Cuarenta y cuatro cincos de noviembre

Casi seguro que hacía mal tiempo, frío y algo de lluvia, como probablemente en los siguientes cuarenta y cuatro cincos de noviembre, pero poco importa que llueva por fuera cuando el sol está dentro.

Se dijeron aquello de “prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad” sin tener muy claro qué habría de cada (que ha habido bastante de todo), pero con la clara intención de “y amarte y respetarte todos los días de mi vida”. Y tras 44 años hay cosas cuantificables: dos hijas, seis hijos, dos yernos, cinco nueras, doce nietas, dieciocho nietos… Pero la mayor parte es incuantificable por falta de precisión en los datos: los apretujados kilómetros en el viejo Renault 7 (con sus correspondientes horas de Perales, Serrat y Mocedades), el dinero ahorrado en los cortes de pelo, las peleas entre hermanos, los montones que te encontrabas en mitad de la habitación al volver del cole para que te decidieses por fin a recoger, las caídas de las literas, las bajadas a “ahiatrás” y las excursiones al parque del barrio, el fallido proyecto educativo ARESMAT, las impertinencias de québarbaridadsitieneocho, los sugus de Angelita, los quebraderos de cabeza para llegar a final de mes y las cabezas quebradas de accidentes domésticos… Y tantas otras cosas incuantificables por inconmensurables o desconocidas, como aquel mensaje que recibí hace ya tiempo: “En uno de tus artículos leí que tus padres por vosotros hasta habían tenido que dormir un tiempo en el salón …te parecerá una tontería , pero eso me ayudó a reflexionar…” y de pronto una historia que se estaba torciendo recupera la sonrisa.

Eso sí, lo que nunca falta en las reuniones familiares cada vez más numerosas e imposibles son las carcajadas, a pesar de que el día, como este cinco de noviembre, pueda estar gris y lluvioso.

¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES… Y MUCHÍSIMAS GRACIAS!