Efectos secundarios

Aturdido en su barco, mientras cuse sus harapos, va bojando la isla, dispuesto a sacar las hiscas que lleva en uno de los pañoles, porque quiere dejar a los peces que muguen. De dentro de la isla, más allá de las quilas que impiden la entrada, se escuchan los terribles lecos de una cerda jedando, o tal vez sea un pudú extraviado. No entiende nada, pero es cuzo, ya se lo decía su abuela, y no para hasta encontrar, debajo de unos tablones guateados, rodeado de asquerosos jates, lo que tanto necesita: su diccionario.

Sí, me temo que son los efectos secundarios de jugar al Apalabrados, del que ya hablé hace unos días. He descubierto que a esto soy realmente bueno: hasta ahora solo me han ganado tres personas (pierdo una partida de cada 15) y hoy mismo he batido mi récord con 528 puntos. Si alguien se atreve, el Lupus Ferocissimus le está esperando…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s