pensar que es porque están disfrutando de tu asignatura y a creer que el jueves les resulta un día especialmente duro porque no tienen clase de lengua.
Es verdad que al principio se reían por lo bajo (y por lo no tan bajo) cuando te veían temblar de emoción al explicar el funcionamiento y complicado engranaje de la maquinaria lingüística. También es cierto que L. apenas podía contener la risa mientras les recitabas, con el alma en un puño, “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. Pero ahora, tal vez porque se hayan acostumbrado, escuchan atentos y silenciosos mis divagaciones lingüísticas y extralingüísticas. Ahora acabamos las clases con alguien, L. incluida, que sale a recitar una poesía, sin papeles, de memoria, aunque de momento sin mucha emoción. O empezamos con un cuento breve de la antología Dos veces cuento de Joseluís González.
Sin embargo, a veces, te llevas sorpresas que casi son disgustos. El otro día a cuenta de no sé muy bien qué, mencioné a Hamlet. ¿Hamlet? Vi caras de extrañeza. “Sabéis quién es Hamlet, ¿verdad?”. Rostros inexpresivos. Y uno a uno fui preguntando, para cerciorarme de que mis sentidos me engañaban.
Topé con la cruda realidad. Por fin, E. dijo que le sonaba que era una obra de teatro. ¡Perfecto! ¡Efectivamente, es una obra de teatro! ¿Y quién es su autor?… De momento no se puede decir que Shakespeare tenga muchos fans en este grupo. Aunque es cierto que cuando les dije el nombre del autor les sonaba de algo.
Para intentar ir rellenando la “laguna” empecé a contarles el argumento de Hamlet, el héroe de la duda, un tipo cuyo padre, rey de Dinamarca, ha muerto en extrañas circunstancias y, poco tiempo después, la madre de Hamlet se ha casado con el hermano de su difunto esposo… Una extraña aparición le revela a Hamlet que el asesino de su padre es precisamente el actual marido de su madre…
-¡Ah! -ha exclamado alguien, con cara de quien acaba de reconocer a un antiguo conocido-. Como en Los Simpsons
Sí, justo como en Los Simpsons. Menos mal que nos queda el bueno de Hommer para mantener encendida la llama cultural. Saber o no saber, ésa es la cuestión.

“Moustroso” Halloween

Casi con la misma antelación que El Corte Inglés anuncia la llegada de la primavera, se empieza a anunciar la fiesta de Halloween, salida de no se sabe muy bien dónde (o sí, pero de cuyo nombre no quiero acordarme), que consiste en calabazas y gente disfrazada de monstruo.
El otro día vi un cartel en el que se anunciaba una de esas fiestas y en él ponían con letras muy claras que la fiesta estaría llena de “moustros” y desde luego, si lo que querían era asustarme, he de reconocer que lo consiguieron: se me pusieron los pelos como escarpias y un nudo en el estómago al ver el monstruoso “moustros”.
Cuando llegué a casa, todavía temblando de miedo, me puse a ver el partido de fútbol del Atlético contra el Recreativo.
Debe de ser la edad, pero cada vez me gusta menos el fútbol. Más que la edad deben de ser los comentaristas: ¿será necesario ir de graciosillo y comprometerte a decir tonterías durante noventa minutos para poder ser locutor deportivo? El año pasado ya llevaba mal los comentarios de Agustín sobre “la grandeza del fútbol”, pero este año me resultan más pesados y empalagosos los tipos de La Sexta. Intento hacer un ejercicio de abstracción para ver sin oír, sin embargo, al final siempre acabas escuchando algo.
Como decía, llegué a casa con el estómago revuelto por la aparición de los “moustros”, me senté a ver el fútbol y, de pronto, cuando todavía me estaba recuperando de un cruel dequeísmo de Salinas, soltó el locutor principal (de cuyo nombre también prefiero no acordarme): “es increíble, si lo tenía enfrente suya”…
¿”Enfrente suya”? ¿Y por qué no “enfrente suyo”? ¿”Enfrente” es masculino o femenino?… Sí, quizá estoy exagerando, quizá se trata una patada al diccionario que estamos demasiado acostumbrados a dar y ya casi no duele, quizá el error no es tan grave, porque tiene su origen en la posible alternancia, en determinadas estructuras gramaticales, de “suyo” y “de él” (un amigo suyo, un amigo de él). Pero no pude evitarlo: acabé por echar la pota… y cambiar de canal.
Que lo digan mis alumnos, alguno de los cuales es capaz de escribir “barqua” o “lla” sin despeinarse, pase, pero que lo diga un tipo cuyo instrumento de trabajo es la lengua, me resulta desolador. En fin, no quiero pensar mal suya. Lo mejor será olvidarse suyo y dejar de oír el fútbol.
Si Lázaro volviera yo sería su escudero, que buen “dardero” era.

