Me temo que me han “timao”

El martes pasado estaba en Alcalá de Henares con un amigo y justo cuando me montaba en el coche para volver a Madrid, a eso de las nueve de la noche, una chica joven nos abordó pidiendo por favor, por favor, dinero para poder comprar leche para su hermana pequeña de dos meses…
Habitualmente pongo la mejor de mis sonrisas, digo lo siento y ahí acaba la cosa. Pero insistía e insistía y al final decidimos darle algo. Pero no era suficiente: la leche valía tanto y ella nos pedía por favor por favor, tanto, que nadie le hacía caso, que ella no había comido, que… El caso es que se nos reblandecieron las entrañas, a pesar de que a veces las tenemos demasiado entrenadas para que eso no ocurra y decidí acompañar a la chica hasta la farmacia, que estaba allí al lado y comprarle efectivamente la leche. Mientras tanto, mi amigo se quedó a esperar en el coche, pues sería cosa de un momento…
La farmacia estaba cerrada: miramos cuál estaba de guardia y había una, no muy lejos, en la calle Mayor. Nos dirigimos hacia allí y en el trayecto me contó que era de Rumanía, que vivía en una habitación que le costaba 20 € al día, que no había comido, que en realidad la leche era para la hija de su hermana que en el fondo era como otra hermana para ella, que la leche tenía que ser de tal marca porque otra no le sentaba bien a la pobre niña, que le daba muchísima vergüenza estar quitándome mi tiempo, que tendría yo tanta prisa…
Llegamos a la farmacia y pedimos la leche en cuestión, pero de esa marca no tenían. El farmaceútico nos aseguró que esa leche la podríamos encontrar en el Carrefour o en algún supermercado.
Salimos de allí algo desanimados porque el Carrefour más cercano no estaba tan cercano y al final, no sé, entre las prisas, la conversación que habíamos mantenido, el haber entrado en una farmacia a pedir la leche sin éxito, el que mi amigo seguía esperando en el coche… me convencí de que aquella chica necesitaba la leche para su sobrina y le di el dinero que necesitaba seguro de que se lo gastaría en la leche dichosa (dichosa en ambos sentidos).
Volví al coche y excusé mi tardanza contando toda la peripecia: mi amigo estuvo de acuerdo conmigo en que habíamos hecho lo correcto. Sin embargo seguía teniendo una sombra de duda que acabó por disiparse cuando le conté lo sucedido a mi madre: “hijo mío, eres tonto, te han engañado de mala manera”. Y si me pongo a analizar las cosas fríamente, creo que lleva toda la razón:

  • La existencia de la niña pequeña sólo se fundaba en la palabra de la chica, además la niña había pasado de ser hermana a sobrina.
  • La primera farmacia a la que acudimos estaba cerrada, en la segunda no tenían ese tipo de leche que era, además, un tipo de leche que vendían en los supermercados: ¿por qué ponerse a pedir cerca de una farmacia, que no tiene esa leche, y no cerca del supermercado que sí la tiene?
  • La chica me recordó que probablemente yo tenía mucha prisa y no quería molestarme.

Claro que… parecía tan sincera, tan dispuesta a que fuésemos los dos hasta el supermercado, tan apesadumbrada, tan necesitada… que no sé que pensar y me gustaría imaginarme que todo fue verdad y que era cierto que necesitaba ese dinero para la leche y…
Lo peor de todo (o quizá lo mejor) es que sé que soy un ingenuo pertinaz y que sigo confiando ciegamente en el ser humano, así que me temo que en la próxima ocasión volverán a timarme, a pesar de los sabios consejos de mi madre (por cierto, hoy es su cumpleaños: ¡¡¡muchísimas felicidades, mami!!!).

8 comentarios en “Me temo que me han “timao”

  1. ¡Ojalá no pierdas nunca esa confianza ciega en el ser humano! Nos pueden timar, engañar, liar, lo que sea; pero en el momento en que te encuentras una persona pidiendo ayuda y, aunque sea cierto y pienses que es un timo, te queda la duda y le ofreces tu ayuda, en ese preciso momento, te das cuenta de que sigues estando vivo.

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  2. Estoy de acuerdo con alba. A mí también me hubiera pasado… Y creo que es mejor ser como tú y como yo, porque qué triste debe ser encontrarse solo y sin dinero y que la gente pase de ti completamente…

    Un saludo.

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  3. Como dicen Alba y palitodelasorejas, ¡qué bueno que conserves esa confianza! esa confianza no es menosque el reflejo de tu confianza en un futuro. Y tú, timado o no, conservas tu integridad, tuviste buena intención y creeme que eso es lo que vale, indistintamente de que la chica comprara leche o no…

    Un saludo.

