El trigésimo primero

Menos mal que de vez en cuando nace un sobrino que me recuerda que yo tenía un blog en el que escribía de vez en cuando…

El pasado 9 de octubre nació Dani, el quinto hijo de la octava de mis hermanas, con dos días de retraso, pero con el peso exacto para que me hubiese llevado el jamón que mi padre ofrece en la porra familiar para quien acierte día y peso (con una horquilla de veinticinco gramos). Una vez más, el premio ha quedado desierto y eso que esta vez participaban también 20 sobrinos. Pero el jamón es lo de menos y el tener a un sobrino más a quien querer, lo de más.

Uno podría pensar que cuando superas los treinta sobrinos los que vienen se van convirtiendo en uno más, pero nada más lejos de la realidad: cada nuevo sobrino te ensancha un poco más el corazón y se va ampliando la capacidad de querer.

Dani no sabe muy bien todavía en qué familia se ha metido, pero lo que le puedo garantizar es que se lo va a pasar en grande, con tantos hermanos, tantos primos y tantos tíos. Yo, de momento, con lo que me voy a quedar es con las ganas de conocerle en persona, pero siempre nos quedará el whatsapp:

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