Exámenes de septiembre

Mañana me volveré a ver las caras con los alumnos que me suspendieron Lengua en junio. Apostaría a que durante estos dos meses se han acordado en varias ocasiones de mí y no con el mejor de los recuerdos, como si la culpa fuese mía (que, en parte, lo es, ya lo he dicho otras veces: sus fracasos como alumnos, son mi fracaso como profesor). O lo mismo hay quien ni se ha acordado de mí o de la Lengua hasta hoy y no ha podido por menos que hacer una sesuda reflexión sobre el tempus fugit y el memento mori, sobre todo cuando vean sus padres los resultados.

A veces uno se plantea la utilidad de estos exámenes, porque, por desgracia, las estadísticas suelen ser desoladoras en cuanto al número de aprobados. Y en parte es lógico: si no has sido capaz de estudiar cuando tenías a alguien que te lo recordaba todos los días, cómo vas a hacerlo durante un extenso verano. Si el problema, tantas veces, es la fuerza de voluntad y hace falta mucha más fuerza de voluntad para ponerte (el famoso “a ver si me pongo”) cuando nadie se pone y cuando profesores, exámenes e instituto quedan tan lejos.

Sin embargo, hay quien destroza las estadísticas, quien aprovecha la última oportunidad y saca con una brillantez inusitada su examen de septiembre y quien descubre que quizá compense estudiar durante el curso. Sin exámenes de septiembre, quien suspende en junio sufriría menos las consecuencias de su vaguería, escudado en el inevitable “ya no hay nada que hacer”. Por eso creo que, a pesar de todo y de que me toca corregir unos cuantos, merecen la pena, aunque solo sea para remorder alguna conciencia, para que alguien se decida a cambiar el rumbo de su vida, o por lo menos de sus estudios, cosa que conseguirá si no sufre de esa terrible amnesia que nos ataca una vez pasado el mal trago: juramos y perjuramos que este curso sí que sí, que ya está bien de dar disgustos a los padres y a la propia estima, pero empieza el curso y uno tiene la sensación de que se merece un descanso, después de unas vacaciones de academia y estudio desaforado. Total, si lo que hemos dado hasta ahora es muy fácil, si ya sé que este curso me tengo que poner, si… Y acabarás el año que viene, por estas fechas, dándote cabezazos con la pared por esa imperdonable amnesia.

Si has tenido hoy examen, o lo tienes mañana, suerte, mucha suerte, pero, sobre todo, no olvides esos minutos angustiosos antes del examen, esas horas que podrías haber dedicado a tantas otras cosas más interesantes que el análisis sintáctico, esa certeza de que durante el curso podías haber sacado esa asignatura si no la hubieses dejado escapar “procrastinadoramente”.

Y mucho ánimo con el examen de Lengua, que creo recordar que no lo puse difícil.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s