Había una vez un blog

Queda menos de un mes para la oposición de Lengua Castellana y Literatura y quizá no sea el mejor momento para empezar a escribir en un blog.

Así empezaba este blog, el 27 de mayo de 2006, hace poco más de ocho años. Y ahora puedo decir que no me cabe duda de que fue un momento excelente para empezar a escribir un blog, entre otras cosas porque todavía no había Twitter que te lo limitase todo a 140 caracteres y te convirtiese en un escritor vago y esporádico. Este blog, tan abandonado, se me ha convertido en una despensa de recuerdos en la que entro de vez en cuando y empiezo a leer entradas al azar: algunas me parece que no las he escrito yo, otras me parece que las he escrito demasiadas veces. Y en todas descubro que la vida es cuento.

Lo que no me imaginaba entonces y, si no fuese porque lo estoy viviendo, me costaría imaginarlo también ahora, es que hoy echaría la vista atrás y rescataría las primeras palabras de la primera entrada del blog, no con los agobios de un final de curso con montones de exámenes y trabajos por corregir y miles de propuestas de propósitos de enmienda en forma de absurdo soborno: “si me apruebas, me leo veinte libros y te hago cincuenta trabajos y el año que viene voy a estudiar, de verdad de verdad”. En lugar de eso, ocho años después, he pasado de nuevo por los agobios de tener que volver a enfrentarme a unos cuantos exámenes. El último de ellos fue precisamente el 26 de mayo (la semana pasada como quien dice) y era un examen que tenía demasiados paralelismos con la oposición y que despertó el trauma que todos los opositores, aunque no queramos reconocerlo, llevamos dentro.

Estos dos cursos he hecho, por si todavía no lo sabías, un máster en Teología, en la especialidad de Sagrada Escritura. Lo llamo “máster” porque es un posgrado que se estudia cuando ya se tiene el Grado de Teología, pero el nombre oficial es “Licenciatura” (en realidad, en lugar de Grado en Teología se llama Bachillerato: todos sabemos que la Iglesia gusta de tradiciones y no va a empezar a cambiar nombres así porque sí). Pues resulta que al final del máster hay un “Examen de Licenciatura”, en el que entran 30 temas, algunos de ellos equivalentes al temario de asignaturas completas. El día del examen sacas dos números por sorteo y eliges uno. Después tienes media hora de “encerrona” para prepararlo antes de exponerlo oralmente ante un tribunal de tres profesores… Lo dicho, demasiadas similitudes con la oposición y he de reconocer que me ha resultado un trago difícil: la misma sensación de ya no me sé nada de todo lo que me he estudiado, de quién me mandaría meterme a mí en esto con lo tranquilo que yo estaba con lo otro… Pero, afortunadamente, una vez más me tocó el único tema que me sabía y pude salir airoso del trance.

Así que ya he acabado el máster en Teología que vine a hacer a Pamplona (entre otras cosas). Pero la fiesta no ha hecho más que empezar, porque ahora toca meterse de lleno en la tesis… Sí, también me hice en su momento el propósito de no volver a hacer otra tesis ni por todo el oro del mundo, pero es que no es por todo el oro del mundo por lo que hago esta tesis…

No me atrevo a pronosticar cuál será mi entrada en el blog dentro de otros ocho años, pero si estás ahora preparando una oposición a la enseñanza, muchísimo ánimo y muchísima suerte. Y ni se te ocurra empezar a escribir un blog.

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