Fracasos

A veces da la impresión, a final de curso, de que ya está todo el pescado vendido, de que no haría falta hacer ningún examen más para saber la nota final de cada alumno… El problema es que, a veces, esa impresión también la tienes a principio de curso. Después de un par de semanas de clase, puedes hacer la quiniela de las notas finales, guardarla en un cajón y observar con sorpresa en junio que no te has equivocado tanto.

Y uno no puede dejar de preguntarse si realmente es útil o si, cualquiera que fuese el profesor, los resultados serían los mismos.

Hace cosa de un mes, me encontré con N., al que veo muy de vez en cuando, entre otras cosas porque es profesor en un instituto de Calatayud, y me comentó que seguía el blog (cosa que le agradezco) y que le sorprendía gratamente que todo fuese tan positivo… Y ya le expliqué que no todo es tan positivo, pero que uno no viene aquí para enjugar sus lágrimas, que para ver lo malo no hace falta especial esfuerzo y que el problema está en que si uno se empeña en ver lo malo, se perderá lo bueno (“si de noche lloras por el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”, que decía Tagore en un momento de curslismo supino)… Sin embargo, creo que tampoco está de más dejar constancia de los fracasos.

Después de unas notas lamentables en uno de los últimos exámenes, les solté un discursillo hablando de mi frustración como profesor y les venía a decir, remedando a Marco Aurelio en Gladiator, que sus defectos como alumnos eran mi fracaso como profesor. La frase quedó bien, todos pusieron cara de esta vez nos ha llegado al corazón y vamos a cambiar… Pero cambiar no es tan fácil. Sobre todo si uno quiere cambiar para bien. Para mal es mucho más fácil:  ya me ha demostrado algún alumno cómo se puede tirar un curso por la borda en un mes tonto.

Y llega un momento en el que uno, agotado de luchar contra los elementos (llámense los elementos falta de voluntad, absentismo, mala educación, pasotismo, desinterés, abulia, desidia, dejadez, problemas familiares…) suelta la mano que estaba agarrando y deja que el alumno se pierda corriente abajo, convencido de que “no podemos estudiar por ti”. Y te conformas con que no te moleste y te da igual si ni siquiera saca el libro.

Y cuando tienes todo ese triste panorama delante, de pronto te llega un mensaje del tipo:

EDUARDOOO!! el dia 20 de MAYO es nuestra graduacion y queremos que vengas a vernos, no aceptamos un NO por respuesta, te iremos informando conforme se acerque la fecha con mas lujo de detalles =)
cuidate!

Y te pones a recordar los buenos momentos que pasaste hace un par de cursos con esos alumnos a los que ya no das clase, que son de otro instituto y que, sin embargo, todavía tienen ganas de verte. Y seguro que tuviste entonces momentos de bajón de los que ahora ni te acuerdas. Y, por supuesto, vas a la graduación y te lo pasas en grande y recuerdas montones de anécdotas y les preparas un vídeo con el que echarse unas risas… y unas lágrimas. Y vuelves convencido de que esto merece la pena, de que habrá que seguir luchando contra corriente y de que de las mejores cosas que tiene la educación es que te da miles de antiguos alumnos muchos de los cuales se acaban convirtiendo en verdaderos amigos (ahora soy yo el que ha entrado en momento de cursilismo supino y he empezado a entender al bueno de Tagore).

3 comentarios en “Fracasos

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