Alta tensión

Vino el padre, nervioso y enfurecido, “un profesor ha pegado a mi hija”, acompañado de su mujer, su hija pequeña, el bebé en el carrito y, por supuesto, Y. Como había quedado con ellos a las 14.15, hora de salida del instituto y quería evitar un enfrentamiento directo a la vista de los alumnos me retrasé unos minutos en el piso de arriba.
Cuando bajé, estaban entrando en el despacho del director a quien yo le había pedido que estuviese presente (también por la mañana le había pedido que “interrogase” a los alumnos que habían sido testigos del incidente y que corroboraron mi versión de los hechos).
Ofrecí mi mano al padre que dudó unos segundos en estrecharla, pero al final accedió sin quitar de su cara cierta mirada de desprecio. Ya dentro del despacho empezó la conversación. Primero la versión de Y., que insistía en que yo la había pegado un bofetón. Después mi versión, mucho más completa y contundente, con cierto lujo de detalles y aclaraciones, poniendo en claro lo absurdo y ridículo que habría sido por mi parte golpear de intento a tan tierna preadolescente. Incluso saqué a relucir que soy zurdo y el golpe lo había recibido la criatura en la parte izquierda de su cara: la había golpeado, claro está, pero con el antebrazo derecho en el momento de separarla… El padre se debió dar cuenta de que la cosa no tenía mucho sentido. La alumna no se atrevió a contradecir mi versión, la madre escuchaba callada y atenta, al igual que la hija de 7 años que se lo debía de estar pasando en grande con el espectáculo.
El padre cambió de argumento: lo que le molestaba no es que yo hubiese pegado a la niña, porque entendía que había obrado bien al separarlas (y a estas alturas ya debía de dar por supuesto que su hija no se llevó ningún bofetón aunque hubiera sido merecido), sino que lo único que le había molestado era que yo me hubiese reído de él por teléfono el día anterior… Y es cierto que me reí cuando hablé con él por teléfono, pero evidentemente no me reí de él, me reí de lo kafkiana y rocambolesca que se había vuelto la situación: llamo a su casa para aclarar lo que ha pasado con su hija y me encuentro con amenazas de denuncia y malas palabras. En esas situaciones, para mi desgracia, me suele entrar la risa tonta que viene a significar “cómo es posible que me esté ocurriendo esto”. Así se lo intenté hacer ver, también de forma contundente, y debí de dejarle convencido porque poco a poco se fue suavizando y, de hecho, cuando se despidió me pidió disculpas, lo cual también es muy de agradecer, aunque eso no me haya quitado la noche sin dormir que pasé (casi peor que la noche de Reyes Magos), ni la tensión agolpada en el estómago que me impidió probar las rosquillas que trajo José para celebrar su cumpleaños, ni el dolor de cabeza cuya existencia prácticamente desconocía.
Cuando se marcharon respiré aliviado, pero estuve toda la tarde medio atontado, como si me hubiesen dado una paliza.
Un amigo, al que le había contado el día anterior lo sucedido, me llamó por la tarde para preguntarme qué tal había ido todo y me dio muchos ánimos, pero, eso sí, me avisó de que me fuese acostumbrando porque ésta no sería la última vez que me iba a ver en una situación parecida: temo que tendré que darle la razón.

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14 comentarios en “Alta tensión

  1. Cómo me alegro de que todo saliera bien al final! No me extraña que estuvieras medio atontado, tanta tensión acumulada… cuando ya por fin pasa y te relajas… es tal cual, como si te hubieran dado una paliza.

    Ánimo profe!!! El otro día me dijeron una frase de San Juan de la Cruz (creo que era de él :S) que decía: “donde no haya amor, pon amor y hayarás amor”. Por lo que he leído por aquí me parece que sigues bastante la cita (me enterneció el blog de la ancianita a la que ayudaste a llevar sus bolsas), así que espero que no tengas que darle la razón a tu amigo.

    Bueno, un saludo!

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  2. Pues nada, Edu, aquí navegando en bogs y veo el tuyo… Pues qué historia… menos mal que el padre se ha ido calmado, aunque no tenía razón :S. Bueno, estoy esperando a que nos hagas una entrada de la “narración oral escénica” que hicite en Los Olmos.. cuando quieras publicas algo y me reiré.

    Taitotean, veo que eres de Los Olmos por tu comentario,…

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  3. No haberlas separado. La próxima vez deja que se saquen los ojos, así los padres irán a denunciar a los padres de la parte contraria… Lo siento, pero sólo deshumanizándote vas a conseguir sobrevivir. Hoy en día, los padres son más imbéciles todavía que su mierda de hijos.

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  4. Pues tuviste suerte. Normalmente los padres tratan de tener razón a pesar de las evidencias.
    Mucho cuidado con los padres, no educan a sus hijos ni tampoco tienen educación…

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  5. ¡No te confíes!. Seguro que todavía te falta un documento por rellenar, un papel por firmar, un expediente por tramitar, una llamada por justificar, una visita del inspector o una denuncia ante delegación. ¡Suerte y bienvenido!

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  6. Cristina, eso no hubiera funcionado, así lo que habría conseguido es que le denunciasen dos familias por negligencia, por haber visto lo sucedido y no haber hecho nada por evitarlo. Era, por decirlo de alguna forma “o quedarse en la sartén, o saltar al fuego” como bien hizo, saltó, y por suerte no se ha quemado. Hoy en día los profesores lo tienen muy dificil, trabajo en un centro escolar y me doy cuenta hoy mas que nunca.

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  7. Ahora la cosa está así…El profesor es el enemigo y los niños que son más listos que los pajaricos coloraos les cuesta un nanosegundo coscarse del tema.

    Mucho ánimo en el siempre difícil trabajo de educar no sólo a los peques sino tambieén a sus padres.

    Saludos!

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  8. Evidentemente te encontraste con unos padres con sentido común. De toda la situación, lo más grave es que la niña mintiese a los padres. A partir de ahí, que los padres se pusiesen nerviosos y te amenazasen con denunciarte me parece, hasta cierto punto, lógico (aunque, sin duda antes deberían haber preguntado). El que, a pesar del cabreo que debían llevar, te diese la mano creo que ya indica un cierto sentido común. Que acabase disculpándose lo corrobora.

    Y lo de la risa floja… Háztelo mirar porqué fácilmente puede interpretarse como un gesto de desprecio que seguro que molesta. Y en este caso, por teléfono poco podía hacer el padre (y estoy seguro que “presencialmente” como mucho te hubiese dado un par de gritos), pero con según que padre te puedes llevar un buen puñetazo :(:(:(

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  9. Muchas gracias a todos por vuestros consejos, vuestra soledad y vuestros ánimos. De todas formas, es con el comentario de Carlos con el que más me identifico: crees que tienes toda la razón del mundo y que, a pesar de todo, los padres eran bastante sensatos y supieron rectificar. Lo de la risa floja es ciertamente un problema.
    Cristina, tampoco te pongas así que no todos los padres son tan cenutrios como piensas, aunque me imagino que tus motivos tendrás. Al final, uno suele hablar de los malos ratos, pero porque los malos ratos, por lo menos hasta ahora, son lo excepcional: he tenido entrevistas con todos los padres de mi tutotía, con algunos varias veces, y han sido siempre conversaciones interesantes y cordiales: están preocupados por sus hijos, preadolescentes en ebullición, y se fían bastante de lo que les digas.

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