Eneas eterno

Eneas ha vuelto a llamarme, quizá para recordarme lo que no he llegado a ser.

Hace unos días me llegó un mensaje en Facebook de A., a quien no conozco personalmente:

Hola, Edu: Tu Eneas es inmortal. ¿Puedes darme una dirección a la que enviar tu más reciente libro? Acaban de llegarme para repartir entre los autores.

Le di la dirección y, efectivamente, a los pocos días allí estaba, como si lo hubiese escrito ayer, la nueva edición de “Eneas en autobús”, del que ya he hablado en otras ocasiones: el cuento que escribí hace más de veinticinco años, con el que gané el concurso literario Miguel Hernández, del Colegio de Doctores y Licenciados, y que acabó publicado en la Colección Letra Grande de la Editorial Popular, donde todavía sigue disponible.

cuentos urbanícolas - portada

En aquella ocasión, compartía libro con escritores como Gómez de la Serna, Julio Cortázar, Camilo José Cela… Y en la pequeña biografía que aparecía al final del cuento (imagino que no habrá sido actualizada) apenas ponía mi nombre, se decía que había ganado con ese cuento el premio Miguel Hernández y, a falta de pasado, se metían a profetas, pero se guardaban las espaldas con una maldita condicional:

Le auguramos a Eduardo un buen viaje por el mundo mítico de las letras, si continúa con la calidad con que ha iniciado el trayecto.

Después el cuento apareció publicado en otro libro titulado Educación vial a través de la literatura, que también se puede comprar o, si se prefiere, descargar legalmente el PDF en la página de redined

educación vial a través de la literatura - portada

En esa ocasión, compartía de nuevo páginas con Julio Cortázar (seguro que habríamos llegado a ser grandes amigos) y con otros muchos: Julio Llamazares, Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina, John Irving, Arturo Pérez Reverte, Roald Dahl… Lo mejor del libro es que viene con guía para el profesor y ejercicios sobre los cuentos. Allí descubrí que “Eneas en autobús” dice mucho más de lo que yo me había imaginado y que se podía utilizar para trabajar sobre “la convivencia en los transportes públicos” o “las normas de comportamiento cívico-social”, además de “la mitología en la vida cotidiana”. Y se hace una magnífica sinopsis del cuento:

Un agobiante viaje en autobús se convierte en una forma de evasión para el protagonista, aficionado a la lectura de los autores clásicos. La mezcla de los pasajes de La Eneida, el libro que está leyendo, con la situación que vive, provoca un curioso paralelismo y un sorprendente giro que desestabiliza al lector.

Cuando recibí el mensaje de A. hace un par de semanas, supuse que se trataba de una nueva edición de La educación vial a través de la literatura, pero resulta que es un libro distinto, que lo único que comparte con el anterior es que lo edita la DGT. El libro se titula Tráfico de cuentos… Ahora mismo, al ir a buscar información sobre Tráfico de cuentos en Internet he descubierto que se había publicado en 2010… Y se me ha abierto una ventana en la memoria que no sé quién me había cerrado: me he ido corriendo a mi bandeja de correo electrónico (afortunadamente, no suelo borrar ningún correo) y he descubierto que sí que conozco a A. desde hace años, aunque solo sea de nombre. Me escribió un correo el 27 de marzo de 2009 en el que me invitaba a incluir a Eneas en una antología que estaba preparando:

Hola, Eduardo:
    Me dirijo a ti con miedo, si te propongo publicar OTRA VEZ el Eneas en bus.. ¿me mandarás a la m….?.
[…]
    Tú me dices si te interesa resucitar a Eneas o asesinarlo para siempre.
Y yo le respondí que estaba encantado de que Eneas volviese a darse una vuelta por el mundo, aunque eso acabase cavando mi tumba literaria. Y allí aparece de nuevo, esta vez junto a escritores como José María Merino, Medrardo Fraile, Daniel Moyano… Solo falta Cortázar.
Como en la web no he encontrado ni siquiera una foto de la portada, subo la que acabo de hacer con el libro ya entre mis manos. Además el cuento viene acompañado de una ilustración sensacional:
 tráfico de cuentos - portadatráfico de cuentos - interior
Pero, sin lugar a dudas, mi edición preferida de “Eneas en autobús” es la que hizo E. con alumnos de compensatoria del IES Anselmo Lorenzo para el Proyecto de Educación Vial Anselmo cruza el paso de cebra, con el que ganó un merecidísimo premio.
Como me decía A. en su último mensaje, “larga vida a Eneas”, aunque yo sienta, igual que al final del cuento, sus ojos clavados en mí mientras me dice llorando:
¿No me ha permitido la fortuna, ¡oh desdichado joven!, cuando ha llegado el triunfo, el que vieras mi reino y el devolverte triunfante al hogar paterno?

