Dos cenas de recuerdos, decenas de recuerdos

Este fin de semana ha sido intenso para la memoria. El viernes estuve de cena con mis compañeros de promoción del colegio (hace apenas diecinueve años que terminamos) y el sábado con algunos de mis más antiguos alumnos (hace apenas diez años que terminaron).
Y son cenas entrañables y, sobre todo, divertidas, salpicadas de recuerdos y carcajadas, de repaso de buenos momentos y de malos (que se han transformado en divertidos), de profesores y compañeros, cenas de echar de menos a los que no han estado y de ponerse al día con un “¿y tú a qué te dedicas?”.
El paso del tiempo ha sido más impacable con unos que con otros y se manifiesta sobre todo en la cantidad de pelos y de kilos, normalmente muchos menos de los unos y unos cuantos más de los otros. También se hace patente el paso del tiempo en el crecimiento familiar: cuando tus antiguos alumnos empiezan a tener hijos, a ti te empieza a entrar cierto complejo de abuelo.
Por otra parte, a veces te cuesta reconocer a quienes hace más tiempo que no veías. O les reconoces, pero el nombre es incapaz de venirte a la cabeza y estás media cena al acecho para ver si alguien lo dice o estrujas las neuronas de la memoria hasta que las obligas a decírtelo y te hacen descubrir que a quien has llamado J., resulta que es J. (es decir, J. de Jorge y J. de Juanjo).
La vida nos ha tratado a todos con suerte desigual: quizá la historia más dura es la de Á. que tuvo un accidente de coche hace unos siete años. Salvó la vida, pero quedó inválido, aunque ha conseguido volver a andar. Después del accidente su novia le dejó, pero en el hospital conoció a otra paciente que ahora es su mujer y Á. dice que el accidente le valió para darse cuenta de muchas cosas y para encontrar una verdadera familia.
Y acabas la cena con la idea clara de que esto hay que volver a repetirlo, aunque sabes que a muchos no los volverás a ver durante otra buena temporada… Pero también sabes que has rescatado alguna amistad que estaba a punto de morir sepultada por la distancia y la apatía y que te vas a casa con decenas de recuerdos que te dejan alma de sonrisa y carcajada.

2 comentarios en “Dos cenas de recuerdos, decenas de recuerdos

  1. Mal rollo cuando empiezas a mirar atrás y tienes que volver a mirar para cerciorarte de lo lejos que queda “hace unos años”. (te estás haciendo viejo…) Después de un par de opíparas cenas entiendo que unos cuantos kilos se hayan acumulado en tu complejo de abuelo. Por cierto, para evitar la confusión de j. y j. siempre queda el recurso de llamar tío a cada uno, a mí me funciona, colega.

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  2. Es cierto, quizá tardes mucho tiempo en volver a encontrarte con ellos, pero, como tú dices, has rescatado a tiempo amistades a punto de disolverse para siempre. Da pereza a veces organizar ese tipo de reencuentros, pero luego nadie se arrepiente de haber acudido a ellos. En cuanto a la confusión de los nombres… es comprensible, aunque resulta embarazoso estar queriendo llamar a alguien por su nombre y que no haya forma humana de recordarlo…

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