Volubilidad adolescente

El curso pasado tuve mis más y mis menos con un grupo de 1º de Bachillerato al que di clase. No sé muy bien en qué momento se empezó a estropear la relación. Quizá yo esperaba más (que ya sois de Bachillerato) y procuré apretar las tuercas, pero se me fue la mano y me pasé de rosca. Es el siempre difícil equilibro entre exigir y facilitar, entre la cal y la arena, entre la mano derecha y la izquierda. Y al grito de “Perdóname el dolor alguna vez. / Es que quiero sacar / de ti tu mejor tú”, tiras y tiras de la cuerda para ayudarles a subir, pero corres el riesgo de que se rompa la cuerda y caigan al vacío. Cuando un alumno se convence de que contigo es imposible aprobar, estás perdido. O, mejor dicho, está perdido. A veces se convencen por experiencia propia (han estudiado más que en toda su vida y no han conseguido aprobar) y dejan de intentarlo, a veces porque llegan prevenidos (“puf, con Eduardo lo llevas claro”) y ni lo intentan.

El caso es que cuando este año se enteraron de que iba a ser profesor de un 2º de Bachillerato más de uno debió de encomendarse a Santa Rita… Pero ha pasado medio curso, resulta que quienes suspendían conmigo siguen teniendo problemas con la Lengua y como es más sencillo echarle la culpa al profesor que asumir la propia responsabilidad te dicen que ojalá les dieses tú clase… Siempre es más fácil añorar e idealizar lo que uno no tiene. Estoy convencido de que, si hubiese sido yo el profesor, a estas alturas estarían subiéndose por las paredes y lamentándose por su mala suerte o haciendo una sentada en dirección para exigir mi cabeza. Y a mí me alegra que ahora me quieran como profesor (porque dentro de clase nuestra relación tuvo sus más y sus menos, pero fuera de clase siempre ha sido fantástica, Roma incluida), sin embargo me gustaría todavía más que dejasen de creer que todo se solucinaría con cosas que no dependen de ellos (ya nunca les daré clase) y que se atreviesen a convencerse de que el empeño personal y las horas de estudio tienen que estar siempre por encima de la simpatía o antipatía por el profesor. El “ojalá” nunca les va a aprobar una asignatura.

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