Paseo con la Necesidad

Estaba paseando con mi hermano, mi cuñada y mis dos sobrinas cuando hemos pasado junto a una señora mayor… Hemos dado unos cuantos pasos más, pero algo extraño nos ha hecho volver la cabeza y entonces hemos reparado en que la señora llevaba en los brazos un paquete de cajas de galletas a punto de caerse e intentaba levantar del suelo una bolsa con varios botes.
Nos hemos mirado con ojos interrogadores: ¿qué le pasa?, ¿habrá que ayudarla? Y el primer impulso es pasar de largo y pensar que si está ahí con el paquete de cajas de galletas y la bolsa es porque le gustará ese tipo de ejercicios. En ese momento, mi sobrina de tres años ha hecho, en voz alta y clara, la pregunta clave: “¿por qué la señora no puede levantar la bolsa?”.
Creo que ha sido esa pregunta la que me ha decidido a acercarme.
-¿Quiere que la ayude?
Me ha respondido con una mirada de “si te empeñas no te voy a decir que no” y con un punto de resignación. Me he despedido de hermano, cuñada y sobrinas porque yo estaba cerca de casa y la dirección que me ha dicho la señora no me pillaba muy a desmano, y he tomado la caja con las galletas y la bolsa con un par de botes de leche en polvo y algunos paquetes de macarrones, lentejas y azúcar.
Me ha resultado un misterio de la naturaleza intentar comprender cómo la señora, que bastante tenía con llevarse a sí misma, había conseguido llevar todo eso hasta allí y desde dónde.
Hemos empezado a andar, en silencio, porque la señora no era de muchas palabras o porque prefería no malgastar las fuerzas. Camina a trompicones, arrastrando los pies, con la mirada fija en el banco más próximo. Y al llegar al banco hemos descansado.
Las galletas, la leche en polvo, los macarrones y todo lo demás se lo ha dado Cáritas, de hecho la señora estaba cerca de la parroquia y eso resolvía mi duda acerca de su lugar de procedencia. Lo primero que he pensado es que más que Cáritas es una faena recibir todo eso y no tener con qué llevarlo. Claro, que supongo que la señora habrá dicho “no se preocupen si yo sola puedo”… Se ve que la señora habría ido arrastrándose hasta su casa, porque un tesoro como aquel, en sus circunstacias, no es para desperdiciarlo.
Nadie. No tiene a nadie. Otras veces, más o menos una vez cada veinte días, hace lo mismo, pero con el carro de la compra. Pero hoy no lo ha traído. Tras descansar en dos bancos. “No se preocupe, tómese su tiempo, yo no tengo ninguna prisa”. Me he dado cuenta, hay que ser bruto para no haberse dado cuenta antes, de que buscaba apoyo en el seto de la acera y le he ofrecido mi brazo. Entonces era yo el que miraba de forma anhelante hacia el próximo banco, las galletas cargadas al hombro, la bolsa en la mano derecha, con el antebrazo levantado, en tensión, para que la Necesidad se fuese apoyando.
La dirección que tomábamos no coincidía con la que me había dicho al principio, pero no ha respondido a mis preguntas al respecto y yo me he dejado llevar, con cierta sensación de Hansel, sin importarme mucho que fuese una bruja, porque a veces hasta las brujas necesitan que les lleven las cosas a casa. Íbamos callados y renqueantes, de banco en banco, cruzando apenas algunas palabras o alguna mirada. Olía a pobreza y soledad y yo he empezado a oler a pena.
Me gustaría hacerle muchas preguntas a la señora, saber algo más de su vida, pero no quiero causarle inquietud. Me imagino que si estás sola y desamparada no debe de ser muy agradable que alguien quiera asegurarse de que efectivamente no tienes a nadie a quien acudir.
Hemos cruzado pocas palabras más. “Tengo reúma en la pierna izquierda” ha sido su único comentario no motivado por alguna de mis preguntas. Al final, en lugar de la dirección que me había dicho, nos hemos metido en otros portales. Unos pisos de realojo. El número del portal, el 6, sí que coincidía, lo que me hace pensar que la señora no sabe muy bien, ni le importa, el nombre de la calle en que malvive.
El ascensor estaba mugriento y lleno de papeles por el suelo. Hemos llegado a su casa, 5ºA, ha abierto la puerta y ha salido, como viento de Pandora, un caliente hedor a cerrado y a soledad y a pobreza. Le he dejado los paquetes de galletas y la bolsa con los botes de leche en polvo, los macarrones, las lentejas y el azúcar en la cocina, junto a más cajas de galletas y paquetes de azúcar, todo en caótico desorden.
-¡Bueno, señora, pues aquí tiene su pedido! -le he dicho con una sonrisa, a modo de despedida.
Y me ha mirado, y me ha sonreído por primera vez y, reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban, ha dicho “gracias” y mientras bajaba en el ascensor he sentido una punzada de soledad y de pobreza y de cierta repugnancia, porque ya de vuelta a mi casa he pensado que tenía una buena historia para contar en un blog que llevaba varios días abandonado y aquí estoy, ahogando en bits mis remordimientos por no hacer más. Y no, no era una bruja. Seguro. Era un hada con mala suerte.

Cuentos en El Zaguán

Mañana, jueves 26 de octubre, cuento en El Zaguán. Un bar situado en la c/ Segovia 1, de Madrid, a eso de las 21.30. El título del espectáculo es precisamente “La vida es cuento”, aunque ya me he dado cuenta de que no se trata de un título demasiado original, pero es lo que hay.
Habrá cuentos de humor, amor y locura, durante una hora, por lo menos, o hasta que el público aguante.
El otro día incluí una referencia al Festival del Cuento del Buen Humor de Madrid en el Centro Cultural de la Villa con una foto que no acababa de salir muy bien. He intentado arreglarlo y al final me he cargado el artículo. Sin embargo, la foto del cartel ya he conseguido que salga un poco mejor. Aquí va: