Curso de funcionario modelo

Dentro de apenas cinco minutos tengo que salir disparado hacia el CAP (Centro de Atención al Profesorado, creo) de Ciudad Lineal para asistir al curso que tenemos que hacer obligatoriamente todos los funcionarios en prácticas.
Llevamos ya dos sesiones y he de reconocer que, aunque tenía la sensación de que no me iba a aportar nada, algo sí que estoy aprendiendo: a comprender mejor a mis alumnos.
Voy allí por obligación, sin ninguna gana porque me parece que las tardes de los martes y jueves pueden cundir más en otros menesteres. Sin embargo, quien imparte el curso va con toda la buena intención del mundo, dispuesto a abrirnos los ojos y mientras a mí la sesión se me hace una eternidad, a él se le va en un suspiro y no le da tiempo a dar todo lo que tenía previsto. Me siento al final de la clase (a la extrema izquierda) y nunca pregunto o intervengo por voluntad propia. El otro día he de confesar que estuve jugando con el compañero… En fin, que me pasa exactamente lo mismo que les pasa a la inmensa mayoría de mis alumnos, que no comprenden mi interés y mi pasión por la lengua, que si fuese por ellos estarían echándose una partidita a la play, que se preguntan continuamente ¿y esto para que sirve?…
De todas formas, algo siempre se aprende. Por ejemplo, el otro día tuvimos una sesión sobre dinámicas de grupo y lo que saqué en claro es que si vas por la calle y quieres que no te atraquen, lo único que tienes que hacer es pasear con las manos en el bolsillo. El dinamizador aseguraba que daba igual la zona por la que uno deambulase y que es un método efectivo en el 100% de los casos… Habrá que probarlo, pero en otro momento que ahora tengo que salir corriendo porque no me gustaría llegar tarde a clase y que el profe me mire mal (vaya, igualito que mis alumnos).

De roturas y pinturas

No sé quién (me temo que es inútil intentar averiguarlo) rompió el manillar de la puerta de la clase, de forma que desde fuera sólo se podía abrir con la llave… La profesora llegó a clase y se encontró la puerta cerrada, vio desde fuera que las luces estaban apagadas y escuchó un sepulcral silencio al otro lado. Preocupada desanduvo sus pasos y llegó hasta la sala de profesores: “oye, ¿dónde están tus chicos?”, “pues en clase tienen que estar porque yo acabo de tener con ellos” se me adelantó el profesor de historia… Efectivamente, fueron hasta allí y allí estaban, todos dentro, calladitos como hacía tiempo que no lo estaban. Después cuando en tutoría, con cara de eso no se hace, les recriminé su actitud porque estaba muy feo intentar engañar a los profesores, resultó que todo fue pura “casualidad”: “no, yo estaba callada porque estaba viendo los ejercicios de C.”, “yo no sé, estaba preparando las cosas de la clase y S. ha apagado la luz”… En fin, que todos tenían una coartada perfecta: A. cerró la puerta de forma involuntaria (y le creo), A. (hay 4 A. en clase con la misma A., es decir, no hay que confundir estos A. con A.) intentó detener a M. que se dirigía hacia la puerta, no para evitar que la abriese, sino para evitar que no le pillasen porque se veía que los profes estaban a punto de entrar (y también le creo).
Al final, como alguien tenía que pagar los platos rotos, aunque no se rompió ninguno, S. y O. han sido castigadas a tres días a séptima hora como principales instigadoras, A. a un día por pasar por allí en mal momento (he conseguido la reducción de la condena después de hablar con el jefe de estudios), A. y JC. a otros dos también con reducción de pena.
Creo que la cosa no era para tanto, pero haciendo de tripas corazón y aguantándome la risa, he puesto cara de circustancias y les he hecho ver que espero que no se repita algo semejante.
De todas formas, todo eso no ha impedido que nos hayamos quedado a pintar la clase después de habernos tomado un bocata en la cafetería.
La pintura se nos da tan bien como la lectura expresiva, pero nos lo hemos pasado en grande y hemos sentido la clase como más nuestra, hemos conseguido borrar la “mascota” (no es difícil imaginar a qué llamaban la mascota) y hemos dejado la clase como los chorros del oro… Quizá no exactamente como los chorros del oro, más bien parecía sierra nevada porque he hecho mal la mezcla de la pintura, ha salido demasiado aguada y hemos conseguido que queden pocos centímetros cuadrados de suelo, mesas, alumnos y ventanas sin manchas de pintura. Pero hemos fregado, hemos frotado, hemos ordenado las mesas… Lo mismo la semana que viene tenemos que darle una segunda mano: me temo que no nos importará.