El trigésimo cuarto

Como no hay 33 sin 34, ya está aquí el trigésimo cuarto de mis sobrinos, el cuarto hijo de mi séptimo hermano. Santi, para los amigos. Santiago para cuando no recoja la habitación o deje la cama sin hacer.

Cuando le comento a algún amigo que tengo 34 sobrinos, primero me mira con incredulidad y después me pregunta si me sé el nombre de todos. Hasta ahora sí. Por suerte, hice durante bastante tiempo prácticas aprendiéndome las listas de los alumnos antes del primer día de clase.

Como seguro que he dicho ya en tantas otras ocasiones semejantes, a pesar de que el número empieza a ser respetable, uno no consigue acostumbrarse al milagro de la vida y a la alegría de que haya en el mundo alguien más a quien querer.

Ha nacido el 18 de enero, pero tendría que haber nacido el 20, para que hubiese ganado yo el famoso e imposible jamón que se lleva quien acierte día y peso (25 gramos arriba o abajo). Un jamón esta vez no tan imposible, porque sí ha habido ganador (si no recuerdo mal es la segunda vez que ocurre algo semejante en nuestra historia): mi cuñado J. ha sido el único que tenía puesto el día 18 y en el peso, que es lo más complicado, se ha quedado a tan solo once gramos de distancia.

Aunque lo realmente complicado, ahora que lo pienso, no es acertar el peso, sino educar a Santi para que sea no solo un tipo grande (4135 gr.), sino un gran tipo. Está en buenas manos. Y lo que es seguro es que se lo va a pasar en grande y que tendrá una increíble facilidad para aprenderse la lista de los reyes godos si consigue aprenderse el nombre de todos sus primos. Confío en que, además de ver las victorias de su padre a la Play en las noches de insomnio, escuche innumerables cuentos.

Con un poco de suerte, Santi y yo nos conoceremos en Roma dentro de poco más de un mes. Pero el bueno de Santiago nunca conseguirá hacerse a la idea de que hubo un tiempo en que yo no iba siempre de negro… Y tenía barba.

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Nunc cœpi! ¡Ahora comienzo!

“Queda menos de un mes para la oposición de Lengua Castellana y Literatura y quizá no sea el mejor momento para empezar a escribir en un blog”.

Así empezaba, hace más de nueve años y medio a escribir La vida es cuento. Con la idea, entre otras, de hacerme rico, pero también de transmitir mi experiencia, primero como opositor y después como un profesor de secundaria en la enseñanza pública madrileña, por si le podía interesar o servir a alguien.

Empecé el blog con fuerza, escribiendo cada día. Y poco a poco he ido perdiendo fuelle, hasta llegar a la actual anemia. Estos últimos años ha sido un sobrevivir agónico, sobre todo desde que dejé la enseñanza para venir a estudiar Teología a Pamplona y mi vida, aparentemente, empezó a ser menos “anecdotable”. El blog –que ha durado más que la plataforma en la que se inició, todo hay que decirlo– se ha mantenido en pie gracias a que han seguido llegando sobrinos… Y a que siempre me ha remordido algo la conciencia pensar que había quien abría esta página con la esperanza de leer algo nuevo.

Ahora quedan poco más de un mes para que me ordene de diácono y me vuelvo a plantear aquello de que “quizá no sea el momento para empezar a (re)escribir en un blog”. Lo que esta vez sí tengo claro es que no me haré rico con ello. Y mucho me temo que es menor el público al que le interese mi experiencia de preparación al diaconado y después al sacerdocio.

