Más golpes de la vida

Hace tiempo prometí en el blog hablar de los golpes que me ha ido dando la vida (después de lo de aquella ola traicionera cuyo recuerdo todavía guardo, aunque mucho más desinflado) y ya me había olvidado del asunto hasta hoy cuando me he puesto a pensar que tendría que actualizar el blog y no se me ocurría ninguna historia de hace poco (lo de la chuleta de esta mañana quizá sea mejor dejarlo para cuando se me pase el disgusto).
Hablé del golpe que me llevé al poco de nacer porque mi hermano tumbó la cuna, pero ese golpe sólo lo recuerdo por la tradición oral de la familia, sin embargo, del primero que tengo conciencia e imágenes (también apuntaladas por la memoria colectiva) es de un golpe que me llevé cuando tenía cuatro o cinco años.
Un domingo, pongamos por caso, estaban mis padres tomando el aperitivo con unos amigos en un bar del barrio. A la puerta del bar, sentados en el escaloncillo de fuera, estábamos mi hermano mayor y yo tranquilamente, jugando a empujarnos. Los empujones fueron creciendo en intensidad y A, que ya apuntaba maneras de leñador, me dio un envite que acabó con mi occipital incrustado en la columna que dividía el bar de la tienda de al lado (columnas cuadrangulares con apariencia de mármol barato).
Como hace uno ante cualquier golpe de la vida, me levanté, me puse a llorar y entré en el bar a buscar el consuelo de mis padres. Entre lágrimas les debí de explicar lo del golpe y mi padre con unas suaves caricias en el cogote me convenció de que aquello no era nada. Y como a esa edad uno se cree todo lo que le dicen, y más si es una fuente tan autorizada, salí del bar tan contento. Pero cuando mi padre fue a tomar el vaso de cerveza, se dio cuenta de que tenía la mano empapada de sangre… Salió corriendo del bar y tengo la imagen (quizá imaginada) de que me cogió en brazos y me llevó corriendo a la casa de Socorro. Bueno, más que corriendo, probablemente fuimos en coche, pero de eso ya no me acuerdo, no sé si porque perdí el conocimiento o, más probablemente, porque mi memoria no es tan buena como me gustaría.
Me dieron cinco puntos y me pusieron un esparadrapo. Todavía, cada vez que me corto el pelo, clarea la cicatriz.
No sé, también tengo la vaga idea de que como “premio” me regalaron una baraja de cartas… de Heidi. Sí, de Heidi, ¿qué pasa? Uno tiene derecho a haber pasado una infancia con Heidi en lugar de con los Lunnies.

5 comentarios en “Más golpes de la vida

  1. Yo me pegao también buenos porrazos de niña y tengo algunas cicatrices de guerra; a mi hermana una vez le metí el dedo en el ojo y creí que se lo había metío padentro… qué susto dios!

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  2. Hola Eduardo, soy el padre de Javier Prats, alumno que tuvistes el año pasado. Me ha pasado mi hijo tu blog, y la verdad es que cada vez que leo algo de lo que publicas me lo paso genial (creo que eso es lo que pretendes). Es una suerte que Javier te haya tenido como profesor.

    Un abrazo.
    Enrique

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  3. Enrique, muchas gracias no sólo por pasarte por aquí, sino también por dejar tu comentario (porque muchos otros, como tú que estás ahora leyendo esto, se pasan por aquí, pero no dicen ni mu). De hecho me ha dado el empujón que necesitaba para escribir hoy algo nuevo después de casi diez días de abandono (de lo más parecido a la eternidad en Internet). Y sí, llevas razón, una de las principales ideas que me lleva a escribir es que todo el que pase por aquí salga con una sonrisa… aunque también con una lágrima de vez en cuando.
    Yo también me alegro de haber tenido a Javier como alumno y espero que no haya dejado de escribir, a pesar de que estuve a punto de matar su vocación literaria en un ataque de celo corrector.

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  4. Tienes razón. Te visitamos casi todos los días, y te echábamos de menos. Deberíamos mantener más conexión.
    No nos alarmes.
    Por otro lado, y perdona el “off topic”, hoy he triunfado gracias a tu lobo feroz. Les ha encantado. Gracias, y dime si te debo algo por el copy right, que después otros se ponen muy cazurros con lo de los derechos de autor y esas cosas.
    Lo dicho, felices vacaciones. Y Feliz Navidad

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