Ultreia

Mañana hace justo tres años terminé de hacer el Camino de Santiago. No era la primera vez que lo hacía. De hecho, lo había caminado ya en otras dos ocasiones, ambas por el Camino francés, desde Villafranca del Bierzo. Esta vez, el tercer viaje, seguí el Camino portugués, desde Barcelos (creo recordar que unos 200 km) con Manolo, un amigo mucho más amigo desde entonces.
De todos los caminos guardo un especial recuerdo y creo, sin lugar a dudas, que los tres son los mejores planes que he hecho nunca. Sin embargo, de los dos primeros, aunque lo intenté, no fui capaz de llevar un diario. Del último, es decir, del de hace ahora tres años, sí que conseguí escribir el diario, más que nada porque en el albergue en que pernoctamos justo la noche antes de llegar a Santiago, encontramos un folleto que anunciaba un concurso de relatos sobre el Camino de Santiago y, no sé a los demás, pero a mí siempre me ha facilitado la inspiración el que hubiese un premio por medio y una fecha límite de entrega, aunque después no fuese a ganar.
Tampoco esta vez gané (a todo esto, no sé si aquí he contado que una vez, hace ya unos cuantos años, sí que gané y que, de momento, ese triunfo demasiado tempranero ha arruinado mi carrera de escritor: si no lo he contado, ya lo contaré porque tiene su gracia). Decía que tampoco esta vez gané, pero el relato quedó entre los 20 mejores, el sexto para ser más exactos, y fue publicado por la Xunta de Galicia en un libro titulado: Concurso Literario de Relato Curto: “Camiños de vida”. No sé cuántos ejemplares se hicieron, tal vez un par para cada uno de los autores publicados y otros quince o veinte para tenerlos en algún rincón.
El caso es que se me ha ocurrido que a lo mejor podía volver a publicarlo aquí, añadiendo algunas fotos de las que hicimos en esa ocasión, para revivir la historia. Y me hubiese gustado hacerlo publicando cada entrada en su día correspondiente, pero ya se me ha pasado el 26 de julio, que es cuando empezamos, y tampoco quiero esperar al año que viene, no vaya a ser que se me olvide.
He revisado el texto que escribí en aquel entonces y aunque hay cosas y formas de decir que no me acaban de convencer, he decidido dejarlo tal cual, no por el prurito del respeto histórico a lo escrito en su momento, sino porque no me veo con fuerzas para ir rehaciendo otra vez todo lo que escribí hace tres años.
Tampoco sé si seré capaz de publicar esto día a día, porque dentro de poco me voy de vacaciones a un lugar donde quizá no exista Internet y lo mismo me quedo a medio Camino.
Si uno no lee esta entrada, a lo mejor se puede hacer a la idea de que está leyendo lo que un peregrino escribe sobre la marcha, como una crónica de peregrinaje que le llega con unos días de retraso. O si uno ha leído esta entrada también se puede imaginar que es la crónica de un peregrino que está haciendo el Camino en este mismo instante, que para eso está la literatura.
Ah, una última cosa: el título del relato era “Ultreia”, que no sé muy bien lo que significa, pero queda muy gallego y muy peregrino y era una especie de grito de ánimo entre los que se encontraban en el Camino. Lo dicho. Ultreia.

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