Quédate con el punto

Las semanas de exámenes suelen ser terribles… y no sólo para los alumnos. De pronto te encuentras con una montaña de exámenes por corregir (pongamos sesenta exámenes de una media de folio y medio cada uno: 180 caras para quien no tenga ganas de hacer números) y te das cuenta de que los alumnos tienen razón: haces los exámenes demasiado largos. Y te preguntas por qué no te pasas a los exámenes tipo test, con lo fáciles que son de corregir y con la ilusión que les hacen a los alumnos.
Y, como es lógico, entre tanto punto, tanto 0’5, tanto 0’75, tanto 0’25 y tanto folio, alguna vez te equivocas y haces mal la suma… Cuando les das el examen, los alumnos suelen acercarse de lo más respetuoso y decirte que “quizá” (para que no te sientas herido) la suma está mal y les has quitado medio punto o lo que sea. Afortunadamente, esas equivocaciones tienen fácil arreglo: pido un bolígrafo rojo y corrijo sobre la marcha.
Otras veces te vienen diciéndote que cómo es posible que les hayas puesto tan poco con todo lo que han escrito y entonces tratas de explicarles que, de momento, tienes la fea costumbre de leerte los exámenes porque te interesesa más la calidad que la cantidad, pero que no se preocupen, que el día que te canses de leerlos, ellos saldrán ganando.
Así que cuando ayer, al acabar la clase se me acercó N para decirme que quería comentarme algo del examen que les había entregado el día anterior me imaginé que se trataría de algún “racanismo” por mi parte en la valoración de una pregunta o de un error en la suma… y era, efectivamente, un error en la suma: sólo que esta vez, en contra de lo que por lo visto me suele ocurrir siempre, me había equivocado al revés y le había puesto un punto de más… No me lo tuve que pensar ni un segundo: “quédate con el punto” y le agradecí de veras su sinceridad porque imagino el mal rato que habrá pasado diciendo “se lo digo o no se lo digo, si total es sólo un punto, si además si no se lo digo no se va a enterar”… y prefirió decirlo, porque era lo justo, lo que le decía su conciencia que tenía que hacer… Y ella se quedó con su punto de regalo y yo con la alegría de comprobar una vez más todo lo que se puede aprender de los alumnos.

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