El vigésimo séptimo

Como he vuelto a las andadas y a escribir en el blog muy de tarde en tarde, quien lo haya abandonado y se le ocurra ponerse al día tendrá la sensación de que continuamente me están naciendo sobrinos.

Y no es así, han pasado por lo menos dos meses desde que nació el anterior. El caso es que el 29 de agosto, el día 242 del año, nació Íñigo, que es el cuarto del sexto y el vigésimo séptimo de mis sobrinos, al que todavía no tengo el gusto de conocer más que por foto porque ha nacido en Pamplona y habrá que esperar a que se acerquen a Madrid dentro de unos días. Como siempre, la deuda poética con la familia aumenta y da vértigo pensar que hay que empezar a saldarla. Por lo menos tendré tiempo para ir pensando en hacerlo porque, de momento, no hay más sobrinos a la vista.

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