LA ALEGRÍA DE QUERER

Hace unos años (pongamos diez) tuve la oportunidad de escuchar cuentos a un hombre que era la bondad personificada, vestido todo de blanco, con bigote de sabio y ojos profundos. Se trataba de Jairo Aníbal Niño: lo de Niño no sé realmente si es pseudónimo o uno de esos nombres que le marcan a uno para toda la vida, porque Jairo era, ante todo, un niño que no había perdido su capacidad de asombro ante la ternura y la belleza. Sabía mirar con ojos de niño. Guardo muy viva en la memoria la noche que compartimos de cuentos y todavía perduran la sonrisa y la lágrima de aquella noche cada vez que le recuerdo y cada vez que recuerdo sus cuentos.
Aquella vez escuché el mejor cuento de amor que conozco. Hoy he ido a buscarlo en Internet porque lo necesitaba para un artículo que estaba escribiendo y me he encontrado con el libro La alegría de querer en formato pdf. No sabría decir si es un libro de poemas o de cuentos, pero sí sé que respira poesía, ternura y profundidad a raudales. Al leerlos a uno se le pone el alma triste o alegre, según sea el tono del cuento. Aquí dejo unos pocos para que los disfrutéis. El primero de ellos es ése al que me refería antes como el mejor cuento de amor que conozco:

Supe que te amaba
Supe que te amaba
-más allá de toda duda-
el día en que estabas
colocando un clavo en
la pared
y te golpeaste con el
m a r t i l l o
y a mí me empezó a sangrar
el dedo pulgar.

Y a mí qué me importa
Y a mí qué me importa que
ya no me quieras.
¿Es que acaso no oíste
cuando hace seis meses,
dos días, cuatro horas,
quince minutos y tres
segundos,
te dije: —Hágame el favor
y me tiene mi cariño y
mi bufanda
que dentro de un rato vengo
por ellos.
Claro que no estoy negando
que hace seis meses,
dos días y cuatro horas, me
devolviste la bufanda.

Ayer por primera vez
Ayer por primera vez
supe lo que era la
a r i t m é t i c a
cuando, sin que nadie se
diera cuenta,
me besaste en los labios.
Ayer por primera vez
supe que 1 más 1 son 1.

¿Me haces un favor?
—¿Me haces un favor?
—¿Qué clase de favor?
—¿Quieres tenerme mis
avioncitos durante todo
el recreo?
—¿Durante todo el recreo?
—Sí, es que tú eres mi
c i e l o .

Ayer por la tarde
Ayer por la tarde,
como te lo había prometido,
jugué el mejor partido de
fútbol de mi vida.
En el primer tiempo
hice un gol a los quince
m i n u t o s .
A los treinta y siete hice
o t r o .
En el segundo tiempo,
a los siete minutos,
José Vi l l e g a s ,
el que cuando canta dice
que le nacen mariposas en el
pensamiento,
fusiló a nuestro arquero
con un taponazo sobre el
ángulo izquierdo.
A los diez y nueve minutos y
quince segundos,
David, el que quiere ser
aviador,
empató el partido
con un lindo gol de cabeza.
A los cuarenta y cuatro
m i n u t o s ,
al estilo Castañito,
hice el gol más lindo del
mundo.
Mi equipo ganó por el
marcador de dos a tres,
pero yo sentí que había
perdido
porque tú no viniste.
Me derrotaron los goles que
me hizo tu ausencia.

En secreto
En secreto
recogí el vaso en que habías
bebido
y lo llevé a mi casa.
Por las tardes, cuando llego
del colegio,
lo coloco bajo el grifo
y veo flotar un beso
en el agua.

