La espiral de la desesperanza

Estábamos X y yo en el departamento, cada cual corrigiendo sus exámenes, que es lo que suele tocar en estas fechas. De pronto X me preguntó cuántos años llevo dando clase… Tuve que pensarlo un momento y respondí que 14. “¡14!”, repitió con sorpresa, “pues llevas más que yo”. Y al preguntar por qué preguntaba y por qué se extrañaba, me respondió: “no sé, se te ve con tanta energía…”. Y eso, en lugar de alegrarme, me dejó algo pensativo, porque lo que subyace detrás de la sorpresa de X es que sí, efectivamente, uno empieza a ser profesor repleto de vida y energía, pero que termina por quemarse y desengañarse más pronto que tarde. Y me imagino que cuando me veía con la energía que dice que me ve, pensaría para sí: “pobre, cómo se nota que está empezando, pero ya se le pasará… como a todos”.

Y también me imagino que sí, que se me acabará pasando, que llegará el día en que entre en el departamento farfullando por la clase de la que acabo de salir, que asegure que nunca he visto alumnos semejantes, que se me haga un nudo en el estómago cada vez que tengo que ir al Instituto, que suspiraré por los fines de semana más que los alumnos, que me daré cuenta de que no merece la pena el esfuerzo, que es mejor dedicarse a sobrevivir y a cumplir lo mejor que uno pueda, pero sin excederse nunca. Y temo, como a pocas cosas, que llegue ese día, más pronto que tarde.

Sospecho que los primeros síntomas consistirán en ver sólo lo que va mal y en empezar a generalizar: es que nunca trabajan, es que es imposible darles clase, es que no tienen ningún interés, pues yo no soy su padre, pues no sé para qué me rompo la cabeza preparando actividades, es que no tienen ninguna motivación, es que A se ha pasado la clase de hoy haciendo avioncitos de papel, es que B sabe que me saca de mis casillas cuando tararea, es que C siempre llega tarde, es que D no trae el material, es que E no hace más que meterse con los demás alumnos, es que F me ha mandado de paseo, es que G… Y así podría seguir con todo el abecedario (y me faltarían letras, claro). Y a veces uno ve que entrar en la espiral de la desesperanza es de lo más sencillo, porque basta con dejarse llevar por la corriente… Menos mal que tengo mala memoria para las malas clases y mejor memoria para quedarme con los buenos momentos, con que H ha traído hoy el material, con que I me ha contado algo que le preocupaba, con que J nunca deja de hacer los ejercicios, con que K ha descubierto que hay libros que merecen la pena ser leídos, con que L ha dejado una nota fantástica a su amigo invisible, con que M sigue la explicación sin perderse palabra, con que N ha hecho las paces con Ñ, con que O… Y así, otro abecedario (y me faltarían letras, claro).

En fin, aquí dejo esto escrito, para acordarme de releerlo cuando esté de bajón y algo chamuscado y, mientras tanto, intentaré seguir entrando con la sonrisa en clase (aunque tenga que cambiarla a los cinco minutos por la cara de asesino), saludando por los pasillos y disfrutando de aprender mientras enseño… Y, por supuesto, seguiré echándome unas cuantas risas con los compañeros, que es de las mejores cosas que tiene este trabajo (y ya de paso, disfrutando de este puente, que es otra de las ventajas de ser profe).

7 comentarios en “La espiral de la desesperanza

  1. Yo, cuando oigo comentarios negativos absolutos sobre mis alumnos, me acuerdo de cuando yo era alumno. (Nosotros fuimos también inmaduros, atolondrados, ignorantes…)
    A veces parece que los profesores quisiéramos educar a niños ya educados. ¡Nos ha fastidiado! ¡Esos niños ya no necesitarían educación!

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  2. Debo decir que me parece una reflexión muy util para los que nos dedicamos a la enseñanza. El comentario de Alfonso es muy acertado. Que conste que no suelo ser de los que dice que todo esta muy bien.
    Creo que en la enseñanza, y también en la vida misma, es más importante la actitud con la que nos enfrenta a los acontecimientos que los acontecimientos en sí que vivimos.

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  3. Supongo que hay días para todo tipo de sensaciones. Hay veces que sales completamente derrotado de una clase y justo la siguiente es estupenda. Llevo la mitad de la mitad de los años que lleva Eduardo trabajando y sé que ni su vocación se va a perder ni la mía tampoco, aunque esos días amargos dejen un poso dificil de borrar.
    Estoy muy de acuerdo con Alfonso, la idea es no olvidar cuando nosotros éramos los alumnos. Entonces tendremos una visión muy completa de nuestro trabajo. Nadie dijo que fuera fácil.

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  4. Joder Eduardo, casi me emocionas. Y pensar que en el fondo de tu corazón, el sindicalista que me hacías creer que era tenía un aspecto regordete y bonachón, jajajaja. Debo reconocer (y no me hace ninguna gracia), que el alumno nota esas cosas, y que “la manía” es recíproca, asiq a profesor comprometido, en general, alumno comprometido.
    Un abrazo.

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  5. Alfonso, cuánta razón tienes…, pero a quién quieres engañar: tú nunca fuiste un inmaduro atolondrado ignorante.
    Pablo, también estoy plenamente de acuerdo contigo. Es mucho más fácil ver lo malo, pero nos hace mucho más bien ver lo bueno.
    Julio, curiosamente lo que me pasa a mí es que hay días en los que todas las clases son estupendas y otros días en que todas las clases son terribles… y eso me lleva a pensar que yo soy parte importante del problema y que esos días malos suelen coincidir con los que menos he dormido y menos me he preparado las clases.
    Pedro Bartolomé, me emociona que casi te emociones y me emociona que te sigas pasando por aquí de vez en cuando y dejando tu comentario y siendo capaz de reconocer cosas, aunque no te haga ninguna gracia (que ya sé que también es una pose: que también te encanta hacer que te cuesta reconocer esas cosas).

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  6. Y de influir en los alumnos de la manera en la que solo saben influir los profesores que dejan huella y aportan continuamente y que te hacen estudiar bebiendote todo lo que dicen. Carisma bendita carisma

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  7. Amigo Edu, yo llevo 16 años y, casi siempre, sigo con la misma ilusión. De hecho, como se ha comentado por aquí, son los niños con más dificultades los verdaderos retos y por los qu ebásicamente estamos en esto. Ellos se merecen nuestro 100%. Claro está que no siempre podemos estar así pero lo intentamos.
    Por cierto, enhorabuena por el espacio, ya era hora de que lo echase un vistazo.
    Decirte que tengo los tres últimos cuentos que te escuché más que explotados, a ver si te pillo en otra y renuevo. Gracias amigo.
    Paco

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