Malika

Esta vez no han sido las apreturas de tiempo o la desidia las que me han alejado del blog. Esta vez, en cuanto me ponía delante de la pantalla para empezar a escribir, se me arrugaba el alma y me dolían las teclas y acababa por no escribir y engañarme navegando en búsqueda de útiles recursos educativos.

Siempre procuro escribir con una sonrisa, tratar de que quien llegue a este blog, por gusto o por descuido, salga de él con la sensación de que no todo es tan terrible en la educación o en el mundo, pero la vida es cuento y no todos los cuentos tienen final feliz. Hace días que vengo al blog con la intención de hablar de Malika y al final no me atrevo y me escabullo por los entresijos de la red hasta que se me hace demasiado tarde. Pero hoy me ha llegado un comentario de esos que te hacen despertar y te alegran el día:

Te reprocho que nos hayas abierto durante mucho tiempo (más de seis años, cuando la duración media de un blog personal apenas llega a un año) tu vida, para ir cerrándola cada vez más, hasta lograr que nos hayamos, en mi caso, olvidado de pasar por aquí para saber “qué tiene que contarnos Eduardo”.

Y he decidido que tengo que escribir, aunque duela.

Di clase a Malika hace seis años, en Valdebernardo, en mi primer curso como profesor de instituto. No era precisamente una alumna ejemplar: a voz en grito por por los pasillos y en clase, capaz de hacerte dudar de tu presencia (¿es posible que esté yo aquí o a lo mejor es que todavía no he venido?), como si todo le diese igual, encantada de coleccionar partes y amonestaciones… Pero no todo le daba igual. Rebuscando en el blog, he descubierto que hablé de ella en una de las primeras entradas, cuando todavía este era un blog anónimo y en lugar de X ponía nombres completos. Era una anécdota sin mucha importancia: después de dos o tres clases imposibles había decidido ponerle un parte y lo había redactado a pesar de sus “medaigual” amenazantes. Pero no le daba igual. Al final de clase se quedó y me pidió que, por favor, por favor, le quitara el parte, que a partir de entonces se iba a portar bien, de verdad, de verdad… Por principio, no soy muy partidario de echarme atrás en las sanciones, pero a veces uno tiene la sensación de que la justicia estricta acaba rompiendo la posibilidad de cambio de los alumnos… Y cedí. Delante de ella hice el parte mil pedazos y lo tiré a la papelera.

Al día siguiente su comportamiento fue ejemplar, y al siguiente también… A lo mejor le llegó a durar una semana. Después volvió a las andadas. Incluso tuvimos algún que otro incidente desagradable que también ha quedado recogido en el blog, aunque ya de forma anónima…

Pero, de pronto, todo eso se vuelve insustancial y absurdo. El pasado 18 de noviembre Malika, que tenía un hijo de dos años, fue brutalmente asesinada a puñaladas en Parla por quien probablemente alguna vez la quiso. La violencia siempre es absurda e irracional, pero en algunos casos resulta más incomprensible. ¿Qué falla para que el amor se convierta en odio? ¿Dónde empieza la espiral de esa locura? ¿Por qué es tan difícil romper esa espiral?

Desde que salí de Valdebernardo no había vuelto a tener noticias de Malika, pero su muerte me ha dolido de veras, me ha dejado muchas preguntas y la herida de pensar que, como me decía J el otro día, teníamos que haber hecho más.

6 comentarios en “Malika

  1. Había leído hace dias esta noticia en el Pais (http://elpais.com/elpais/2012/11/18/actualidad/1353232580_615474….)
    Recuerdo que me llamo la atención el comentario de una vecina : “no creimos que iba a pasar nada”…
    He sufrido maltrato físico y psiquico ……es la primera vez que me atrevo a escribirlo , no me gusta hablar de ello , son palabras mayores .Gracias a Dios conseguí escapar de mi maltratador , sin embargo el miedo sigue ahí ……
    Cuando nos enamoramos nunca nos paramos a pensar en como esa persona puede llegar a cambiar tanto, en como el amor que os unió un día, se convierte en miedo, desesperacion y sufrimiento.
    “Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo. ”
    (Elie Wiesel. Nobel de la Paz)

    Descansa en Paz Malika.

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  2. efectivamente tengo la impresión de que podríamos haber hecho más por Malika. Digo, desde la Escuela como institución. Nosotros como individuos podíamos escucharla o decirle, pero ante un contexto como el suyo resultaba complicado entenderla. Qué desmitificación de las películas made in Disney cuando una tragedia como la suya nos hace sentirnos impotentes cuando nos creíamos importantes. Tú has conseguido escribir sobre Malika, yo aún soy incapaz

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  3. GRACIAS.
    Por todo. Por tus lágrimas y por las mías.
    Recuerdo a Malika. Recuerdo esos mil pedazos. Recordaré a Malika el resto de mi vida.
    Porque tú lo escribiste, afortunadamente. Porque tú le diste una segunda oportunidad. Y le hubieras dado todas las que le hubiesen hecho falta.
    De verdad, Eduardo. no lo dejes nunca.
    Unha aperta.
    PD: Ayer escribí una respuesta pero hoy no aparece en los comentarios. Me gusta más esta que la de ayer.

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  4. Seguro que teníamos que haber hecho más…pero es que quedan muchas Malikas en nuestras aulas por las que tenemos que hacer más, mucho más. Ocurrió hace unos días, una de mis alumnas difíciles me abordó por un pasillo acompañada de sus 2 inseparables amigas. – “Profe: ¿Podemos hablar contigo?”- Y así de sopetón me cuenta que su hermana ha muerto…que la ha matado su novio. Me quedé de piedra mientras sin palabras abrazaba a la hermana pequeña de Malika tratando de dar respuesta a su dolor. Hoy, en clase, la pequeña M.A. me ha vuelto a preguntar si va a aprobar mi asignatura, me lo pregunta cada 15 días desde hace más de un año, y lleva dos años aprobándola, gracias a su esfuerzo, aunque jamás sabrá qué es una mitocondria ni para qué sirve el proceso de mitosis. Me gusta verla entrar en clase con su correr apresurado y su “profe lo siento estaba en el baño”, me gusta ver cómo se gira en la silla con su “profe lo siento estaba pidiendo teepex”, nunca en estos dos años la he echado de clase, entiendo que cada día que pasa en el instituto es un día ganado a esa otra vida que no iba a merecerle la pena vivir. No podemos tirar la toalla, tenemos una de las profesiones más hermosas e influyentes, estas chicas y estos chicos que alborotan cada día nuestros pasillos en el fondo nos necesitan hoy más que nunca.

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