Afán de aventuras

Hace cosa de un mes volvía de Alcalá de Henares a Madrid por la autopista a eso de la una de la madrugada. De pronto vi luces de sirenas a lo lejos y a un policía nacional haciendo indicaciones para que fuese reduciendo la velocidad.
Y como cuando uno se encuentra en un sitio inesperado con su profesor, empecé a hacer revisión de todos mis actos para saber de qué podía ser culpable: ¿Llevaba el cinturón? Sí, ¿Había bebido? No, ¿Me había pasado del límite de velocidad? No me constaba, ¿Tenía el carnet de conducir? Sí, ¿Tenía en regla los papeles del coche? Esperaba que sí… Todavía estaba haciéndome preguntas cuando tuve que acabar de frenar porque la carretera de tres carriles había sido reducida a uno y los coches pasábamos despacio y en fila ante la mirada atenta de otro policía.
El policía dio paso al coche que iba delante de mí. Me llegó el turno. “Probablemente me dé paso y aquí se acabó todo”… El policía levantó la palma de la mano y me indicó que parara del todo. En frente había otro nacional enmascarado sujetando una metralleta, seguramente convencido de que yo era un peligroso asesino. Aparentando calma, con movimientos lentos y calculados (si hago cualquier gesto sospechoso soy hombre muerto), bajé la ventanilla del copiloto porque el policía que me había detenido me esperaba por ese lado del coche. Tuve que agacharme porque las ventanillas de mi coche tienen bajalunas manúbrico.
-Buenas noches, ¿me deja su carnet de identidad, por favor?
Apenas me salió un buenas noches de respuesta. Saqué la cartera, saqué el DNI poniendo cara de niño bueno y se lo acerqué al policía. El tipo de la metralleta seguía atento cada uno de mis movimientos, anhelando cualquier ligera sospecha para liquidarme. Evalué las posibilidades de escapatoria. No había ninguna. Todo sería inútil. El policía comprobó mi carnet a la luz de una linterna… y me lo devolvió.
-Puede seguir, buenas noches.
Subí la ventanilla, guardé el carnet y pasé por delante del hombre de la metralleta con cara de ya siento yo no haber sido el malo que buscabais. Cuando me alejaba del control, empezó a despertarse el afán de aventuras y lamenté muy de veras que no hubiese habido una confusión, que no me hubieran detenido por error y me hubieran torturado para que les dijese algo que era imposible que supiese. Habría sido una historia fantástica para este blog… Pero no pasó nada, todo fue de lo más normal y rutinario y para la único que me valió es para darme cuenta de que el aventurero que habita en mí en realidad es un triste cobarde que sólo se atreve a asomar la cabeza cuando ya ha pasado el peligro.

3 comentarios en “Afán de aventuras

  1. Si pusiste la cara de bueno que yo conozco (la de: pero tú a quien crees a él o a mi), no creo que hubiera habido lugar a detención errónea, ni nada por el estilo. Lo siento! pero es que eres bueno en eso de parecer bueno (valga la redundancia) 😀
    Me encanta que estés cumpliendo tu propósito de este año escribiendo tan a menudo! Un beso!!

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  2. Mawi, ya ves, bastó con que me recordases que estaba cumpliendo mi propósito de escribir con regularidad para que me echase otra vez a perder. En fin, te pondré mi cara de bueno para que no me eches la bronca.
    Antonio, bienvenido al blog y gracias por los ánimos. Pero tú también escribe más (espero que disfrutes el Cuaderno de Escritura de esta evaluación tanto como los partidos de los martes).

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