Lección de música
Do,
r e ,
m i ,
f a ,
s o l ,
l a ,
s i .
¿Sí?
S í ,
mi
s o l ;
s í .

¿Por qué no viniste?
¿Por qué no viniste?
Me hiciste comprar
dos boletas
para ver esa película de
gangsters
y te estuve esperando todo el
tiempo en la puerta
del teatro.
¿Por qué no viniste?
Dos chocolatinas con
avellanas
se quedaron sin hacer nada
en mi bolsillo,
mientras la película me
llegaba echa sonidos,
ulular de sirenas,
estruendo de pistolas,
graznido de
animal mecánico
y una voz que de pronto dice
d a r l i n g .
¿Por qué no viniste?
Me hiciste comprar
i n ú t i l m e n t e
una barra de Halls Mentol-
Lyptos
para perfumarme el aliento
y estrené en balde la camisa
con el dibujo de un dragón
que tenía reservada para
el día
en que el Deportivo
Independiente Medellín
ganara el campeonato
nacional de fútbol.
¿Por qué no viniste?
Me quedé en la puerta del
teatro hasta el final
de la película
y luego regresé a mi casa
por las calles más oscuras
y solitarias
como si fuera un gato ciego
obligado por su condición a
comprar un bastón blanco
puesto en venta por una
pandilla de ratones
y que para conseguirlo
entregó a cambio dos boletas
i n ú t i l e s ,
una barra de Halls Mentol-
Lyptos ligeramente usada,
dos chocolatinas derretidas
y unas inmensas ganas de
l l o r a r.

Después de superar
Después de superar
treinta y dos miedos y medio
por fin tuve el valor de
acercarme a ti
y decirte:
—Buenos días.
Y luego de un silencio que
duró medio miedo,
pude agregar:
—¿Verdad que está lloviendo
mucho últimamente?
Después de superar
treinta y tres miedos
por fin tuve el valor de
acercarme a ti
y junto al buenos días
ofrecerte una bolsa de
palomitas de maíz.
Espero que te hayas dado
cuenta
de que por lo menos una de
las palomitas era
mensajera.

1×1
¿1×1?
—Uno.
¿1×2?
—Todo.
¿Todo?
—Sí; si los dos se
tienen cariño.

El faro de Alejandría

Estas navidades he leído, entre otros, El faro de Alejandría, de Gillian Bradshaw. Tenía buena pinta: novela histórica que refleja los últimos momentos del esplendor de Alejandría y el inicio de las invasiones bárbaras que acabarían con el Imperio romano… Pero, aunque el ambiente está muy bien reflejado, la novela no acaba de ser creíble: una joven de Éfeso huye a Alejandría disfrazada de eunuco para evitar un matrimonio con un abyecto poderoso que quiere abusar de su poder. Ya en Alejandría, consigue estudiar medicina hasta conseguir ser una afamada médico (desde luego la filosofía y le medicina hipocrática están tratadas de modo excelente y a más de un médico quizá le pueda interesar las medicinas y recursos empleador para curar un variado tipo de enfermedades)… Pero son demasiadas las ideas modernas que se quieren poner en la cabeza y los pensamientos de la joven: no sólo la necesidad de la independencia de la mujer, sino también su visión de la esclavitud, su concepto del mundo, su visión de la religiosidad… Es también inverosímil que consiga pasar “inadvertida” unos cuantos años continuamente disfrazada de eunuco y quizá lo que más chirríe es que la historia está contada en primera persona, con estilo de novela moderna. Es imposible de todo punto una obra de este tipo “escrita” por Caris/Caritón de Éfeso.
Lo que no quiere decir que el libro no me haya enganchado a ratos. Simplemente es menos de lo que esperaba. Igual que esta entrada de blog, que esperaba que saliese un poquito más redonda y resultase más interesante. Quizá hubiese sido mejor si hubiese hablado del taller de danza que hemos tenido esta mañana o de la soporífera sesión de educación vial que nos dio un poli ayer (no he podido por menos que felicitar a los de segundo de la ESO por su heroísmo y su comportamiento imperturbable: el policía acabó encantado porque por primera vez en mucho tiempo había conseguido explicar más de lo previsto, incluso había podido colocar enterito el vídeo de la DGT). O quizá si hubiese hablado de la conversación que espero tener mañana para que R. vuelva a las clases y no deje el instituto definitivamente o si hubiese comentado la estremecedora entrada de E. en el cuaderno de escritura que les hago ir escribiendo a ritmo de tres caras de cuadernillo por semana.
En fin, que podría haber sido más interesante, pero no lo ha sido. Otra vez será, si la musa se nos digna.

