¿Y ahora qué?

Decía el otro día que había hecho un mini examen en el que los alumnos tenían que analizar sintácticamente unas oraciones que habíamos corregido en clase y que sabían que les iba a preguntar. El resultado ha sido desastroso. Y es inevitable que a uno le entren crisis vocacionales: si no soy capaz de enseñarles esto, probablemente tampoco lo demás.

Hoy durante la clase les he echado la charla, asumiendo las responsabilidades, como los entrenadores, y les he estado hablando de la fuerza de voluntad y los ejercicios que tenían que hacer cada día para conseguirla… Algunos ponían cara de pobre profe, tiene razón, mañana mismo empiezo. Pero a otros la cosa les pillaba tan lejos que he salido un tanto desanimado. No sé. Seguiré dando porrazos a la puerta de su voluntad para que se decidan a abrir, con tal de no escucharme, porque ya se sabe que esa puerta solo se abre desde dentro.

Y aquí lo dejo que me voy a poner a preparar otro examen de recuperación para llevarme otros cuantos disgustos.

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