Mi última y querida tutoría

A finales del curso pasado, un día se me acercó G y no sé si como sugerencia o como amenaza me dijo con tono de delegada: “Escribirás una entrada a tu última y querida tutoría, ¿no?”. Y aquí tiene por fin la respuesta.

He comentado otras veces que me encanta (no soy capaz todavía de acostumbrarme al imperfecto: me encantaba) ser tutor, a pesar de que es una función que a la mayoría de los profesores les repele, por lo que conlleva de horas extras cada vez menos valoradas: primero te quitaban horas de clase para que pudieras dedicarlas a la labor de tutor, luego decidieron no quitarte las horas y pagar un precio más bien simbólico de 75 euros al mes para poco después, y sin previo aviso, reducirlo a la mitad… Pero lo que no saben es que yo lo seguiría haciendo gratis, por más que se multipliquen los problemas y tus compañeros solo sepan hablarte de los disgustos que les dan “tus niños” o los padres esperen que tengas la solución definitiva para una sobredosis de adolescencia.

Cuando te conviertes en tutor de un grupo de alumnos, hay algo que cambia sustancialmente en tu relación con ellos y por mucho que compañeros que les han dado clase en cursos anteriores te adviertan de la terrible tutoría que te ha tocado en suerte, no puedes evitar que esos alumnos sean tu debilidad y tu preocupación. Mucho más de lo que ellos se imaginan, porque también tratas de que no se te note, y de no mimarlos, y de exigirles: “perdóname el dolor alguna vez… es que quiero sacar de ti tu mejor tú”.

Y todas las tutorías se vuelven especiales e inolvidables, pero uno no puede evitar un no sé qué por su última y querida tutoría. Aunque estoy de excedencia desde el uno de septiembre, ayer, con la evaluación de pendientes a la que ya no asistí, se puede decir que terminó mi papel de tutor… O quizá uno no deje de ser tutor nunca. Hoy mismo he recibido un SOS a través de Twitter: “Y no te visto por el Tuto, un fallo necesito apoyo xD”. Ya le he explicado por qué no estaba en el “Tuto” y he tratado de darle apoyo, no sé si con éxito.

Durante este curso he tenido mis encuentros y mis desencuentros con mi tutoría, como en toda buena relación que se precie, pero creo que salen ganando los encuentros. Después de las vacaciones de Navidad les conté mis proyectos de futuro y les pedí que no se los contasen a nadie y les agradezco de veras su discreción, a pesar de algún que otro involuntario desliz.

Pero antes de que nos pudiésemos dar cuenta, había acabado el curso. A una de las clases de repaso para selectividad apareció un buen día mucha más gente de la acostumbrada y yo pensé que era por amor al comentario lingüístico… Mi sorpresa fue mayúscula cuando me entregaron un dossier en el que incluían no solo un buen montón de textos suyos, de esos que te anudan la boca del estómago, te ponen los pelos como escarpias y te dejan al borde de la lagrimilla, sino también textos de profesores a los que habían ido persiguiendo por todo el instituto para arrancarles unas palabras de lo más epatantes. Un dossier que ocupará siempre un lugar en la estantería y, sobre todo, en mi corazoncito.

Ya solo falta que un día de estos acaben y me envíen las orlas que nos hicimos extraoficiales. Una seria y la otra “distinta”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s