Making off de “Espera”

A veces a uno le gustaría colarse en la mente de un escritor para saber cómo aparecen las ideas… pero como no conozco a ningún escritor con tiempo suficiente para explicármelo (hace un par de veranos leí un libro titulado Cuando llegan las musas, pero ya sólo me acuerdo del título) y como, por otra parte, nunca nadie se va a tomar la molestia de investigar cómo se me ocurren las tonterías que a veces se me ocurren, me he puesto el traje de Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como, y estoy dispuesto a revelar al mundo cómo me vino la inspiración para escribir el microrrelato titulado “Espera”. Por si hay alguien que no sepa de qué estoy hablando, reproduzco a continuación el relato en su totalidad:

Espera

A veces el collejón de la Musa llega en el momento más inesperado. Estaba en clase de 4º de ESO, con treinta adolescentes deseosos de sumergirse en el apasionante mundo del análisis sintáctico de las oraciones subordinadas adverbiales. En el libro de texto venía como ejemplo de subordinada adverbial de tiempo: “Cuando desperté, el dinosaurio todavía estaba allí”. Y me entraron las dudas, porque en mi recuerdo, el cuento de Monterroso estaba en tercera persona y no en primera: a lo mejor lo han hecho para no tener que pagar derechos de autor. El caso es que no pude reprimir la tentación de hablar de los cuentos hiperbreves o microrrelatos. Aunque ya he hablado de microrrelatos en clase, siempre tienes la sensación de que a la mayoría de los alumnos les suena a nuevo. Insistiendo en la hiperbrevedad y recordando algún cuento de Francisco Garzón les dije que había cuentos de una sola letra. Y ante su cara de incredulidad, me vino de pronto la inspiración y con el aliento contenido me dirigí a la pizarra, escribí el título del cuento y a continuación puse los tres puntos suspensivos. Allí estaba un cuento que no tenía ni siquiera una sola letra. Los alumnos me miraron con esa cara que ponen a veces de “ay, si mis padres supieran en manos de quién me dejan” y yo, sintiéndome un pobre incomprendido, volví a encauzar la clase hacia el análisis sintáctico. Pero me faltó tiempo para llegar a casa y dejar en el blog el cuento, con todas sus posibles interpretaciones a gusto del lector (¿”espera” es sustantivo, presente de indicativo o imperfecto?, ¿quién espera a quién o a qué y por qué?, ¿se puede considerar éste uno de los cuentos de nunca acabar que en su final remiten al principio y crean un bucle infinito?, etc). Creo que fue al día siguiente, no recuerdo ya en qué momento, cuando la Musa volvió a regalarme otro microrrelato: “Desespera”. Claro, que mucho más difícil de entender para el no iniciado, es decir, para quien no esté dentro de mi cabeza. Se trataba de seguir con el juego de escribir cuentos sin palabras, pero que fuesen posibles desde el punto de vista ortográfico (por ejemplo, poner una coma, a secas, o un punto y aparte no me habría valido). Escribo a continuación el cuento de “Desespera” en su totalidad por si alguien no sabe de qué estoy hablando:

Desespera
-…

Aquí la gracia del cuento (si es que tiene alguna) radica en el juego con los prefijos y los signos ortográficos: el guión vale tanto para marcar el inicio de una conversación como para indicar la resta en matemáticas; “des” es un prefijo privativo, es decir que convierte en negativo el significado positivo de la raíz a la que se añade. Por tanto, este cuento era la resta del anterior: Bueno, lo voy a dejar porque no sé si me explico o si la Musa se me va a ofender por sacar a relucir aquí procesos tan prosaicos de creación textual, con el desprestigio que eso conlleva, y luego lo mismo se me mosquea y no vuelve a darme otro collejón en una buena temporada.

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7 comentarios en “Making off de “Espera”

  1. Hay que reconocer que así explicados tienen mucho más valor tus relatos; te pasa como a los cuadros de Barnett Newman. Pero hay una falacia implícita en tu argumentación, que consiste en no considerar el título como parte del relato. ¿Estarías dispuesto a argumentar que no lo es? En caso contrario, tus microrrelatos tienen respectivamente 6 y 9 letras.

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  2. Nónimo, tu observación es acertada… por lo menos en apariencia. Pero como no quiero bajarme del carro estoy dispuesto a argumentar que el título no forma parte del cuento, aunque evidentemente los dos forman un conjunto inseparable.
    Cuando presentas un cuento a un concurso de microrrelatos en el que se pide un número máximo de palabras no se tienen en cuenta las palabras del título. Es más, el hecho de que se diga “el título del cuento” lleva implícita la idea de que una cosa es el título y otra el cuento. Uno escribe un cuento y después, cuando lo tiene acabado, le pone el título. O cuando se hace el análisis textual de la estructura de un cuento y se separan presentación, nudo y desenlace, nunca se introduce el título como una de las partes del cuento… ¿Convencido?

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