Pero he hecho el propósito de llegar a 500 entradas… Se me viene encima el cúmulo de experiencias fallidas, de tanto propósito de enmienda fracasado… Pero también se me vienen encima los buenos momentos que he pasado yo mismo releyendo lo escrito y recordando tantas cosas que de otra forma seguro que habría olvidado. Así que, inasequible al desaliento, aquí vuelvo. Nunc cœpi! ¡Ahora comienzo!

¡¡FELIZ 2016!!

Ahora que ya no es tiempo; ahora que ya te has olvidado de que cada vez te gusta menos eso de las uvas; ahora que ya ha sido recogido el belén; ahora que empiezas a reconocer que eres bueno en hacer propósitos, pero que eres mucho mejor en incumplirlos; ahora que ya te has arrepentido de lo poco que te han cundido estas vacaciones; ahora que has vuelto a descubrir que el 2016 es tan tranquilizadoramente imperfecto, como todos los anteriores, y que todo depende mucho más de ti que de la fecha en la que estés… ¡¡FELIZ 2016!!

Y a pesar de la pose de estar por encima de tanta banalidad y tantas banalidades, tampoco puedo sustraerme a echar una mirada atrás, a ver cómo ha ido el año, a constatar que empiezo a cerrar una etapa y que se aproxima otra nueva y apasionante. Pero para no meterme en profundidades que ahora no vienen al caso, me quedaré esta vez en la superficie.

Como soy amigo de estadísticas, agradezco la amabilidad de WordPress, que ha tenido a bien enviarme el resumen de lo que ha sido este blog este año… Y no es como para lanzar las campanas al vuelo. Para que no me desanimen, empiezan diciendo que:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 5.900 veces en 2015. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 5 viajes transportar tantas personas.

Y a mí no llega a parecerme una barbaridad la gente que cabe en cinco viajes de un Metro de NY… Pero sí que me gustaría agradecer a cada uno de esos pasajeros de este tren que se hayan animado a pasar por aquí. Y espero que hayan tenido un buen viaje. Porque uno piensa que escribe sobre todo para tener bien guardados sus recuerdos, pero en realidad sabe que uno siempre escribe para los demás, porque escribir es comunicar y comunicar es compartir.

Después el informe me anuncia que “El día más movido del año fue octubre 30 con 342 visitas. El artículo más popular del día fue Al final va a ser que sí”. Y desde luego, para mí ese día fue también uno de los más movidos del año.

Luego llega el dato más vergonzante: en todo 2015 he escrito… 11 artículos. Eso sí, el total es de 479. O 480, si contamos este. Y se me acaba de ocurrir un fantástico propósito difícil de incumplir (aunque puedo llegar a incumplir cosas asombrosas): llegar en este 2016 a los 500 artículos. Será un placer saber que sigues estando ahí, a pesar de todo.

¡Feliz Noche!

Lo reconozco para mi vergüenza. Ya apenas escribo christmas manuscritos. Ni siquiera envío despersonalizados correos electrónicos para felicitar la Navidad. Ya casi solo me limito a responder a las felicitaciones que me llegan por Whatsapp. Pero agradezco de veras esas felicitaciones. Y me gustaría ser capaz de tomar el bic y escribir los cientos de christmas que escribía antes. Por eso hoy, como cada año, vuelvo a despertar este blog medio dormido, a pensar en ti mientras escribo esto y a pensar, sobre todo, en lo que se celebra: ¡Feliz Navidad!

Como tuiteé esta mañana, creo que si no te gusta la Navidad es porque no has leído la versión original (Lucas 2,1-7):

1 Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.
2 Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria.
3 Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.
4 También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea,
5 para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta.
6 Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto
7 y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

Aunque, si nos ponemos puristas, realmente la versión original es esta:

ΚΑΤΑ ΛΟΥΚΑΝ 2

1 Ἐγένετο δὲ ἐν ταῖς ἡμέραις ἐκείναις ἐξῆλθεν δόγμα παρὰ Καίσαρος Αὐγούστου ἀπογράφεσθαι πᾶσαν τὴν οἰκουμένην.

2 αὕτη ἀπογραφὴ πρώτη ἐγένετο ἡγεμονεύοντος τῆς Συρίας Κυρηνίου.

