Feliz año

Ahora que ya sé que en el 2014 llueve y hace frío y también sale el sol, ahora que han comenzado las clases, ahora que tengo la certeza, a pesar del cambio de año, de que todos los días me sigue costando levantarme cuando suena el despertador, ahora que sigo convencido de que tendría que escribir más a menudo, ahora que ya se fueron los magos y, a parte de los regalos, nos dejaron la normalidad… Ahora, precisamente, quiero desearte feliz año, lleno de temidos lunes y anhelados viernes. Me gustaría hacer algún día una defensa apasionada de los lunes, porque cada vez estoy más convencido de que quienes sufren los días normales y solo añoran el fin de semana, están disgustados la mayor parte del tiempo, que sería casi mejor disfrutar de lunes a jueves y sufrir de viernes a domingo… y de que es mucho mejor disfrutar de lunes a domingo, y otra vez a empezar.

Lo dicho, feliz año, lleno de maravillosos lunes y fantásticos viernes (fin de semana incluido).

Y una poesía para despedir a los Reyes. Esta vez, en lugar de Lope de Vega, Gloria Fuertes:


El camello cojito

(Auto de los Reyes Magos)

El camello se pinchó
con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.

Baltasar fue a repostar
más allá del quinto pino….
E intranquilo el gran Melchor
consultaba su “Longinos”.

-¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!

-Son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido-.

El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.

-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero, repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño.

 

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