Favoritismos

Comentó Yo en la entrada anterior (puf, otra pirueta lingüística como esta y se me descoyunta la sintaxis):

Típico comentario de alumno que piensa que existen favoritismos.

Y no sé si Yo será X, pero creo que ha dado en el clavo, porque es lo que intuí después de nuestra conversación del otro día. Asunto espinoso donde los haya el de los favoritismos, porque entrechocan y entrecruzan múltiples subjetividades. Es inevitable y constatable que unos alumnos te caen mejor que otros, a veces sin saber tú mismo por qué es así. No siempre se trata de alumnos modélicos, que prestan apasionada atención a tus explicaciones, cumplen puntualmente con sus deberes y mantienen un comportamiento no solo correcto, sino ejemplar. No, a veces esos alumnos te caen mal, sin que sepas por qué es así. Y otras veces te cae bien el más pintas. Y creo que el verbo que se emplea, “caer” bien o mal, es bastante significativo, porque es un verbo cargado de involuntariedad: yo no elijo caerme, es algo que me ocurre contra mi voluntad, como yo tampoco elijo que alguien me caiga bien o mal: me ocurre. Como les ocurre a los alumnos: a unos les caigo fenomenal y para otros soy insufrible.

Pero que haya unos alumnos que te caigan mejor y otros que te caigan peor no es favoritismo. Favoritismo es que, por el mero hecho de la simpatía, favorezcas a unos en perjuicio de otros, independientemente de los datos objetivos (acabo de descubrir, una vez más, que el diccionario de la RAE es mucho más certero: “Preferencia dada al favor sobre el mérito o la equidad, especialmente cuando aquella es habitual o predominante”). Y si tengo favoritismos, es más que probable que también tenga manías, que consisten en tratar peor a los que me resultan antipáticos… Y a mí me cuesta aceptar que tenga manías o favoritismos: si alguien me cae bien, tiendo a exigirle más y a que ni siquiera el interesado se dé cuenta; si alguien me cae mal, procuro descubrir sus puntos buenos y también trato de que el interesado no se dé cuenta. Y ante las pruebas objetivas, como preguntas de clase o exámenes, dejo a un lado simpatías y antipatías… O por lo menos, lo intento. Pero puede que se me escapen gestos inconscientes o actitudes involuntarias que manifiesten mi mayor o menor grado de empatía con cada quien.

Sin embargo, lo realmente complicado es desterrar de la cabeza de un alumno la idea de que le tienes manía o de que tienes favoritismos, porque cualquier gesto, por banal que parezca, lo reinterpretará en esa clave: “Hoy no me ha pedido los deberes, porque sabía que los tenía hechos y como me tiene manía…”, “Hoy me ha pedido los deberes, porque sabía que no los tenía hechos y como me tiene manía…”, “Hoy me ha pedido los deberes, porque sabía que los tenía hechos y como me tiene manía, no quiere que se note”. “A mí siempre me pregunta lo más difícil y a Z lo más fácil”. “Me saluda por el pasillo: es un hipócrita”. “No me saluda: se confirma, es un hipócrita”.

Hay muchos alumnos que, con el paso de los años, se han convertido en amigos, hay otros de los que guardo un grato recuerdo, quizá de otros me he olvidado, pero creo que no hay ninguno al que desearía no volver a ver, porque la experiencia me demuestra que, cuando ya no tenemos que compartir aula, los dos nos acordamos de los mejores momentos y nos echamos unas risas con los malos.

Y este curso, aunque algunos no se lo crean, todos mis alumnos me caen estupendamente.

Anuncios

2 comentarios en “Favoritismos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s