3 καὶ ἐπορεύοντο πάντες ἀπογράφεσθαι, ἕκαστος εἰς τὴν ἑαυτοῦ πόλιν.

4 Ἀνέβη δὲ καὶ Ἰωσὴφ ἀπὸ τῆς Γαλιλαίας ἐκ πόλεως Ναζαρὲθ εἰς τὴν Ἰουδαίαν εἰς πόλιν Δαυὶδ ἥτις καλεῖται Βηθλέεμ, διὰ τὸ εἶναι αὐτὸν ἐξ οἴκου καὶ πατριᾶς Δαυίδ,

5 ἀπογράψασθαι σὺν Μαριὰμ τῇ ἐμνηστευμένῃ αὐτῷ, οὔσῃ ἐγκύῳ. 

6 Ἐγένετο δὲ ἐν τῷ εἶναι αὐτοὺς ἐκεῖ ἐπλήσθησαν αἱ ἡμέραι τοῦ τεκεῖν αὐτήν,

7 καὶ ἔτεκεν τὸν υἱὸν αὐτῆς τὸν πρωτότοκον, καὶ ἐσπαργάνωσεν αὐτὸν καὶ ἀνέκλινεν αὐτὸν ἐν φάτνῃ, διότι οὐκ ἦν αὐτοῖς τόπος ἐν τῷ καταλύματι.

Así que esta noche, procuraré acercarme al Portal con los pastores, que “fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre”. Eso sí, este año no iré de pastor, iré de oveja… negra.

 

Aquí, como siempre, un villancico -algo relamido, pero a mí me gusta- que he encontrado por ahí, para celebrarlo:

Villancico del bandido

Caminito de Belén
cabalga fiero bandido
que detiene su caballo
al ver a dos peregrinos:
él de pie va caminando,
ella encima del borrico.
La negra noche se acerca
y van buscando cobijo.
“Denme todo lo que tengan,
denme todo les he dicho”.

“Yo que hasta ayer fui ladrón,
vil, cruel y fiero bandido,
robaré mil corazones
para recibir al Niño”.

Por ser todo lo que tienen,
danle su inmenso cariño.
Mírame siempre, María,
como miraste al bandido
cuando te quiso robar
en el medio del camino.
Con tu mirar de ojos grandes
su corazón de granito
se le convirtió en posada
para recibir al Niño.

“Yo que hasta ayer fui ladrón,
vil, cruel y fiero bandido,
robaré mil corazones
para recibir al Niño”.

“Vénganse ustedes sin miedo,
vénganse ustedes conmigo,
vénganse a mi pobre cueva
a guarecerse del frío”.
Caminito de Belén
no cabalga ya el bandido:
que ha encontrado un tesoro
que le hace mucho más rico.
Es su corazón posada,
para recibir al Niño.

“Yo que hasta ayer fui ladrón,
vil, cruel y fiero bandido,
robaré mil corazones
para recibir al Niño”.



Y aquí un villancico en una versión menos cursi, del gran Juanmi, amigo y compañero:

Al final va a ser que sí

Hace poco más de dos años, anunciaba en este blog que, por un tiempo, dejaba la enseñanza después de diecisiete cursos maravillosos en Los Olmos, el IES Valdebernardo y el IES Anselmo Lorenzo.

Contaba entonces que me venía a Pamplona a estudiar Teología y añadía que entraba dentro de lo posible ordenarme sacerdote… Pero basta decir algo así para que casi todo el mundo te “ensotanice” antes de tiempo. Y durante dos años he aclarado a mis amigos por activa y por pasiva que yo había venido aquí a estudiar y a formarme y que luego, si Dios quería y el Prelado del Opus Dei me llamaba, ya veríamos (en realidad, creo que lo aclaré solo en activa, porque no es fácil que todo esto sea dicho en pasiva).

Y ya ha llegado el momento de ver. Y ahora sí tengo claro que mi futuro va a ser de oscuro.  Resulta que yo, que he sido siempre tan desordenado, como dice J., me ordenaré, Dios mediante -y nunca mejor dicho-, de diácono el sábado 27 de febrero, en Roma (una estupenda excusa para visitar la Ciudad Eterna), y de sacerdote el domingo 4 de septiembre, en el Santuario de Torreciudad (en Huesca, cerca de Barbastro, aquí al lado, vaya).

