Ya está aquí el duodécimo

Se lo ha pensado. Se ve que se estaba muy a gusto allí dentro. Pero el final no le ha quedado más remedio y ha salido dispuesto a enfrentarse con el mundo: hoy ha nacido David, que hace el número doce de mi sobrinería (suerte de tener muchos hermanos).
Y, aunque ya sean doce, uno no acaba nunca de acostumbrarse a la alegría de la vida, al alborozo del primer llanto, al juego de adivinar a quién se parece, a la adjudicación de carácter y belleza: qué tranquilo que es, qué guapo, con lo feos que suelen ser todos los recién nacidos…
Mi cuñada G es la que ha acertado el día, pero ha fallado el peso y se quedará sin la paletilla de jamón que estaba en juego. En la hoja sujetada por imanes de la puerta de la nevera habíamos empezado a tachar a los que se iban equivocando: 13 de septiembre, 14… Yo me he quedado bastante lejos porque puse el 25. En fin, a finales de enero espero tener más suerte.
Claro, que el trabajo también se me va acumulando. Ya conté en otra ocasión que cuando nació el primero de mis sobrinos (hace cinco años y no cuatro como ponía entonces) tuve la feliz idea de escribir una poesía… y seguí escribiendo poesías con cada uno de los nuevos sobrinos, hasta que llegó J, que me pilló en plena oposición y con la musa de vacaciones… En algún comentario a aquella entrada alguien me pedía que pusiese aquí una de aquellas poesías para hacerse una idea de cómo se podía escribir poesías a un recién nacido, pero yo me hice ojos sordos y pasé de largo, como si no hubiese leído nada. Y es que, en un primer momento, pensé en colgar aquí alguna, pero al releerlas me parecieron, además de malas, un tanto cursis, más de leer por casa y no con extraños y no me atreví a ponerlas. De todas formas, se ve que a las madres les gustan y tendré que ponerme al día.
También intenté, desde el primer sobrino, irles inculcando a todos el amor por las lenguas clásicas y traté de hacerles aprender a cada uno una declinación latina. Pero sólo coseché fracasos y algún consul, consul, consulem de vez en cuando. Mi mayor éxito fue con G, al que enseñé el amo amas amat amamus amatis amant y, con sus dos años, se le quedó muy grabado, no sé bien por qué, lo de amatis, de forma que cuando yo empezaba con amo él seguía con amatis. Así que yo decía a toda velocidad amoamasamatamamus… y él continuaba con su amatis y quedaba la mar de Cicerón.
Con David ya se me han acabado las conjugaciones y quizá tenga que empezar con el griego…
Aquí están las once joyas la última vez que conseguimos reunirnos todos (ya quisiera la familia real tener tantos fotógrafos):

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3 comentarios en “Ya está aquí el duodécimo

  1. Enhorabuena Eduardo!

    Ahí va, doce sobrinos!!! Qué divertido! 😀 Salen super salaos en la foto, jeje, os lo tenéis que pasar pipa con tanto niño, no?

    Mi enhorabuena, otra vez! Un saludo,

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  2. Me uno a las felicitaciones. Son graciosísimos los 11, se lo van a pasar pipa cuando crezcan un poquito más. La gente no ve, no entiende, que la familia cuanto más grande más rica. Enhorabuena. ¿Y tú? ¿cuando te vas a subir al carro?
    Estas navidades os podréis tomar cada uva por cada sobrino, je.

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  3. ¡Enhorabuena Eduardo!

    Y por supuesto a tus hermanos. Y no me imagino como deben de estar los abuelos de las criaturas, mis padres no duermen y eso que sólo tienen 2 nietos.

    La única pega que veo es que son casi todos de la misma edad, así que ir acumulando paciencia para cuando tengan la edad del pavo.

    Un fuerte abrazo.

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