El cuento que casi destrozó mi carrera literaria

Reconozco que estos últimos días he tenido la tentación de abandonar el blog, más que nada por lo literario que sería que de repente dejase de escribir, como si se me hubiese acabado la inspiración y ya no tuviese nada que contar y acabar así convertido totalmente en mi personaje.
Pero prefiero dejar lo literario para otro momento y seguir escribiendo… La verdad es que me gustaría escribir bastante más a menudo y no sólo en el blog. De mayor quiero ser escritor de los que publican, pero para eso primero tengo que quitarme la losa de un cuento que escribí hace ya muchos años y que casi me mata de éxito.
Cuando estaba en 3º de BUP (1º de Bachillerato para los que son demasiado jóvenes) presenté un cuento al concurso literario del centro donde estudiaba: mi profesor de literatura estuvo muchísimo tiempo riéndose de mí (diría que “conmigo”, pero me parece que más bien fue “de mí”) por lo malo que era el cuento. Y no le faltaba razón.
Sin embargo, ya en COU, un día me vino la inspiración, gracias en parte precisamente al mismo profesor de literatura y escribí otro cuento. Esta vez, mi profesor, en lugar de reírse, me dio la enhorabuena y me sugirió que lo presentara a algún concurso y me facilitó los datos del Miguel Hernández, organizado cada año por el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid.
Presenté el cuento porque nada tenía que perder y resultó que casi al mismo tiempo se convocó otro concurso para jóvenes en mi barrio. Como en las bases no ponía nada de que no se pudiese presentar un cuento que ya estuviese presentado a otro concurso, aproveché y volví a enviar el que ya había escrito…
Gané los dos concursos. Pero no acabó ahí la cosa. En la revista del Colegio de Doctores y Licenciados publicaron el cuento y al poco me llamó una editorial diciéndome que les había gustado mucho y que estaban interesados en publicármelo en un libro de cuentos sobre la ciudad. No opuse mucha resistencia y al cabo de un año el libro salió a la luz con el título de Cuentos Urbanícolas, de la editorial Popular, dentro de su colección Letra Grande. En el libro aparecían también cuentos de Cela, Cortázar, Gómez de la Serna… Al final de cada cuento había una pequeña reseña sobre el autor y en mi caso, como había poco que reseñar, había una declaración de buenos deseos que releo en los momentos de bajón: “Le auguramos a Eduardo un buen viaje por el mundo mítico de las letras, si continúa con la calidad con que ha iniciado el trayecto”. Lástima de subordinada condicional.
Tampoco acabó ahí la cosa. Algún tiempo después me volvieron a publicar el cuento en un libro que se titula Educación Vial a través de la literatura. Lo más divertido es que después del cuento se proponen a los alumnos actividades.
En fin, lo que decía, que ese cuento casi me mata de éxito, porque tardé mucho en volver a escribir algo. De repente me había convertido en escritor y todo el mundo me felicitaba, me daba palmaditas en la espalda y esperaba que escribiese enseguida más y mejores cuentos. Y yo que había tocado la flauta una vez no me atrevía a soplar de nuevo, no fuese a ser que no sonase. Ganar los dos premios y publicar el cuento se había convertido en una losa: llevaba una proporción de éxitos realmente abrumadora que el siguiente cuento no iba a poder superar.
Un día, tomando unas cervezas con un amigo en Las cuevas de Sésamo, un bar cerca de la plaza Santa Ana que tiene las paredes y el techo llenos de frases, leí algo que me dio la clave. No recuerdo el autor, pero la frase decía algo así como: “un hombre inteligente se repone pronto de un fracaso, un hombre mediocre no se repone jamás de un triunfo”. Y comprendí que si no quería ser un mediocre me tendría que reponer del triunfo cuanto antes y en ello estoy desde entonces.
El cuento en cuestión se titula Eneas en autobús (gracias, Adolfo, por el título, por la inspiración y por los consejos estilísticos) y también ha aparecido en Internet: aquí.

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2 comentarios en “El cuento que casi destrozó mi carrera literaria

  1. Es que siempre es más literario que te den un premio a los 50 y decir que llevas escribiendo desde los 15. De todas formas, los escritores escriben porque tienen algo que contar, los premios si vienen, es por añadidura…, ¿no?.

    Ánimo con tu siguiente cuento, lo mejor es que sea bueno, pero no premiado, no vaya a ser q te caiga la segunda losa.

    Te dejo mi correo, q se me pasó en el post anterior: juanvg1972@yahoo.es

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  2. Pues espero que no dejes de escribir… hay que saber reponerse tanto de los fracasos como de los éxitos, y no dejar que trunquen una ilusión.
    El cuento es una pasada, por cierto, agobiante y sorprendente a la vez. Me has dado una idea para un relatillo (pero es solo una idea, no te voy a plagiar jeje).
    Saludos.

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