Por si alguno no está muy puesto, diácono es el primer paso antes de ordenarse sacerdote. Como dice Google cuando buscas diácono: “Clérigo católico que ha recibido la segunda de las órdenes mayores que otorga la Iglesia y que tiene entre sus funciones anunciar el Evangelio, bautizar, asistir al sacerdote en el altar, distribuir la comunión y dar testimonio cristiano ayudando a los más pobres”. El Catecismo de la Iglesia Católica da más detalles en los puntos 1569-1571, por si quieres más información.

Desde luego, la alegría que tengo ante esta nueva etapa es inmensa, pero también es inmensa la sensación de vértigo… Y el convencimiento de que a Dios le gusta ponerse las cosas difíciles. Como comprenderás, no es fácil expresar por escrito, todo lo que se siente. Y me temo que tampoco este es el sitio. Pero como siempre hay algún despistado, impenitente e inasequible al desaliento, que se sigue pasando por “La vida es cuento” para saber cómo me va la vida, me parecía que esto, el mejor de los cuentos que jamás me habría imaginado, también tenía que venir aquí a contarlo.

La verdad es que da gusto dar estos saltos al vacío sabiéndose tan bien acompañado por la amistad y el cariño de tantos amigos que se alegran de veras y me muestran todo su apoyo, aunque no entiendan nada. Y de tantos otros que sí que lo entienden.

Y acabo esta entrada como acabé aquella de hace un par de años.

Si eres de los que tienes fe, se agradecen oraciones, si no, por lo menos el intento de comprensión… Y, en cualquier caso, la sonrisa.

Otro comienzo de curso

Hoy muchos empezarán ya en serio las clases en los institutos de Madrid. Apostaría a que a las 8.10 se han repartido los horarios “provisionales” en más de un sitio y que todavía faltan unos cuantos profesores por asignar al centro… Y ahora, desde esa distancia que se encarga de idealizarlo todo, uno no puede por menos que echar de menos esos momentos caóticos y esa inevitable expectación ante un curso que comienza: ¿Serán buenos los grupos que me han tocado? ¿Tendré libre el viernes a última hora? ¿Me quedarán muchos huecos?… Son algunas de las preguntas inevitables que le vienen a más de un profesor a la cabeza, aunque sepa que esas no son las mejores preguntas y que poner todas las esperanzas del nuevo curso en no tener clase el viernes a última hora es una mala forma de empezarlo.

Qué fácil es pontificar desde la distancia… Y qué nostalgia de ese primer día de clase, qué vacío en mi cabeza al no tener ninguna lista de alumnos que aprenderme de memoria y qué de recuerdos agolpados y entremezclados de diecisiete años con sus correspondientes primeros días de clase.

Pero, de momento, sigo en Pamplona un curso más y eso se nota, por ejemplo, en que cuando vuelvo de la biblioteca a casa ya suelo ir saludando a gente conocida (a algunos también que no conozco, pero que, por un instante, me resultaron familiares, y entonces continúo la marcha haciendo gestos con la cabeza, como si tuviese un tic nervioso). Es muy probable que sea mi último curso aquí y yo también empiezo con el deseo de aprovecharlo al máximo y de dedicar todas las horas posibles a estudiar al bueno de Nono de Panópolis, sobre quien estoy haciendo la tesis. Pero de eso ya hablaré en otra ocasión, que solo venía aquí para desear un buen comienzo de curso a antiguos compañeros (y a antiguos alumnos)… Y llenarme de la repetitiva nostalgia de comenzar un nuevo año fuera de las aulas, sin alumnos a los que “amedrentar” y sorprender.

El trigésimo tercero

Sí, lo sé, hace tiempo que esperabas una entrada como esta, pero es que el trigésimo tercero de mis sobrinos se ha hecho esperar. Pero, por fin, el pasado cuatro de septiembre nació Álvaro, el noveno de L, la cuarta de mis hermanos. Y sí, yo también creo que, afortunadamente, mi hermana está loca.

