15 de julio de 1944

El 15 de julio de 1944 un tal Berrendero triunfó al sprint en una etapa de la vuelta a Cantabria, pero eso poco ha afectado a mi vida. Sin embargo, ese mismo 15 de julio, en un rincón de Vallecas, nació Antonio Ares. No salió en los periódicos, pero eso sí que ha afectado a mi vida, sobre todo cuando unos años después conoció a una niña del barrio de Salamanca y consiguió enamorarla…

Y gracias a eso aquí estamos, escribiendo ternezas, sabiendo que es mucho más fácil ser agradecido por escrito que en directo, pero también que “scripta manent, verba volant”. Además con la tranquilidad de que mi padre no pierde el tiempo leyendo blogs uno puede despacharse a gusto, aunque es inevitable que mi madre, que sí que los lee, le acabe contando todo esto.

En fin que aquí va mi felicitación por el cumpleaños que, como en tantas otras ocasiones, me pilla lejos de casa, pero como esta vez son los 65 a la felicitación telefónica se quiere sumar esta otra cibernética.

Y los 65 han dado para mucho: una esposa, ocho hijos, dos yernos, cinco nueras, diecinueve nietos, cincuenta y un años y medio mes de trabajo remunerado, innumerables partidos de tenis y no digamos ya partidas de mus, siempre contadas por victorias… bueno, casi siempre… pero los números no son lo importante, lo importante son las pequeñas aventuras, el día a día, el chorro de leche de la vaca del señor Antonio, las verbenas, la bajada a la mina, el peligro de muerte en Ordesa, las vacaciones en el R8, la carrera de pedagogía sacada sin pausa y con la prisa posible (todavía recuerdo los viajes en coche en los que yo iba leyendo libros ininteligibles en voz alta mientras mi padre conducía), las continuas recomendaciones para que no dejásemos de hacer el CAP por un por si acaso, los “ánimo que cuando acabes nos tomamos un polo” las noches de estudio antes de los exámenes, los detallitos de verano, los despertares con “quien no sirva pa’ gallo que se corte los ringondrones” (acabo de descubrir que es un neologismo), la lucha con el leísmo, sus certeras profecías: “A Nadal no le doy dos años”… Y tanto, tanto más, que es absurdo tratar de poner en cuatro líneas, porque además quien no le conozca (¿le conozca o lo conozca?) pensará que me pierde la pasión de hijo, mientras que el que sí le conozca pensará que me he quedado muy corto. Así que aquí queda esto: MUCHÍSIMAS FELICIDADES y a ver si ahora que ha llegado la jubilación por fin se empiezan a escribir los libros que tienen que ser escritos, a hacer el doctorado, a montar en bici… y a ir al Ayuntamiento a protestar como buen contribuyente.

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