28 de julio: Ponte das Tabuas-Ponte da Lima

Hemos despertado a las 7.30, pero seguimos soñando: teníamos preparado un desayuno que nos puede dar energías para el resto del camino. Amândio y Domingo ya no estaban porque se habían ido a recoger patatas, Angelina se ha despedido de nosotros para llevar algo de comida a los trabajadores y después de desayunar como ya quisieran muchos reyes (zumo de naranja incluido) hemos dicho adiós a Cecilia, obrigadísimos, y hemos reemprendido el Camino deseando perdernos, dar vueltas y vueltas y acabar en el mismo sitio, junto al Ponte das Tabuas, en Aguiar, al lado de esa familia que al llamar a la puerta de su casa nos abrió la de su corazón. Les escribiremos desde Santiago, si es que llegamos.

La etapa iba a ser tranquila, porque hemos decidido modificar el plan inicial y llegar hoy a Ponte de Lima para afrontar mañana la etapa que nos han advertido que es la más dura. Sin embargo, como en el fútbol, ya no hay etapas asequibles. Es increíble lo bien y lo rápido que hacemos kilómetros sobre el papel al preparar las etapas: el final se nos ha hecho largo y cada vez estamos más convencidos de que el plano con las distancias y los pueblos es puramente orientativo: coincide el nombre de los principales pueblos, pero los kilómetros de aquí deben de ser de 1.500 metros cada uno.
Hemos llegado a Ponte de Lima junto a la ribera del río que baña la ciudad, siguiendo las flechas amarillas que van marcando, con gran exactitud, el Camino y después de recorrer cerca de un kilómetro (es decir, unos 1.500 metros) hemos preguntado por la Pousada da Xuventude, donde pensamos hospedarnos… y hemos tenido que deshacer lo andado en contra de la opinión de Machado (“la senda que nunca se ha de volver a pisar”) hasta llegar a la Pousada que habíamos dejado a la derecha del Camino. Nos han permitido dejar las cosas y darnos un baño, a pesar de no ser hora de recepción: se ve que sabemos poner muy bien carita de pena.

Tras recuperar fuerzas en una “Hamburgueria” (sic) hemos buscado el “locus amoenus” para la siesta, es decir, el lugar ameno que ha de reunir como principales condiciones la fresca hierba, la suave brisa, la dulce sombra y el arroyo de aguas cristalinas: en la ribera del Lima había un sitio que reunía bastante bien las condiciones, salvo por un par de pitidos de los camiones que pasaban por la carretera cercana y que no nos han dejado perder del todo el conocimiento.
A las 18.00 hemos vuelto a la Pousada a reservar definitivamente la habitación y nos hemos ido de excursión al pueblo. E., un tanto agobiado para encontrar una misa, al ver en un cartel que había una a las 18.30 ha puesto modo superperegrino, mientras M., que empieza a notar en algunas zonas delicadas los efectos de tantos kilómetros, ha mantenido el modo contemplativo. Después de la misa hemos entrado en una farmacia y hemos pedido al farmacéutico una crema que sirva para aliviar los escozores.
Hemos visitado rápidamente los dos o tres monumentos que tiene el lugar y hemos acabado en una cervecería con vistas al puente medieval que atraviesa el río y da nombre a la ciudad, dispuestos a continuar con este diario, pero la conversación ha ido tomando otros derroteros y nos hemos sumergido en temas más profundos: la libertad y el determinismo. Tras tomarnos “determinadas” cervezas, ya anocheciendo, hemos decidido buscar un sitio para cenar y, de una forma muy práctica, nos hemos dado cuenta de que sí que podíamos elegir y de que no estábamos determinados, sino condicionados. De hecho, hemos acabado en la misma hamburguesería que a mediodía, porque nos han tratado bien, era barata, nos pillaba de camino y, además, nos ha dado la gana.
Mientras saboreábamos la pizza (da la sensación de que cuando no estamos andando estamos comiendo y quizá sea así) seguíamos con atención los aspavientos y las argumentaciones futbolísticas de uno de los clientes, encantado de ser el centro de todas las miradas.
Ya de vuelta al albergue, M. se ha quedado un rato hablando con Andreia, la chica encargada, que le ha comentado que esa misma tarde ha llegado un matrimonio brasileño, también peregrinos: ¿será verdad que existen más peregrinos en el Camino Portugués? Hoy tampoco hemos visto a nadie. De momento nos vamos a dormir que mañana nos espera la madre de todas las etapas: Ponte da Lima-Tuy.

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