La verdad es que Álvaro no se ha hecho esperar tanto, pero mi hermana estaba ya tan acostumbrada a que sus hijos decidiesen nacer unas cuantas semanas antes de lo previsto que la doctora le había dicho que, sin lugar a dudas, este también se adelantaría. Y como no era cuestión de perderse el veraneo familiar en Galicia (este agosto, aunque no hemos llegado a coincidir todos a la vez, hemos estado todos en Nebra, cerca de la Ría de Arousa, aunque no hemos llegado a coincidir todos a la vez) sus padres se habían llevado todo el material necesario por si Álvaro decidía ser gallego y “Alvariño”. Pero se ve que al final ha preferido ser madrileño…

Eso sí, después de haberse hecho esperar más de un par de semanas (en la porra había quien puso el 12 de agosto) y de haber despreciado la luna llena, le dio por nacer el mismo día en que yo había “liado” a mis padres para que atendiesen a la madre y el hermano de mi amigo S. (a quienes, por supuesto, no conocían), que llegaban desde Brasil el día 3 y que tomaban un tren al día siguiente para ir hasta Monzón, donde les recogerían otros amigos de mi amigo (que, por supuesto, no les conocían) y acercarlos a Torreciudad para que pudiesen asistir a la ordenación sacerdotal de S.

Para que no faltase nada de emoción, la misma mañana en que se puso mi hermana de parto, mi padre había acompañado a mi otra hermana para que llevase al quinto de sus hijos (afortunadamente, otra loca) a una revisión, antes de pasarse a recoger a los “brasileiros” y llevarlos a la estación de tren… No sé dónde estuvo el fallo de comunicación y a estas alturas ya es inútil romperse mucho la cabeza con el asunto (o sea, que probablemente fui yo la fuente del susodicho fallo de comunicación), pero el caso es que resultó que, en contra de lo previsto, la estación de partida no era Atocha, sino Chamartín, y la madre y el hermano de S. perdieron el tren. Como había más gente que iba hacia Torreciudad ese mismo día, después de varias gestiones infructuosas di con V., otro amigo, que iba hasta Huesca y que estuvo encantado de llevar hasta allí a los “brasileiros” (a quienes, por supuesto, tampoco conocía). La historia es mucho más larga, pero tampoco se trata de quitarle el protagonismo a Álvaro. Además, después de tanta peripecia, todo acabó bien y el domingo conocí a la madre y el hermano de S. después de la ordenación. Como me decía el hermano, con quien me entendí en un más que aceptable “portuñol”, estoy rodeado de gente fantástica y maravillosa. No le falta razón. Y, a partir de ahora, se nos ha unido uno más a la fiesta. Aquí dejo su foto, con la que yo también me tendré que conformar hasta que pueda conocerle en persona:

Álvaro T

Por cierto, mi padre ha comprobado en sus propias carnes lo riguroso que es con los +/- 15 gramos del peso y, a pesar de haber acertado el día, se ha quedado sin el jamón…

Días en Madrid

He estado apenas una semana en Madrid y, aunque creo que me ha cundido mucho, me ha sabido a poco. Y me he quedado con ganas de ver a tanta gente que hace ya tiempo que no veo (es lo que tiene irse a vivir a otra ciudad): unos porque estaban fuera, otros porque les surgieron imponderables de última hora, los de más allá porque no sabía yo si estaban y, cuando quise mandarles un mensaje, la agenda ya estaba a reventar. Y también ha habido otros encuentros casuales, como los encuentros con H, L y E en la biblioteca de Valdebernardo (sí, también he sacado algo de tiempo para la tesis), o con J, que no iba a la biblioteca, sino al Parque de Atracciones. O el encuentro de esta mañana con R, que fue compañero de guardería… Me decía que no ha tenido suerte en la vida, pero no era una queja, era una constatación: le han diagnosticado artrosis de cadera, que no tiene fácil operación (ni mucho menos, barata); se arruinó el año pasado, porque lo poco que ganaba en el trabajo que ya no tiene se lo daba a una mujer que conoció que estaba pasando problemas, pero que resultó que le ha estado estafando… Sin embargo, a pesar de todo a R se le veía feliz, sin duda, por sus experiencias en Medjugore, que me han dejado la piel de gallina y mucho que pensar.

