La primavera la sangre altera

Entramos en la primavera y eso ya se empieza a notar. Ayer en el Instituto a las 10.00 me he encontrado a dos alumnas de mi tutoría
en el Aula de Estudio, muertas de la risa: las he sacado, una a una, para que
me explicasen lo ocurrido (que si W. me daba con la zapatilla y yo se la he
quitado y no he hecho nada, pero nos han expulsado) y he procurado matarlas la
risa. Pero eso sólo era un aviso de lo que se avecinaba.

Después del recreo he tenido la clase de Refuerzo de Lengua, en la que se
juntan alumnos de tres grupos distintos de 1º de ESO y la relación entre ellos
no siempre es buena.

A X. le ha dado por que no le tocaba trabajar y no se ha mostrado muy
dispuesta a hacerlo. Y., consideraba intolerable el parloteo de X. con Z. y ha
empezado a gritar y a insultar con unos insultos tan graves que salidos de tan
tierna boca sonaban a elefante en cacharrería (y elefante maleducado:
“puta de mierda” sin ir más lejos). X. no respondía, pero no paraba.
Y. ha decidido irse por su cuenta y riesgo al Aula de Estudio, de allí la han
devuelto a clase para que le diese un papel que justificase su presencia. Me ha
parecido que era lo mejor que acabase la hora en el Aula de Estudio y mientras
le firmaba el papel que la permitiese quedarse allí, se ha acercado retadora y
amenazante a X. que esta vez ha estallado y se ha lanzado sobre ella.

Quizá tenía que haberme quedado cruzado de brazos esperando que se arrancasen
mechones de pelo o se diesen bocados, pero una estúpida reacción instintiva me
ha hecho acercarme y separarlas. En el inelvitable forcejeo mi antebrazo ha
golpeado en el rostro de Y. y para qué queremos más: que si la he pegado, que
si me va a denunciar, que si…

A la siguiente hora de clase, I., con el que hasta ahora me he llevado muy
bien, ha tenido una mala contestación y una salida de tono por no darle permiso
para hacer algo que podía hacer perfectamente cincuenta minutos más tarde.

La tensión acumulada la ha acabado pagando mi tutoría, con quien tenía clase ha
última hora: mosca que se movía, mosca que desintegraba con mirada
ametralladora y ay de aquel que no había hecho los ejercicios previstos para
hoy.

Después de las clases he llamado a los padres de Y. para explicarles lo que ha
pasado, pero he llegado demasiado tarde: Y. ya había llegado a casa, llorando,
y había dado su versión de los hechos: las he separado y luego la he pegado un tortazo,
intencionadamente por supuesto. Los padres estaban indignadísimos y es lógico y
quieren denunciarme y lo entiendo: quién soy yo para pegar a su hija… En
vista de que no era el momento para razonar (no sé a cuento de qué el padre me
ha soltado que es marroquí, como si eso tuviese algo que ver con todo lo
demás), he quedado para hoy con ellos al acabar las clases y espero que los
ánimos estén más calmados, por lo menos lo suficiente como para entender que mi
deporte favorito no es maltratar alumnos. Ya os contaré después.

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2 comentarios en “La primavera la sangre altera

  1. Buenooo… Cómo ha empezado la primavera! puff, menudo marrón!! muchísima suerte con los padres. Espero que se quede en un mal entendido y ya está.

    Un abrazo!

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  2. ¿Con quien tenía clase ha última hora? Medio punto menos, profe.
    El mundo está loco. Por si los padres no te dicen lo que supongo que deberían decir te lo digo yo: “muchas gracias Eduardo por intentar separar a nuestra hija y preocuparse por ella, disculpe las molestias, ya hemos hablado a solas con ella de su comportamiento y parece que ha reaccionado…”

    Me gusta

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