De vuelta al hogar

El lunes de la semana pasada, aprovechando que todavía estaba de vacaciones, me acerqué a la biblioteca de mi barrio para trabajar algo sobre una edición del rétor Menandro que estoy preparando (no sólo de dar clases vive el hombre) y me llené de cierta nostalgia, como si hubiese vuelto a la casa del pueblo que nunca tuve, porque el año pasado fueron muchos los días en que hice el mismo plan del lunes.
Todavía no ha pasado un año, pero ya tengo la sensación de que todo el tiempo de estudio se pierde en la nebulosa del pasado. Una vez en la biblioteca volví a ser consciente de que soy un opositor con suerte: allí, en la misma mesa de siempre, la tercera según se entra, en la fila de la ventana, estaba X. (esta vez la X. es porque realmente desconozco su nombre) como el año pasado, como todos los días del año pasado: llegaba el primero (habitualmente yo era el segundo) y ocupaba su sitio y el de al lado extendiendo sus mamotretos de derecho, sus rotuladores de colores, su calculadora y sus folios. Se iba un poco antes que yo, pero por la tarde volvía, porque dejaba allí la mitad de las cosas, como hizo también este lunes, como me imagino que seguirá haciendo todos los días.
No sé qué oposición estudiará, pero le admiró y estoy convencido de que tiene que sacarla. Cuando entré el lunes se cruzaron un momento nuestras miradas, con fingida indiferencia, como tantas veces el año pasado. Me gustaría haber notado un “ya te vale, dónde te habías metido”, pero no, volvió a sus libros, como siempre. Lo mismo ni me recuerda.
También apareció Y., con sus tapones amarillos, su ritmo más cansino, sus retrasos, sus largos descansos… pero ya estaba allí el año pasado. A los demás no les reconocí, lo que no quita para que tuviese durante toda la mañana la sensación de haber detenido el tiempo o de haber vuelto a un purgatorio perdido. En fin, quede aquí mi admiración por los sufridos opositores, capaces de seguir a pesar de que el destino les haya sido esquivo.
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Un comentario en “De vuelta al hogar

  1. 😦 Ay, qué lástima he sentido al leer esto. Ahora soy opositora asidua a la biblioteca de mi barrio y cuando no viene alguien se le pone falta. Qué sensación la de pensar: “Qué tarde ha venido A. , menudo descanso se pega P.” Para mi forman parte de una red de “amigos” invisibles o…mudos, porque supongo que cuando no necesite volver no habré hablado nunca con ellos…

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