Han sido días de reencuentros y abrazos, de risas y de “auditorías” y de muchos recuerdos. Ha habido reencuentros con amigos que son ya de tanto tiempo que no puedo imaginar mi vida sin ellos (amigos de los de correspondencia epistolar manuscrita) y que, sin embargo, no dejan de sorprenderme. Conseguí también quedar con JM, con quien apenas he conseguido hablar durante todo el curso (me he hecho muy amigo de su contestador automático, eso sí), porque tampoco ha pasado por una buena racha. O con J, recuperado ya de su angioma y feliz como siempre. Asistí, junto con G, a la presentación mundial de El silencio es otro abecedario de otro J, que tuvo el detalle de regalarnos y dedicarnos el libro. No necesitamos más público para saber que aquello tenía dimensión universal. También tomé un buen café con E, ahora que es jefe y, sin embargo, no se le ha subido a la cabeza.

Hubo, por supuesto, partido de la Liga Fantástica (creo que no hace falta decir que volví a ganar): nos costó sacarlo, pero al final estuvimos ocho valientes (Á, M, D, D, F, JC, J) que, fieles a nuestro lema de “jugamos, aunque no nieve”, nos resignamos a que la pista estuviese seca y a no pasar frío: así las cervezas saben luego mucho mejor. Desde la banda nos acompañó S, que se está recuperando de una dura lesión, pero con quien contamos para el partido navideño. Se me van haciendo mayores y empiezan a metamorfosearse (es decir, están dejando de ser -dicho sea desde el cariño- unos capullos) en jóvenes profesionales.

No faltó tampoco la cena en la pizzería y la larga conversación con F y V, con quienes tanto cuento siempre, y el breve encuentro con G para ponernos al día de nuestras respectivas vidas. Y el no tan breve con CH en un pueblo perdido del Corredor del Henares al que Cervantes dio fama en una de sus obras.

Dentro de la categoría de quedadas inolvidables (y también tormentosas, aunque puedo asegurar, en contra de lo que ellos piensan, que no fui yo el invocador de la lluvia) quedará la paella en la sierra con P y M en el pueblo de Á, donde conocí también a S y a N y al rato ya hablábamos como si nos conociésemos de hace muchos años y que me sometieron a un interrogatorio tan intenso y divertido que nos acabó interrumpiendo la señora de la mesa de al lado para decir que teníamos una conversación muy interesante…

A todo eso hay que sumarle los encuentros con los vecinos, las comidas familiares, las risas con los sobrinos (por esas cosas de las vacaciones, solo he conseguido ver a 19 de los 32) y el intento de que algunos me re-conozcan…

Lo sé, hace rato que te has perdido entre tanta sigla, pero para mí detrás de cada sigla hay toda una historia imposible de resumir en una rápida entrada del blog. Y además, se me ha quedado todo un abecedario pendiente y he echado mucho de menos no ser capaz todavía de bilocarme. La verdad es que tras semanas como esta se me vienen siempre a la cabeza los versos que tuve la suerte de escucharle directamente al poeta Carmelo Guillén hace unos años:

DE AMIGOS ANDO BIEN

De amigos ando bien y me gusta enseñarlos
en álbumes de fotos y hacerlos coincidir
y que se den sus números de teléfono, que tengan
entre ellos un trato. De amigos ando bien
y hacen lo que quieren de mí, sin consultármelo,
que vienen a mi vida y me cogen el peine,
y se peinan, y me ponen los versos perdidos
de afecto, y se resbalan en este corazón
que es su casa. De amigos ando bien, si no yo
de qué iba a dármelas, de qué, si ellos suelen
mostrarme a las visitas y hacerme coincidir
con sus otros amigos, y andan ocupados en mí,
en si me peino, en si estoy o no cómodo, si salgo
en mangas de cariño o si llevo o no el cuello
rozado de quererles. De amigos ando bien
y me noto importante, tal vez algo más gordo
de ser feliz, por eso me quedan las camisas
estrechas y me sale un brillo en la mirada
sólo porque de amigos ando bien, si no vedme
sentado a dos asientos o intentando alcanzarles
la luna, que me son leales y culpables
de todo: de peinarme así, como más guapo,
y perderme en mis versos e irme de teléfonos
y fotos y visitas y dármelas de qué;
no sé, culpables, ellos, mis amigos. ¡En serio!

