Primera expulsión

No sé si he dicho que este curso doy clase de Lengua en un grupo flexible. Para los no iniciados aclararé que un grupo flexible consiste en juntar dos clases y dividir a los alumnos de esas dos clases en tres grupos según sus niveles, de forma que haya un grupo más numeroso, de unos 25, con los alumnos que pueden cursar la asignatura sin problemas, un grupo con 15-18 alumnos que presenten algunos problemas para seguir el currículo y otro grupo de un máximo de 10 alumnos que tengan serias dificultades.

Como tantas otras iniciativas, ésta aguanta bastante bien sobre el papel: se agrupa a los alumnos según los conocimientos para partir de un mismo punto e ir avanzando paulatinamente y además los grupos son flexibles porque un alumno puede ir pasando de uno a otro según vayan siendo sus resultados… El problema es que parte de un supuesto que, tal como están las cosas, es falso en la mayoría de los casos: el grupo realmente numeroso es el grupo de alumnos con muchos problemas. Así que, en nuestro agrupamiento flexible hemos hecho al final tres grupos: uno con 22 alumnos regulares y alguno bueno; y otros dos con 9 y 10 alumnos que presentan serias dificultades. Además, a la hora de elaborar estos dos últimos grupos hemos procurado repartir equitativamente a los alumnos “problemáticos”.

Yo me encargo del grupo de 10, que al final no suelen ser 10 porque siempre desaparece algún absentista. Pero todo el mundo sabe que un grupo de 10 de esas características puede ser mucho más terrible que un grupo de 40 tipos majos.

Las primeras clases no han sido fáciles, pero poco a poco hemos conseguido empezar a trabajar algo y, de pronto, hay un día en el que se produce el milagro: X, habitualmente gritón, malencarado, mal sentado, protestón y algo quejica, decide, no se sabe muy bien por qué, trabajar como el mejor… y lo consigue. Al día siguiente, antes de entrar en clase le prometí que le pondría una nota en la agenda hablando de su buen comportamiento si era capaz de mantener el nivel de la clase anterior… Y lo consiguió. Por lo menos casi lo consiguió. Así que al final de la clase le pedí la agenda y escribí algo así como: “El comportamiento de X en las últimas clases de Lengua ha sido bastante bueno. Esperemos que siga así”. X, orgulloso, enseñaba la nota a sus amigos, porque probablemente era la primera nota que le ponían en la agenda que no temía llevar a casa…

Dos horas después de haberle firmado la nota, me encontré a X sentado en la puerta de Jefatura. Había insultado de forma grave a una profesora y además ha sido incapaz de pedir disculpas. Ha caído sobre él el peso de la ley y va a estar expulsado unas semanas. Espero que, por lo menos, haya pedido disculpas a la profesora, tal y como me aseguró que haría. Y espero también que, cuando vuelva, no se haya olvidado todavía de lo bien que es capaz de comportarse.

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Un comentario en “Primera expulsión

  1. Jo… Ya me imagino la cara de incomprensión de sus padres… primero un profesor le aplaude, y luego otro le expulsa…

    Esto de los grupos no sé como funcionará, pero tiene buena pinta. Mejor eso que caer en un igualitarismo sin sentido cuando hay grupo tan dispares. Que todos somos iguales, ya, pero unos somos más iguales que otros 🙂

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