La lección de August

Desde que estoy en Pamplona escribo igual de poco que antes en el blog, pero leo mucho más. Mis horarios han adquirido una medida más humana y ya no gasto treinta minutos en coche para llegar a trabajar, sino cinco en bicicleta (hace casi dos meses que no conduzco un coche, pero me imagino que esa es una de las cosas que no se olvidan… Sí, igual que montar en bicicleta, que es lo que estás pensando). Parte del tiempo recuperado se lo llevan los libros. Ahora mismo estoy con el Danubio de Magris, un libro enciclopédico y de una cultura abrumadora que pone en evidencia una vez más los límites que no tiene tu ignorancia. Según lo leo, voy con frecuencia a Internet, para completar las mil historias y personajes que aparecen mucha veces apenas esbozados.

Pero también sigo leyendo otros libros con el pensamiento inevitable de si lo podría mandar leer en segundo de ESO en cuarto. Lo de “mandar leer” es una de las terribles decisiones que uno tiene que tomar como profesor. Sabes que si no “mandas” no leen y que si no leen jamás descubrirán la lectura. Pero también sabes que si mandas el libro equivocado habrás asesinado a un lector. Y, sin embargo, creo que mandaría leer La lección de August, de R. J. Palacios, a pesar de sus 410 páginas. O, en lugar de mandarlo leer, lo iría leyendo yo mismo, al principio de cada clase, como hice el año pasado con Me debes un beso. Un día dedicaría prácticamente toda la clase a leer las primeras páginas, para que la historia consiga enganchar, y en los días sucesivos empezaría cada clase con la lectura de un capítulo (la mayoría son de dos o tres páginas) y cuando se pusiese realmente interesante les dejaría con las ganas… O seguiría leyendo y entonces se quedarían con las ganas de hacer análisis sintáctico.

August es un niño, más que deforme monstruoso por un defecto de nacimiento, al que sus padres han procurado proteger desde pequeño, pero al que deciden enviar al colegio cuando cumple los doce años. Y si tu cara es más que terrible repulsiva no es nada fácil encontrar un amigo… Por las páginas del libro he visto desfilar a muchos de mis alumnos, a amigas inseparables que sin saber por qué un día se separan, a tipos que saben guardar las apariencias pero que esconden en su interior víboras venenosas, a gente capaz de sobrevolar los prejuicios pero capaces de meter la pata por querer quedar bien, a amigos inesperados de los momentos desagradables… La cara de August la he visto alguna vez en algún niño, pero no recuerdo haber tenido ningún alumno con esas características, pero sí que he tenido a muchos alumnos que han tenido que luchar por salir adelante a pesar de la crueldad de sus compañeros. El libro, contado desde distintos de vista por algunos de los personajes, no cae, me parece, en la ñoñería y el simplismo, sino que rebosa ternura, humor, angustia y, sobre todo, mucha humanidad, tanto de la ruin como de la grande y refleja con maestría los altibajos del mundo adolescente y la necesidad de que, de vez en cuando, uno reciba una ovación, porque todos vencemos al mundo.

2 comentarios en “La lección de August

  1. Es un libro que me enganchó y que también lo hizo con mis hijos. Si no fuera así, no me molestaría en poner el comentario. Puede ser uno de esos grandes libros que pasan a ser clásicos sobre todo por el tratamiento tan natural que le da al asunto. ¡Es posible que un autor se meta en la piel de unos cuantos personajes y todos tan distintos, desde una primer apersona? Sí. ¿Es posible hablar de un chico con la cara deforme pro completo y que tiende a ser egoísta y egocentrista? Sí. Vamos, que lo mandaría desde 1º de la ESO a 4º de la ESO y volviendo por el bachillerato.

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  2. Es un libro que me enganchó y que también lo hizo con mis hijos. Si no fuera así, no me molestaría en poner el comentario. Puede ser uno de esos grandes libros que pasan a ser clásicos sobre todo por el tratamiento tan natural que le da al asunto. ¡Es posible que un autor se meta en la piel de unos cuantos personajes y todos tan distintos, desde una primer apersona? Sí. ¿Es posible hablar de un chico con la cara deforme pro completo y que tiende a ser egoísta y egocentrista? Sí. Vamos, que lo mandaría desde 1º de la ESO a 4º de la ESO y volviendo por el bachillerato.

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