Dejen de escupir, antes de escuchar

Ayer, a través del retuit de un amigo, me enteré del nombramiento de un nuevo “Director General de Educación Infantil, Primaria y Secundaria” en la Comunidad de Madrid. Y me llevé una gratísima sorpresa al descubrir que el nombrado era Juan José Nieto Romero, un gran amigo de hace mucho tiempo. Y me llevé cierta decepción al descubrir que el tono del tuit, y mucho más el de las respuestas, era más bien despectivo. Y todo por quedarse en las etiquetas.

Te duele ver que denigran a un amigo tuyo, al que ni siquiera conocen, porque se quedan en las etiquetas. Y te duele también pensar en las veces que habrás hecho tú lo mismo. Propósito firme: intentar mirar siempre más allá de la etiqueta.

Juanjo es profesor de Formación Profesional desde 1982 y lleva más de 20 años en el IES Julio Verne de Leganés, del que es director desde hace unos diez años, en los que el Instituto ha experimentado una notable mejoría y no solo de resultados. Eso lo sé por Juanjo, pero también por otros amigos que han trabajado allí.

Juanjo es también uno de los impulsores de la Asociación Mejora tu Escuela Pública (MEP), que nació en 2008 con el objetivo, entre otros, de “convencer de que es posible una educación pública de calidad, que respeta y  prestigia la labor social de los profesores y forma a los alumnos en el valor del esfuerzo y del trabajo bien hecho y en el ejercicio responsable de la libertad para su futura vida personal y profesional”. Otro de los objetivos de MEP es dar a conocer y compartir las buenas prácticas, de forma que lo que funciona bien en un sitio, se pueda poner en práctica en otro. Y es que, como le he oído a J. repetir muchas veces, “en educación, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa”. También Juanjo es un firme convencido de que, en lugar de la queja esteril, cada uno tiene que tratar de mejorar lo que tenga al alcance de la mano. Me imagino que, por eso, ahora que se le ha presentado la ocasión de asumir un cargo de responsabilidad, en lugar de acomodarse en lo ya conocido, ha decidido “pringarse”, porque prefiere ser grano de arena a limitarse a lamentarse.

La verdad es que tampoco sé hasta que punto “manda” un “Director General de Educación Infantil, Primaria y Secundaria” (aunque el título impresiona) y si podrá hacer mucho o poco por mejorar la educación. Y he de reconocer, para mi vergüenza, que ni siquiera conozco el nombre de quien ejercía tal cargo mientras yo daba clases en Madrid. Pero me alegra que sea Juanjo quien tenga ese cargo ahora, porque me consta que tratará de hacerlo lo mejor posible y no me cabe la menor duda de que escuchará a unos y otros y que no le falta experiencia real de lo que es un instituto y de las carencias del sistema educativo.

Sin embargo, en el retuit al que hacía referencia al principio, no se hablaba de los más de 30 años de Juanjo Nieto como profesor, ni de sus más de 20 años en la escuela pública, ni de sus más de 10 como director de instituto o de sus éxitos profesionales. No, lo único que destacaba el tuit, con miedo (¿quizá odio?, ¿quizá desconocimiento?) incontenible es que Juanjo es del Opus. Y en las respuestas al tuit se destilaba indignada desesperación. Hay quien, incapaz de ver personas, siempre se queda en las etiquetas.

“Dejen salir, antes de entrar” es una norma de convivencia avalada por el sentido común y que tenemos bien interiorizada. Quizá deberíamos interiorizar alguna otra, como por ejemplo: “Dejen de escupir, antes de escuchar”. Y si después de escuchar, no te gusta lo que se dice (aquí tienes por ejemplo una entrevista), en lugar de escupir, también podrías probar a dialogar. No sé, imagina, por un momento, que al otro lado hay una de esas raras personas que te escucha de verdad. Te aseguro que Juanjo es una de ellas.