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  4. Yo me dejo timar todos los dias. Al fin y al cabo, estamos en un mundo injusto en el que la mayor parte de la poblacion viven en la pobreza eterna sin esperanza de salir del pozo. Que derecho tenemos a tener lo que tenemos los que tenemos? Esos mecanismos de redristribucion son en el fondo necesarios. O a mi, por lo menos, me lo parecen. Enhorabuena por haber caido! Manuel

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  5. Bueno, a mí me pasó algo parecido hace poco, a medio camino entre el trabajo y la guardería de mi hijo. Una chica, rubia y muy delgada, con evidentes signos de nerviosismo, me pidió dinero para poder coger el autobus, remarcando que el hecho de pedir le daba una vergüenza tremenda. Me dijo que les habían robado el coche, y no tenían como volver a su pueblo, y que su marido y su hijo se encontraban en la comisaría de la Ertzaintza tramitando la denuncia. Me sentí tan identificada con ella (me imaginaba muriéndome del apuro pidiendo dinero en una ciudad lejos de la mía, con la oscura posibilidad de tener que pasar la noche al raso por mi absurda confianza en poder tirar de tarjeta e ir casi siempre sin metálico en la cartera) que le dí lo que llevaba suelto. No era mucho, no sé, tres o cuatro euros…
    Para cuando llegué a la puerta de la guardería, ya estaba convencida de que soy completamente imbécil y me había dejado engañar. Probablemente lo que yo había tomado por nerviosismo eran síntomas de abstinencia (el aspecto sumamente frágil de la chica ayudaba a deducirlo). Además era sumamente extraño que ni ella ni su marido llevasen suficiente dinero encima como para poder coger el autobus. Y resultaba bastante sospechoso pensar que no pidiesen ayuda en la misma comisaría en la que estaban poniendo la denuncia…
    En fin, que no tiene demasiada importancia. Al fin y al cabo, desde el momento en que veo un telediario o leo un periodico ya siento que me estan engañando….
    Felicidades a tu mami…

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  6. Estoy totalmente de acuerdo con Alba, Palitodelasorejas, Mundo BQ. Lo importante es que a pesar de que siempre nos vamos con la impresión de haber sido timados también nos vamos con la conciencia tranquila de saber que hemos obrado como personas, Además quien sabe, puede que no fuésemos timados, gracias a esa duda tampoco nos quedamos con cara de tontos.

    Recuerdo que hace pocos meses me pasó una anécdota graciosa. Resulta que estoy comiendo en casa y me llaman al móvil, era mi hermana, está algo nerviosa porque tiene una rueda pinchada y se tiene que ir a dar unas conferencias, así que queda eliminada la idea de explicarle cómo se cambia una rueda ya que va de traje y no puede avisar a una grúa porque va con mucha prisa y ya se sabe lo que tardan.

    Total que salgo corriendo desde casa a donde está. Vivo en Madrid y había que ir a uno de los pueblos de la comunidad, al cual nunca había ido. Después de unas 15 llamadas en distintos sitios logré encontrar a mi hermana. Estaba llorando como la Magdalena, y ya la intento consolar diciendo que sólo he tardado 10 minutos más de lo previsto y señalándome el coche veo que está cerrado con las llaves dentro, uff, como me cambió la cara de consuelo.

    Porque para más inri el coche de mi hermana estaba en un taller y ese era de alquiler por lo que no teníamos un juego de llaves en casa que nos pudiese traer mi padre. Como sin llaves no se puede cambiar la rueda porque estaba en el maletero y tampoco puedes hacer nada le digo que llame a una grúa y que tarde lo que sea y mientras iba yo a la gasolinera más cercana porque estaba ya sin reserva.

    Según llego a la gasolinera a los pocos segundos se me para el coche y doy gracias a Dios por llegar justo a tiempo, pero que ilusión la mía según voy al prepago me doy cuenta que con las prisas salí de casa sin la cartera, jamás me había ocurrido. Sin gasolina, sin dinero, mi hermana con el bolso dentro del coche…. Pude experimenta la vergüenza de tener que pedir dinero a la gente que llegaba, menuda cara me pusieron cuando les contaba la historia a la gente, al final con la compasión de un par de chicas pude reunir 4 euros.

    No sé si ellas se creyeron la historia pero gracias a su compasión pude salir de ese pequeño percance. Y me di cuenta de que aunque siempre que daba algo a alguien, y pensaba que me timaban, era mejor sentir eso que dejar a otro ser humano en la estocada.

    Al final cuando regresé no había podido mi hermana dar con el dichoso número del seguro del coche porque como los domingos no trabaja nadie… Así que hice lo que siempre había querido, reventar una luna con todas mis ganas. Y ya de regreso a casa y la conferencia que la de otro.

    Perdón por este rollo tan largo, no quería extenderme tanto.

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