Mientras haya amor

Hace ya unos cuantos días que empezó el año y ya ha dado tiempo para comprobar que los buenos deseos y propósitos no son tan fáciles de cumplir, por ejemplo el de escribir con más frecuencia en el blog.
De todas formas no está mal que, aunque sea con la excusa del calendario, uno haga propósitos, porque si ya cuesta sacarlos adelante cuando uno se los hace, ¿qué sería de nosotros si se quedasen en el mundo de las ideas?
Uno también tiene buenos deseos para todo el mundo en este año que comienza. Así que feliz 2007 a todos… aunque no haya salud. Y es que parece que la aspiración máxima de mucha gente, por lo menos así lo manifestaba uno de los presentadores de la “ceremonia” de las uvas de Nochevieja, es la salud. Una aspiración interesante, qué duda cabe, pero que no puede evitar la certeza de que la salud, haga uno lo que haga, acaba por ir a menos y termina desapareciendo. Por eso prefiero brindar por el “mientras haya amor”, porque eso sí que puede ir creciendo día a día, haya salud o no.

Empieza el año y empiezan las clases. Volver a empezar. Y a alguno le puede parecer ridículo, pero casi podría decir que ya tenía ganas de volver a las clases. De encontrarme por el pasillo la sonrisa de T., que tan poco sonreía, o el “profe, estoy feliz” de A., que tan feliz está, o el “¿ya es la hora?” de E., T., C.
A los de 4º (tan majos, pero tan poco dispuestos al estudio) voy a intentar recuperarlos para la causa. Me gustaría convencerles de que la lengua es un mundo apasionante y de que comentar textos no es el umbral de cortarse las venas o morir de aburrimiento. De momento voy a aparcar por un tiempo la pragmática y la cohesión textual, a la que se han mostrado tan impermeables, y voy a intentar resucitar (o quizá “sucitar” por primera vez) el gusto por preguntarse qué nos quiere decir alguien cuando escribe o cómo podemos expresar nuestras ideas y opiniones personales sin utilizar siempre “a mí me parece”…
Hemos empezado a las 8:30 de la madrugada escuchando y comentando “Para toda la vida” de Fito & Fitipaldis. Creo que ha estado bien, pero al final no he podido evitarlo y se me ha ido una vez más la “pinza” y, añorando mis clases de latín, he relacionado el amor de cantina y el querer para toda la vida con el “amare” y el “bene velle” de Catulo y les he recitado el “Dicebas quondam solum te nosse Catulum”, ante la incredulidad y el estupor general.
La letra completa de la canción es la siguiente, por si a alguien le interesa:
Para toda la vida
Fito & Fitipaldis

Cuando estuviste conmigo,
jamás te dije mentira,
quería tenerte en mis brazos.
pero por toda la vida.

Y tú querías aventura,
tomaste muy mal camino,
ibas buscando basura
en un terreno barrido.

Yo le doy mi querer al querer
y lo doy para toda la vida.
Si quisiera vivir de placer
me buscaba un amor de cantina.
Yo le doy mi querer al querer
y lo doy para toda la vida.

Cuando estuviste conmigo,
tenías un mal pensamiento.
Si yo lo hubiera sabido
no hubiera perdido el tiempo.

Tendrás el mundo en tus manos,
tendrás montones de pesos
si a otros los tienes llorando
conmigo tocaste hueso.

Yo le doy mi querer al querer
y lo doy para toda la vida.
Si quisiera vivir de placer
me buscaba un amor de cantina.
Yo le doy mi querer al querer
y lo doy para toda la vida.

Yo le doy mi querer al querer
y lo doy para toda la vida.
Si quisiera vivir de placer
me buscaba un amor de cantina.
Si quisiera vivir de placer…
Ay, para toda la vida…